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Infancias en el acampe: ¿Es un lugar la calle para dormir, pero no para protestar?

Se escucha a sectores de la sociedad que nunca se preocuparon por si esos chicos acceden a una educación de calidad, salud, vivienda digna, etc. Ni antes ni después del acampe que llevaron diversas organizaciones sociales en reclamo por sus derechos.

11 de abril

Funcionarios públicos y políticos demostraron su odio hacia el uso de la calle y el espacio público por parte de las infancias y adolescencias cuando de conquistar derechos se trata.

No es la primera vez que desde el Gobierno de la Ciudad amenazan con “quitar derechos”. Durante la conferencia de prensa del día 5 de abril, por la renovación del casco histórico de la Ciudad, el Jefe de Gobierno porteño Rodriguez Larreta, pidió que “les saquen los planes sociales” a quienes cortan la calle.

El mensaje fue replicado por diversos medios de comunicación y funcionarios, como el Jefe de Gabinete de la Ciudad, Felipe Miguel, quien sostuvo: “La ley es clara: para cobrar el plan los chicos tienen que ir a la escuela. Al que corte una calle con un chico hay que sacarle el plan social”.

Pero, ¿pueden los niños, niñas y adolescentes participar de marchas o eventos callejeros de protesta social?

Históricamente las estrategias de lucha y organización de la clase trabajadora y los sectores populares, muchas veces implican la movilización de las familias enteras a la marcha, el corte de ruta, o el reciente acampe que vimos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A partir de estos procesos, es que miles de niños y niñas comienzan a participar cotidianamente de prácticas políticas sobre las que construyen su subjetividad.

Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a visibilizar sus demandas, a mostrar sus necesidades y reclamar por la conquista de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. No hay que subestimar su voz, tienen derecho a ejercer su libertad de expresión, agrupación y a exigir derechos.

Como lo hicieron las infancias en la toma de tierras en Guernica, quienes con sus familias pasaron meses a la intemperie en reclamo a un derecho elemental, una casa donde vivir.

Basta con recordar a las infancias y adolescencias de Andalgalá, Catamarca, que se movilizaban, participaban de festivales y hasta le escribieron una carta al Presidente de La Nación en septiembre del 2021 preocupadas por el daño ambiental que ocasionará el proyecto MARA (Minera Alumbrera - Agua Rica), instalado en uno de nuestros cerros del Nevado del Aconquija. Infancias y adolescencias que todos luchan contra la megaminería y participan de acciones callejeras en defensa del planeta ante el cambio climático que tiene responsables claros.

Ni hablar de la experiencia de los chicos y chicas de la fábrica Madyraf en Garín quienes cortaron calles, viajaron a Encuentros Nacionales de Mujeres junto a sus madres y hermanas, recorrieron Universidades con el “fondo de lucha” y defienden su Juegoteca, considerada como su segunda casa. Por nombrar solo algunos de los últimos procesos que los tiene como protagonistas.

Los niños, niñas y adolescentes son portadores de un “ bien superior” que es su integridad. Por este motivo no deben ser expuestos a condiciones de violencia que los puedan perjudicar. Obviamente el costo político enorme de atreverse a reprimir una movilización con chicos.

¿Quién extorsiona a quien?

Los últimos datos que se conocen sobre las infancias en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires datan de 2019. Según los datos relevados por el Censo Popular de Personas en Situación de Calle, el cual fue realizado por organizaciones sociales y que contó con la participación de diversos organismos. Había en abril de aquel año 871 niños, niñas y adolescentes y 40 mujeres embarazadas en esa situación. En total, eran 7251 personas.

¿Qué pasa entonces con esas infancias y adolescencias que están en situación de calle?, ¿Es un lugar la calle, para dormir pero no para protestar?

Larreta no está solo, levantando la bandera anti derechos y extorsionando a las familias que se ven obligadas a salir a las calles. El legislador porteño de La Libertad Avanza, Ramiro Marra, creador del Movimiento Anti Piquetero Argentino (MAPA) ya presentó su proyecto en la Legislatura del Gobierno de la Ciudad. Con este proyecto busca “anular” subsidios y planes sociales a las familias que concurran a marchas y cortes con niños, niñas y adolescentes menores de 16 años.

Hace algunas semanas el Indec dio a conocer los resultados del segundo semestre de 2021, que reflejan que el 51,4% de los niños, niñas y adolescentes menores de 14 años son pobres. De ese total, el 12,6% son indigentes.

Frente a estos datos y en el marco del pago al FMI, pretenden acostumbrarnos a que las infancias y adolescencias puedan estar en situación de calle y duerman en ella. Que en la calle nos crucemos con ellos y nos vendan pañuelitos descartables o nos pidan monedas.

Sean los que revuelvan la basura en busca de comida, arrastren un carro en busca de cartones y sean invisibles mientras son explotados por los patrones en los campos, en los talleres textiles, en las granjas, etc.

Ninguna familia quiere sobrevivir con un plan social, ni retirar comida de un comedor, ni dormir en la calle. Lo hacen porque no les queda otra.

Por eso la noticia de las infancias y adolescencias que hacen uso de la calle para conquistar derechos, les molesta. Les aterra la sola idea de que los niños y niñas sean los protagonistas del reclamo, de la lucha, de la demanda y de la conquista por una vida mejor. (LID) Por Nancy Méndez

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