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¿Marcelo Tinelli ante su propio “chau, chau, chau, chauuuuu”?

El 2021 sin dudas será un año de olvido para Marcelo Tinelli y su programa emblema, Showmatch. O no. O será un año para tomar nota y corregir errores. En las últimas semanas el rating de su programa tocó pisos históricos (2,7 puntos el martes 27 de julio, por ejemplo). Realiza cambios en los integrantes y hasta algunas fórmulas –como dar de baja los “viernes de humor”- pero el barco no se endereza. Y en medio de la tormenta aparecen las internas con la conducción de un canal que, acostumbrado a disputarle el liderazgo a Telefe, hoy está más cerca del tercer lugar en la planilla general.

4 de agosto

El fenómeno Tinelli tiene muchísimas aristas. Como todo fenómeno cultural, sus costados sociológicos, políticos, tecnológicos y económicos deben incluirse en la explicación de su caída.

Primero, los contenidos. Showmatch sufre de su desactualización. Más allá de algunos intentos por cortar algunos malos tratos o escenas de cosificación hacia las mujeres participantes, al programa le ha pasado por encima la marea verde. No solo las mujeres siguen siendo el centro de cuestionamientos y escándalos sino que algunos chistes o tramos de excesiva testosterona se sostienen (como los comentarios de los antes humoristas, hoy reidores: todos hombres desde la salida de Marcela Feudale). Así, la escena se termina pareciendo bastante a un lugar donde las mujeres bailan (con parejas masculinas, cierto, pero con bastante menos ropa) y los hombres miran y aplauden.

Por otro lado, una cuestión trascendental en los contenidos es el cambio que parece haber en las preferencias de las audiencias: de aquella tele de conflicto y grietera exitosa a este presente pandémico donde parece ser necesario encontrar algo de tranquilidad y buena onda. Hace no tanto, programas ruidosos y conflictivos como Intratables, Intrusos, Periodismo Para Todos, 678 o el mismo Showmatch marcaban el ritmo de la tele abierta. Con conflictos sobre distintos temas, pero conflictos al fin. La pandemia fue el contexto del éxito de Telefe con una programación aséptica en lo político-partidario y sin enfrentamientos en sus propuestas de entretenimiento y realities. Tanto en MasterChef como en La Voz, ganadores absolutos del rating de tv abierta, los que se van son más felicitados que los que se quedan. En ese marco, los escándalos a los que está asociada la marca Tinelli quedan fuera de tono.

Segundo, la pantalla. Canal 13 enfrenta una crisis como hace tiempo no sufría. No solo por el éxito de Telefe que lo vuelve cada vez más inalcanzable sino también por su propia caída. De los 9,5 puntos de rating de mediados de 2015, en pleno calor electoral y de enfrentamiento abierto con el kirchnerismo, a los magros 5,9 del pasado julio, pasaron más que seis años y dos gobiernos. Creció Netflix, aparecieron Amazon Prime, Disney Plus y muchas plataformas más junto a TikTok, Instagram y Twitch que lejos estaban de ser una realidad masiva por aquel entonces.

También cambiaron cosas en el manejo de Canal 13. Si hay un lugar donde el canal emblema del Grupo Clarín perdió terreno fue en los noticieros. Allí la interna entre los históricos gestores de noticias en el canal y los periodistas promovidos por Jorge Lanata hace estragos. La salida del histórico director periodístico, Carlos De Elía y de una conductora estrella como María Laura Santillán marcan el triunfo de los “Lanata Boys”, que se quedaron con el envío nocturno con Diego Leuco y Luciana Geuna. Y el rating no acompaña.

El otro factor que parece desalineado en Canal 13 es la dirección de la programación, a cargo de Adrián Suar. La pandemia obligó a sacar de la pantalla las habituales ficciones de Polka –quien entró en un proceso de crisis con despidos- y el canal desistió del formato, incluso en su versión importada como utiliza la competencia. En su lugar, la figura de Guido Kaczka creció como conductor de entretenimientos mientras Tinelli prometía volver renovado. Pero Suar no pegó una. Su asociación con Kuarzo y Mandarina como productores de los ciclos que ocupan la parte central de la franja no resultó. Los magazines matutinos pierden ante los de Telefe y los entretenimientos nocturnos con personajes clase b no convencen. Atrás de Tinelli hay una estructura que cae lentamente.

En tercer lugar, la política le pasó factura a Marcelo y su rating. Los sucesivos pasos en falso del conductor en el mundo de la política nacional (desde su intento de ingreso en el Fútbol Para Todos con el kirchnerismo hasta el cierre de campaña de Macri y la Mesa contra el Hambre de Alberto) afectaron su imagen de “entretenedor”. Tinelli no se conformó con tener cierta incidencia en la política con sus contenidos (todavía resuena el “alica-alicate” del imitador de De Narváez). Fue por más. Y volvió con menos. Su más reciente anécdota lo tiene en plena semana de estreno con amenazas a Daniel Gollán, ex Ministro de Salud de Buenos Aires, por salir a cruzarlo por su concurrido y encerrado primer programa. No lo quieren los macristas por sentarse con Alberto, no lo quieren los kirchneristas por enfrentar muchas veces a sus referentes. Hasta los hinchas de San Lorenzo se despegan de su gestión. Tinelli tiene la mancha venenosa.

El cuarto y último factor también está ligado al contexto: los grandes conductores de la televisión argentina de los 90’s y 00’s están en retirada. Mirtha Legrand, Jorge Rial, Susana Giménez, Alejandro Fantino son algunos de los que no encuentran el rumbo en la TV o directamente cedieron su lugar. Si bien la figura de “conductor estrella” no está en retirada, las caras parecen haberse renovado. El rating lo muestra.

Marcelo Tinelli perdió el rumbo artístico de su programa y, como muchas veces le sucede a distintos medios o marcas mediáticas, la capacidad para tomar la temperatura de lo buscado por sus televidentes. Los cambios culturales y sus frustradas incursiones políticas lo colocaron en un lugar social muy diferente al del showman y entretenedor de hace diez años o más. Hoy, su obra y sus apariciones son más analizadas con el termómetro electoral que con el del rating. Todo tiene un precio. (LID) Por Agustín Espada / Especialista en medios de comunicación.

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