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Pandemia.Burnout: el síndrome que afecta cada vez más a los trabajadores de la salud

En medio de la segunda ola por COVID-19, junto con los ritmos acelerados de nuestra sociedad, ha causado que para muchas personas, el estrés sea un elemento más en la vida cotidiana.

22 de junio

El término “Burnout” fue acuñado en 1974 por Herbert Freudenberger, haciendo alusión a “estar quemado” en el ámbito laboral. Desde el año 2000 que la OMS lo clasifica como una enfermedad caracterizada por: la alienación de las actividades relacionadas con el trabajo, síntomas físicos y agotamiento emocional. Se manifiesta a través del agotamiento y distanciamiento emocional, la despersonalización, percepción distorsionada de la propia labor y de uno mismo, pérdida de habilidades para la comunicación, cambios en el estado ánimo, sensibilidad a la crítica, dificultad para concentrarse y pérdida de la creatividad, desmotivación y falta de energía, agotamiento crónico, insomnio, depresión, dolor y rigidez musculares, dolor de cabeza y mareos, problemas gastrointestinales y cardiovasculares, alteraciones de la piel, trastornos alimenticios (adelgazamiento u obesidad) y alteraciones del deseo sexual son algunos de los síntomas más comunes.

Afecta tanto a la salud física y mental, como obviamente a diferentes áreas de nuestro desempeño laboral e interpersonal. Perjudica principalmente por el rol que cumplimos en esta situación, a los trabajadores de la salud, los “esenciales” de la primera línea, debido a la sobrecarga de trabajo, la falta de descanso y los bajos salarios, lejos del estado de “relajamiento” denominado por el presidente Alberto Fernández.

Los datos de la realidad en este sentido son preocupantes: Argentina se ubica 2° en el ranking de países con más contagios por COVID-19 en América Latina y el Caribe, tan sólo después de Brasil. Ante la falta de medidas sanitarias y sociales de fondo, miles de trabajadores circulan hacia sus lugares de trabajo que se convierten en altos focos de contagio, los ritmos de vacunación son lentos, por ende la demanda de atención vuelve a caer en los esenciales de la primera línea.
Una investigación realizada por el Equipo de Investigación GPS Salud (Grupo de evaluación y seguimiento del Personal de Salud), formado por científicos del CONICET y de universidades públicas y privadas de Argentina, advierte que la salud mental del personal de salud está en peligro.

Realizaron un cuestionario a nivel nacional a 1500 trabajadores de la salud (médicos, enfermeros, bioquímicos, entre otros) del ámbito público como privado, incluyendo personas que trabajan en las distintas áreas (sala de guardia, internación general, UTI e internación intermedia), comparando su percepción de su situación previo a la pandemia.

Las principales conclusiones son las siguientes:

• La preocupación por la posibilidad de contagiar a sus seres queridos aumentó del 83% al 90%.

• La preocupación ante la posibilidad de contagiarse ellos mismos cambia del 65% al 71%.

• El 63% considera no contar con equipamiento adecuado y esto se mantiene en el tiempo, aunque en el último período desciende levemente al 60%.

• La percepción de que el clima laboral empeoró aumenta significativamente del 68% al 79%.

• La percepción de que el cansancio interfiere en su trabajo aumentó del 67% en el primer período al 79% en el tercero.

• En cuanto a contar con un equipo de contención y apoyo psicológico, sólo el 32% de ellos dicen tenerlo.

• El 78% cree que contar con un grupo de contención y apoyo psicológico lo ayudaría con sus problemas y temores, que probablemente no encuentra en los grupos de contención psicológica que se le ofrecen.

• Los indicadores de depresión, ansiedad e intolerancia a la incertidumbre han aumentado a lo largo de todos los períodos, al tiempo que la ayuda psicológica efectiva permanece en niveles muy bajos.

• En términos de porcentaje, los indicadores de depresión, como la irritabilidad pasa del 34 al 54% y los trastornos en el sueño pasan del 43% al 67%. En cuanto a indicadores de ansiedad, pasan del 53 al 73%.

• Finalmente, las mujeres obtuvieron en general, valores significativamente mayores que los varones en todos los indicadores de depresión, ansiedad e intolerancia a la incertidumbre.

Como se puede observar a los porcentajes previamente ya altos de los diferentes valores, se ve un notable y lógico aumento de los mismos. Es que históricamente el sector salud tuvo que afrontar recortes presupuestarios, con la consiguiente falta de insumos, falta de personal, sobrecarga laboral y todo lo descrito con anterioridad en esta nota.

A esto se suma que en 2020 la Argentina se ubicó como uno de los países con menor gasto fiscal para atender las consecuencias del COVID-19 en la región. Queda a las claras cuáles son las prioridades del gobierno, inclusive en el segundo año de pandemia. Tiempo para “prepararse” hubo, las decisiones no fueron pensadas para fortalecer el sistema de salud.

De acuerdo a los datos del Ministerio de Economía en lo que va de 2021 se invirtió en Salud unos $87.574 millones, mientras se destinaron $ 116.584 millones del Presupuesto Nacional al pago de intereses de deuda pública. Luego de negar la continuidad de la pandemia, Guzmán extendió una partida a salud, pero mucho menor si lo comparamos con los pagos de deuda este año. Por cada peso que se gastó en salud, se pagó $1,3 a los acreedores de deuda.

Con el correr del tiempo y la falta de medidas de fondo de parte de los gobiernos, la situación se agudiza. Los trabajadores de la salud vuelven a cargar con la atención en la primera línea. En este sentido, los “elefantes” de Neuquén se volvieron un ejemplo frente al gobernador de la provincia y el acuerdo de ATE a sus espaldas, donde con paros, cortes de ruta y la solidaridad de la comunidad hospitalaria, lograron torcer el rumbo que pretendían imponerles y lograron mejores condiciones laborales. La clínica San Andrés, también es un ejemplo de resistencia, donde sus trabajadores se ponen de pie para que no cierren sus puertas y poder atender a miles afiliados de PAMI.

La realidad demuestra que es necesaria la contratación de personal de salud, con salarios acordes a las tareas que se llevan adelante y así poner fin a la terminar con la precarización en salud. Ya lo plantearon médicos sin fronteras, amnistía internacional y otras asociaciones de carácter internacional: la liberación de las patentes de las vacunas es un medida imperiosa para priorizar la salud de la población por sobre las ganancias de la industria farmacéutica.

Tenemos que mirar alrededor la realidad de los trabajadores que viven en condiciones de precarización, cansancio y cada vez en mayor miseria. En ese sentido los trabajadores que están luchando viene de un segundo encuentro para organizarse contra los despidos, por pase a convenio, por salario y confluir con ellos como parte de la primera línea en esta pandemia, es buscar la fuerza para también ser parte de una coordinación que empiece a romper con la división que nos imponen las direcciones sindicales y que hacen que nuestros reclamos pierdan fuerza por estar divididos.

Organizarnos y buscar una salida para nuestros reclamos inmediatos es urgente, pero también en un sistema en crisis, que hace agua por todos lados, tener la perspectiva de pelear por salvar vidas y poner nuestro conocimiento al servicio de cambiar este sistema. (LID) Por Cristal Chechelgis

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