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Menemismo, peronismo y progresismo: política de la derrota

Destaquemos dos artículos por sobre el resto. Por un lado, la nota de Fernando Rosso, donde explica la victoria ideológica del menemismo colonizando el anti-menemismo. Por otro, la reflexión de Christian Castillo donde señala el operativo alrededor de la muerte de Menem y la actualidad de su balance.

17 de febrero

Democracia de la derrota

El menemismo consumó la transformación del peronismo de movimiento nacionalista burgués, en agente abierto del imperialismo. En ese sentido es continuador del peronismo isabeliano. En 1975, Isabel y la derecha peronista intentan derrotar al movimiento obrero en medio de un estallido de la economía argentina mediante la aplicación del Plan Rodrigo. Dicho intento va a ser derrotado por la huelga general y la movilización de los trabajadores durante las jornadas revolucionarias de junio y julio de 1975. Allí surgirán las coordinadoras interfabriles como expresión de la auto-organización fabril.
El golpe genocida va a llevar adelante la tarea de derrotar al movimiento obrero en la que el Gobierno peronista había fracasado. La dictadura va a fracasar y luego de la derrota nacional en Malvinas va a dar lugar a una democracia condicionada por la derrota del proletariado, por un lado, y de la Nación oprimida, a manos del imperialismo. Tal como acuñó el historiador Alejandro Horowics: “En realidad 1983 no fue el restablecimiento de la democracia, sino que fue el establecimiento de la democracia de la derrota. Esto es, que votaras lo que votaras, los mismos hacían lo mismo”. La UCR alfonsinista y el PJ renovado, serán la representación civil de un diktac político de subordinación a los intereses de los grandes grupos económicos y del imperialismo, cuyo denominador común es de no sacar los pies del plato del régimen impuesto por el FMI.

El león herbívoro de Anillaco

La victoria de Menem sobre Antonio Cafiero en la interna peronista de 1988, fue celebrada por sectores de la izquierda. Muchos veían en la alianza entre un caudillo del interior que imitaba a Facundo Quiroga y la burocracia sindical enfrentada a la renovación peronista, la promesa de un peronismo nacionalista, sobre un peronismo de saco y corbata socialdemocratizado. Tanto es así que logró concitar el apoyo de los restos de la conducción montonera y del Partido Comunista Revolucionario. Estos últimos, que hoy integran las filas del FdT lo caracterizaban como “representante de un sector de la burguesía nacional. Para nosotros, la burguesía nacional de un país oprimido por el imperialismo, como es la Argentina, es aquel sector de esa clase social cuyos intereses la hacen oponerse, con una u otra forma, y en mayor o menor medida, al imperialismo”.

Pero la capitulación de la izquierda al menemismo, en nombre del nacionalismo, quizás tenga su máxima expresión en el ingreso al PJ de la corriente de Jorge Abelardo Ramos, hoy reivindicada por el kirchnerismo, quien sostenía: “Para entender la proeza de Menem en el Gobierno es necesario recordar a los que no vivieron la época, o han perdido la memoria, o no tienen el vicio de leer, lo siguiente: cuando Perón participa en la junta militar del cuatro de junio, la Argentina estaba saliendo rica de una guerra en la que no había participado (…) El optimismo nacional y los recursos nunca habían rayado tan alto. La contrarrevolución de 1955 destruyó ese optimismo y ese impulso a lo largo de cuarenta años. Menem se enfrentó al mundo ya no como acreedor sino como deudor. Las empresas estatales estaban arruinadas. Nadie pagaba impuestos. Los empleados públicos y los jubilados cobraban con papeles devaluados, impresos en rotativas. La inflación esquizofrénica destruía todo. Menem, asistido por un técnico de competencia excepcional, el doctor Cavallo, enfrentó la situación con entereza y suprimió la especulación financiera, estabilizo el valor del peso, cobró impuestos y creó recursos genuinos. Firmó el tratado del MERCOSUR (el acontecimiento más grande desde las guerras de San Martín y Bolívar con España, en ruta hacia la Confederación de Repúblicas del Sur) y levantó un monumento a la gesta de Malvinas (…) Por eso y para que triunfe Menem, hemos resuelto dejar de ser aliados del peronismo e incorporarnos al gran ejército civil del 45, a fin de contribuir como simples soldados a la batalla decisiva que garantice el triunfo del presidente de la Nación”.

Sin embargo, el MERCOSUR se constituyó en un mercado para el usufructo de los monopolios imperialistas y no un camino hacia la unidad latinoamericana. Ramos intenta explicar la decisión política del menemismo como una respuesta al contexto local así como otros lo justifican por la situación internacional, caída del Muro de Berlín y avanzada reaganista-tatcheriana en EEUU y Europa. Pero, dichas afirmaciones son insustanciales desligadas del hecho de que el peronismo comandado por los herederos de Isabel y López Rega, responsable de la derrota de los trabajadores frente a los genocidas, se pasaron, casi sin fisuras, al campo abierto de una política pro-imperialista. La apelación a las relaciones de fuerza, excusa por excelencia del progresismo K para capitular frente a la derecha, tiene este antecedente.

