Y es que el ideólogo presidencial Agustín Laje nos contó su “historia completa” como si nos estuviera revelando una verdad que nunca había sido contada, pero lo único que ha hecho es repetir la misma “historia completa” que por lo menos desde 1976 y hasta 1983 amplificaron las Fuerzas Armadas que usurparon el poder político y los serviles que le hicieron el juego.
Esta “historia completa” nunca fue silenciada. No es una historia “víctima” del kirchnerismo o del comunismo. Es la triunfante versión de la historia difundida por los peores asesinos de la Argentina que a sangre y fuego inculcaron a generaciones de argentinos que había una “guerra”. Y que sigue triunfando en cada like al Laje que lo repite en sus videos, para regocijo de aquellos asesinos.
Porque eran asesinos, a pesar de que se hacían rociar con abundante agua bendita.
Pero a esta “historia completa” no le pueden faltar tantas verdades. La primera y fundamental es que esa banda no sólo declaró que había una guerra. También decidió que para ganarla debía dejar sin derechos a todos los habitantes del país , no sólo a los que llamaba sus enemigos.
Sin derecho a expresarse, sin derecho a reunirse, sin derecho a la vida, sin derecho a reclamar, sin derecho a la integridad física, sin derecho a un juicio, sin derecho a la libertad. Aquel 24 de marzo de 1976, los argentinos nos convertimos en derechos y humanos, pero nos quedamos sin derechos.
Y si no nos torturaban, si podíamos circular y no nos hacían desaparecer, si no nos mataban, era sólo por el favor y la merced de esos criminales que había asaltado el poder.
“Civilización cristiana” llamaban a este país en el que sólo tenian derechos asegurados los que portaban y usaban a discreción las armas del Estado. Sobre todo, el derecho fundamental de quitarle la vida a cualquiera de sus habitantes, sin dar cuenta de nada.
Porque esa es la historia completa, si Laje o sus repetidores tuvieran el coraje decirla completa: la que dice que, como estábamos en guerra, ellos tenían el derecho de apropiarse de un bebé recién nacido de una madre a la que acababan de torturar y que luego asesinaban.
De una vez habrá que dejar de decir que son “negacionistas”. Porque ya no niegan que hubo aberrantes violaciones a los derechos humanos, ahora afirman-cada vez más explícitamente- que nunca hubo derechos. Y que debido a la “guerra” eran necesarias las torturas, las violaciones, los robos de niños, y la desaparición de mi vecino Enrique a sus 20 años. Como fue necesaria, por supuesto, la granada de gas directo a la cabeza de Pablo Grillo lanzada por los enunciadores de la historia completa.
Y afirman, en el colmo de la inhumanidad, que la guerra también justificaba que hicieran desaparecer a las madres que buscaban sus hijos, y a los periodistas que escribían esa historia.
En Salta, por caso, la historia completa decía por aquellos tiempos que en medio de la guerra se había producido un enfrentamiento en Palomitas dejando como saldo 11 “subversivos” muertos y ningún militar herido. Esa, la de los fusilamientos de indefensos, era la guerra que hacían los valientes guerreros de Laje.
Esta historia completa dijo también mucho tiempo antes que Laje que al periodista Luciano Jaime se le había explotado la bomba casera que portaba. Su acto de «guerra», sin embargo, había sido cuestionar la “historia completa” de otro crimen, el de Eduardo Fronda torturado previamente en la policía provincial.
Van a decirme a mí que quienes difunden esa historia completa “respetan a las víctimas”.
No señores, a las víctimas no se las respeta, simplemente porque ya no están. De aquellas miles y miles de víctimas se guarda memoria, se cuenta la verdad, se clama justicia.
Sólo comprensible por una insondable perversidad, el mismo gobierno de la historia completa salió a empapelar el 25 de marzo las calles porteñas con afiches en defensa de la vida por nacer. Y es que son perversos, pero también coherentes. La Argentina que sueñan es una Argentina donde sólo se le reconocerá derecho a la vida no nacida. Porque una vez nacida, la vida perderá todo derecho: será nada más que vida desnuda.
Es así porque que, no bien nacida, la vida se encuentra en una guerra apocalíptica donde, ya sabemos, la verdad y el derecho son las primeras víctimas.
Si los liberales de verdad enseñaban que toda persona tiene derechos inalienables desde que nacen, estos libertarios proclaman que nadie los tiene desde el inicio, o mejor, sólo los tendrán cuando lleguen a ser propietarios. Cuanto más grande su propiedad, mayor derecho.
Estará ahí la explicación de la tan libertaria tendencia a satanizar al simple ladrón al mismo tiempo que pretende llevar a la apoteosis a algunos asesinos.
Si alguien cree que estoy exagerando, que se tome el tiempo de leer “La batalla cultural” de Agustín Laje, cuyo título lo dice todo. Allí, este tan tierno defensor de la vida no nacida y no tan tierno apologeta de la historia completa, sostiene que la humanidad no puede salir del estado natural de guerra. Aunque usa la palabra “batalla” porque los ladinos evitan expresar su pensamiento de frente.
En esta batalla, lo dice muy clarito, él se ha tomado la tarea de demoler la pretensión fantasiosa de los habitantes de este país de valerse de su propio entendimiento, y la estupidez de pensar de que gozan de algunos derechos inalienables: dos pretensiones, dice, muy propias de una cultura moderna contra la cual él y sus socios libertarios se encuentran en guerra.
La victoria que persigue este fabulador y sus socios libertarios es “la dominación” de la cultura. Es decir, que los argentinos, de una vez y para siempre, acepten el advenimiento de los cielos libertarios de las criptomonedas y de la auto explotación digital y del sálvese quien pueda y se olviden de aquellos tiempos en que se hablaba de derechos y de solidaridad.
Para eso, en esta guerra de guerrillas que dice que lleva adelante, un día cambiarán el nombre del centro cultural CCK que nunca hubieran construido, otro derribarán la estatua del Osvaldo Bayer y precisamente un 24 de marzo instituido para hacer memoria de los desaparecidos publicarán un video para enseñar que los bebés robados de las mujeres asesinadas en el centro clandestinos fueron solo víctimas necesarias de una guerra. Lo que se dice daños colaterales.
Y parece que sueña con el día en que pueda levantarle un monumento al Videla que ganó la guerra de las armas, con unos pocos excesos, pero que después perdió una batalla cultural de manos de estos comunistas, garantistas, que todavía osan hablar de derechos.
Su principal arma para lograr este fenomenal regreso a tiempos primitivos, es paradójicamente el celular, con el cual por lo visto no sólo se practican estafas con cripto monedas. También se obsequian atractivos caballos de Troya que esconden en su vientre a quienes pueden tomar por asalto a la ciudad y dejarla sin derechos.
Pero si los troyanos pagaron caro no haberle creído a Casandra que les había advertido que el regalo del caballo era sólo un engaño de los griegos para tomar la ciudad, muchos argentinos y argentinas seguimos creyendo en las verdades que dijeron, a despecho de los asesinos, las madres despojadas de sus hijos.
Las mismas y preciadas verdades nacidas del dolor y del coraje que dejaron, y que seguirán dejando, al descubierto el ruin engaño de la historia completa. Por Andrés Gauffin (https://ensayos.com.ar/)
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