Esta actitud nada tiene de novedosa. Ya en otras ocasiones Trump dio muestras del desdén que siente por nuestros países, así como de muchos otros que conforman el sur global. La expresión “países de mierda” (shithole countries) ha sido utilizada en más de una ocasión para referirse a aquellos de los cuales provienen los inmigrantes que, en su paranoia, califica como “horda de invasores” compuesta por narcotraficantes, ladrones, asesinos, violadores y otros bellos atributos por el estilo. Gentes que se infiltran en pacíficas comunidades de Estados Unidos y, en su desesperación, sacrifican a las mascotas de sus habitantes para saciar su hambre.
Pero si lo de Trump merece un enérgico repudio, la complaciente actitud de sus derechosos huéspedes y sus estúpidas sonrisas cuando oyeron al autoproclamado jefe del planeta decir que no iría a aprender “su maldito idioma” amerita una condena aún más contundente. Lo de ellos fue un escándalo, una vergüenza. Fue una demostración de abyecto cipayismo, de indigna sumisión ante el insulto del matón del barrio. Alguien tendría que haberle dicho que el castellano es una de las lenguas más bellas del planeta por la riqueza de su léxico y la musicalidad de sus palabras, que contrasta favorablemente con casi cualquier otro idioma. Además, es una de las lenguas que, después del chino mandarín y el hindi, cuenta con más hablantes. Pero, a diferencia de los anteriores, el castellano tiene una presencia geográfica en numerosas regiones del planeta, mientras el chino mandarín y el hindi son lenguas locales: se las habla en China e India.
El castellano, en cambio, se ha expandido por toda América, tiene su sede originaria en Europa y es estudiado y hablado en numerosos países. Es cierto que en un mundo cada vez más interconectado, el inglés se convirtió en la lingua franca del imperio, producto primero de la hegemonía mundial del Reino Unido y luego de Estados Unidos, lo que hizo que, en el mundo de los negocios, la internet, la cultura, la comunicación social, la diplomacia e incluso el deporte, el inglés cuente con el mayor número de hablantes. Pero se calcula que hay cerca de 500 millones de “hispanoparlantes” en el mundo, y mismo en Estados Unidos hay regiones y ciudades en donde el castellano es claramente la lengua predominante.
La actitud despectiva de Trump es hija de su acendrado racismo y desaforado narcisismo. También de su concepción del poder y la diplomacia. En este último terreno, los analistas coinciden en que su conducta responde a una premisa central, sintetizada en esta expresión: “Kiss my ass and then we talk”, o sea, “besa mi trasero y luego hablamos”. Si a don Vito Corleone había que besarle su mano, a Trump es necesario besarle el trasero como preludio a cualquier negociación. Y la Argentina tiene en su presidente al indiscutible campeón mundial en esa deshonrosa especialidad. Quince viajes a Estados Unidos desde el inicio de su mandato es un récord inigualable que lo consagra como el “besatrasero” mayor del imperio, para desgracia de la Argentina. (Página 12) Por Atilio A. Boron
(AFP/AFP)
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