En conclusión, enterrada toda veleidad nacionalista burguesa, la política neoliberal de Menem y el peronismo apeló al programa inconcluso del Rodrigazo y a los exfuncionarios de la dictadura como Domingo Cavallo para llevar adelante su política antiobrera y entreguista.

La mano sangrienta de los fusiladores

El abrazo con el criminal Isaac Rojas y la alianza con la UCeDe comandada por Álvaro Alsogaray, fueron el símbolo más escandaloso de la reinvención del peronismo como agente de la política neoliberal. Rojas no solo fue quien sostuvo hasta el final la decisión de las fuerzas golpistas en 1955, sino que fue quien ordenó, junto a Aramburu, los fusilamientos del general Juan José Valle y los militantes peronistas acribillados en los basurales de José León Suarez. Alsogaray fue quien pregonó la privatización y la destrucción de los derechos laborales como credo del liberalismo. Al comprender que el peronismo era el instrumento de su política desembarcó en sus filas para aportar sus cuadros políticos al menemismo. Amado Bodou, ex vicepresidente de CFK y Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados y del FdT, fueron parte del entrismo orgánico de la derecha liberal en el peronismo.

Lo que se presentó como símbolo de la unidad nacional, fue en realidad la consumación cultural de la rendición histórica del peronismo frente al programa de la Revolución Fusiladora. Fue también la representación de un Pacto de Impunidad para con los criminales y los genocidas.

Menem y la lucha de clases

Menem no se impuso con el aval pasivo de la “sociedad”, tal como se auto-excusa cierto pensamiento progresista. Lo hizo derrotando, con la colaboración de la burocracia sindical, a la clase trabajadora. Su "ramal que para, ramal que cierra" fue una declaración de guerra a los trabajadores que se opusieron a principios de los ’90 a las privatizaciones de los servicios públicos. Decenas de miles de estatales, ferroviarios, telefónicos, obreros, salieron a las calles a enfrentar el plan de desguace del Estado del menemismo, exigieron a viva voz en Plaza de Mayo al entonces líder de la CGT, Saúl Ubaldini, la convocatoria a un paro general que fue prometida para el "momento oportuno" que nunca se llegó. Acompañaban al jefe cegetista en el palco, Víctor De Genaro y muchos de los que hoy integran las filas de ambas CTA.

Mientras los políticos patronales juraban lealtad a las conquistas del neoliberalismo los trabajadores protagonizaron una gran resistencia. En el año 1993 un levantamiento social de los estatales de Santiago del Estero incendia la gobernación. Poco después, en Jujuy, sucede lo mismo cuando estatales y municipales ocupan la Gobernación. Frente a la irrupción de la rebelión popular, el Frente Grande, integrado entonces por el fallecido Pino Solanas, Carlos Chacho Álvarez y el Partido Comunista, hace su inauguración como fuerza parlamentaria votando la intervención federal de Santiago del Estero y el envío de Gendarmería para reprimir a los trabajadores. La CTA y el Frente Grande formaban un bloque político común contra el menemismo. Todos los recién mencionados integran hoy la coalición que compone el Frente de Todos.

En 1995 se produce el asesinato del obrero metalúrgico Víctor Choque en el marco de las huelgas de la UOM en Tierra del Fuego y reprimidas conjuntamente por la gendarmería y la policía provincial. El mismo año se producen las grandes movilizaciones universitarias que llevan adelante un histórico bloqueo del Congreso Nacional para impedir la votación de la Ley de Educación Superior. En 1997 es el primer levantamiento piquetero protagonizado por los desocupados de la UOCRA y de petroleros en las ciudades neuquinas de Cutral Co y Plaza Huincul, donde es asesinada por la policía Teresa Rodríguez. Mientras tanto, el FrePaSo y la UCR conforman la Alianza, que cuenta con el apoyo político de la CTA, desviando el proceso social al apoyo a una coalición electoral que prometía ser garante de la convertibilidad y las reformas estructurales del menemismo.

En conclusión, el menemismo avanzó en su programa porque contó con la colaboración de la burocracia sindical y porque la oposición progresista hizo propia su agenda. La centroizquierda en lugar de apostar a desarrollar la lucha de clases, fue parte del operativo de intentar superar al menemismo disputando ser la versión prolija del cavallismo económico y reconstruyendo el bipartidismo.

El balance histórico del peronismo y las capitulaciones del progresismo lo muestran como una fuerza incapaz de enfrentar al capital y al imperialismo. (LID) Por Facundo Aguirre

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