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Lesa humanidad.Masacre de Napalpí: "Antes de ir a dormir, mi abuela nos contaba lo que pasó, hasta llorar"

La cuarta jornada del juicio por la “Masacre de Napalpí” se trasladó a 127,5 km de Resistencia, en la localidad de Machagai, a 10 minutos del lugar físico donde el estado nacional cometió el mencionado crimen de lesa humanidad en el año 1924. Pudieron escucharse conmovedores testimonios.

4 de mayo

Los testimonios de abuelos sobrevivientes en voces de sus descendientes, Matilda y Salustiano Romualdo, Sabino Irigoyen (hijo de Melitona Enrique), Cristina Gómez, Lucia Pereira, Cristian Enríquez y Guillermo Ortega, fueron escuchados en la jornada de hoy, junto a la de investigadores indígenas, qom y moqoit, Raúl Fernández, Raquel Esquivel, Gustavo Gómez, Viviana Notagay, Juan Carlos Martínez y Florencio Ruiz, quienes participaron de la reconstrucción histórica a partir de la tradición oral de aquellos sobrevivientes y testigos que aportaron a la memoria de aquel hecho.

En el inicio, como en anteriores jornadas, la jueza federal Zunilda Niremperger volvió a recalcar el motivo de este juicio enmarcado en una “declaración judicial de lo que haya acontecido como forma de reivindicar la memoria histórica y a las comunidades indígenas”. También hizo mención al tiempo para cumplir con los testimonios, que fueron dados en ese lugar para estar cerca del lugar donde se produjo la matanza.

Entre los testimonios escuchamos a Sabino Irigoyen. Hijo de Melitona Enrique, sobreviviente fallecida a los 107 años de edad, en el año 2008. La declaración fue realizada en lengua qom como forma de reivindicar la cultura que la nación argentina quiso aniquilar.

Relató lo que su abuela les contaba, en la noche, hasta llorar. Como la gente no podía salir del lugar, ni buscar otros trabajos, la paga era con mercaderías o vales sin valor. El trabajo de las mujeres, sin ninguna paga, más que recibir las sobras que servían a los hombres. También recuerda que su abuela les decía que no cuenten a nadie lo que ella les decía para continuar sobreviviendo.

Momentos antes, Matilda Romualdo, de 90 años, nieta de Lorenza Molina, dio su testimonio en base a lo que le contaba su abuela, sobreviviente de la masacre, cuando ella tenía solo 8 años. Las vejaciones a las mujeres y como sobrevivieron en el monte comiendo frutos y pescando mientras eran perseguidos.

Salustiano Romualdo, de 84 años y también nieto de Lorenza Molina, completó el testimonio de su hermana señalando: "Murieron muchos, mocovíes, y tobas. Nos querían hacer desaparecer. Nuestros hermanos fueron masacrados, pero nosotros somos sobrevivientes".

Hilaria Gómez, nieta del sobreviviente de la masacre, Manuel López, contó que "se sufría mucho la necesidad, los hacían trabajar a pulmón, por la comida. Y el día que no se trabajaba, no se comía". Relató también que regresó al lugar a vivir, mientras ancianas y ancianos les decían que aquel lugar fue donde sucedió la masacre, pero que tuvo noción de lo ocurrido cuando con “cada palada salían huesitos”. Guillermina Ortega contó que su abuela sobrevivió con 9 años “detrás de un Palo Borracho” escapando de los policías y sus armas.

Lucía Pereyra, hija de Julián Pereyra, qom, sobreviviente, que vivió 30 días en el monte, después del ataque dijo que el motivo de la protesta que derivó en la masacre “fue la falta de paga”. Su padre murió con la bala en el hombro que recibió en la zona del Lote 38.

Luego dio testimonio Cristian Enrique, nieto de Rosa Chará, quién, a la pregunta de la querella, si su abuela le había dicho “¿quiénes fueron?”, respondió “fueron los gringos”. Comentó que su abuela tenía mucho miedo cuando iban periodistas a preguntarle sobre la masacre, igual que se escondía cuando pasaba algún uniformado cerca de su casa.

Es generalizado en los relatos el temor a contar los hechos o a hablar y enseñar su lengua por el miedo a las represalias, la persecución y la discriminación.

Raúl Fernández, docente e investigador, trabajó junto a Juan Chico en la recopilación de relatos y lo imprimieron en “Napa’lpí, la voz de la sangre”. Contó que su abuela le decía en su lengua madre, y que fue la forma que eligió testimoniar luego de pedir un minuto de silencio por Juan Chico y todas y todos los masacrados y sobrevivientes, que “el pueblo Moqoit no es cobarde. Nos hicieron así”. Fundamentó su testimonio en la necesidad de ser reconocidos como seres humanos, dejar de ser discriminados aún hoy, “cuando en aquella masacre los criminales les arrancaban los testículos y las orejas y exponían sus cabezas en palos”. Agregó que "el trabajo en los obrajes era de esclavitud. Las víctimas no se levantaron en armas, o como malón, simplemente reclamaban un buen trato".

Recordó que Lehmann Nitsche participó en Napalpí con métodos que luego utilizaría junto al nazismo en Alemania, como ser segregar a los indígenas como una raza menor, usando pañuelos blancos atados en sus brazos, o persiguiendo a las y los sobrevivientes con perros. Declaró que recopilaron muchos nombres o apodos en lengua originaria porque la mayoría no había sido anotado en el registro civil, solo rescata el nombre de la cacique (Mercedes) Dominga, del pueblo Moqoit, sobreviviente de la masacre. Cerró pidiendo que con este juicio se llegue a la justicia con la misma fortaleza con la que se realizó aquella masacre, y que es necesario también la independencia política y económica de su pueblo en Argentina.

Los siguientes testimonios resaltaron que llegaron a la lucha por la reparación histórica a partir de la búsqueda de su propia identidad y el sentimiento de desprecio por ser originarios que recibían en la localidad donde nacieron. Buscan que su lengua y su cultura ya no sea negada, y “que tanto un trabajador indígena como uno criollo sean tratados iguales”. Continuarán investigando porque no fue la única masacre realizada en el territorio “por el gobierno junto a los terratenientes”. Y aunque el temor continúa continuaran luchando.

Las próximas dos audiencias, el 10 y 12 de mayo, están previstas que se realicen en el Centro Cultural Haroldo Conti ubicado en la ex Esma en la Ciudad de Buenos Aires.

Fotos: Pablo Caprarulo. Télam

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Diario de la criminalización de la protesta social en Salta - Marco Diaz Muñoz

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