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Panorama económico. Caputo endeuda al país, ¿dónde están los dólares?

A Luis Caputo se lo ve ensayando un discurso hacia afuera y otro hacia adentro. Hacia afuera, asegura que todo está muy solvente, que lograron aprobar la Reforma Laboral, que se estabilizó “la macro” (tipo de cambio e inflación, principalmente), que el Banco Central está comprando dólares y sobre esa base, hasta que baje el riesgo país a niveles aptos para endeudarse en los mercados internacionales, les pide a los organismos internacionales de crédito una “ayuda” (préstamos) para afrontar los vencimientos de deuda venideros. Eso es lo que fue a plantear el ministro la semana pasada en Washington.

24 de abril

Hacia adentro, Caputo pide a “los argentinos” que saquen los dólares que supuestamente tienen en el colchón, porque “lo mejor está por venir”. “Los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”, aseguró. No es un chiste, lo expone orgulloso en la página de prensa oficial. Sostiene que hay unos U$S 15.000 millones que podría captar bajo una premisa de no preguntar de dónde vienen los billetes, gracias a la ley de "inocencia fiscal".

Parecería tratarse de dos cosas distintas, pero es el mismo objetivo: conseguir dólares, a como dé lugar, para “pisar” el tipo de cambio con el objetivo de evitar cualquier salto que pueda perjudicar el principal activo político que tiene el gobierno: la desaceleración (relativa) de la inflación. Decimos “relativa” porque es bien sabido que en los últimos 10 meses los precios promedio no pararon de subir, persistentemente.

La urgencia por conseguir dólares es palpable. De acuerdo a la Oficina de Presupuesto del Congreso, entre abril y julio el gobierno enfrenta vencimientos de deuda por U$S 7.046 millones, de los cuales unos U$S 4.400 millones corresponden a títulos públicos que vencen en el mes de julio, emitidos por el propio Caputo cuando estaba en el gobierno de Macri, validados y refinanciados por Guzmán durante el gobierno del Frente de Todos.

En total, para lo que queda del año, se estiman vencimientos en moneda local por $181.111 MM, incluyendo instrumentos capitalizables y no capitalizables, mientras que los vencimientos en moneda extranjera ascienden a U$S 12.022 millones.

El problema no se agota ahí. Para el año 2027 los vencimientos en moneda extranjera totales suman unos U$S 24.000 millones de acuerdo a la Secretaría de Finanzas, de los cuales el 36% corresponde a interés y el restante a capital.

Eso, si sólo se mira la parte a pagar en moneda extranjera. En diciembre de 2026 vencen unos $ 43.740 miles de millones en pesos que implicarán un desafío a la posibilidad de refinanciar (“rollear”) semejante montaña de títulos públicos.

Ni sostenible, ni durable

Las declaraciones del economista Roberto Frenkel en una entrevista reciente con Maxi,iliano Montenegro, generaron controversia. Presentado en los medios como un exprofesor de Milei, pero con importante trayectoria tanto académica como desde la función pública, su advertencia es que el plan del gobierno de sostener este tipo de cambio no es sostenible ni durable. “Los que programas de desinflación basados en atraso del tipo de cambio terminan en una crisis de balance de pagos”. Es decir, en una escasez de divisas que lleva a la devaluación.

Especialmente, Frenkel destaca el problema estructural de un déficit persistente en cuenta corriente (resultado comercial y de servicios financieros) y señala el cambio en el escenario global con la guerra en Medio Oriente. Esto es importante porque descarta que pueda volver a existir un nuevo salvavidas por parte del gobierno de Trump, como ocurrió previo a las elecciones de medio término.

No obstante todas estas contradicciones, la crisis en el sector externo puede tardar en manifestarse. En el corto plazo, la recesión económica que atraviesa el sector productor de bienes contrae la demanda de importaciones y genera cierta holgura en las cuentas externas. También la suba de los precios del petróleo puede impulsar parcialmente las exportaciones.

En marzo las exportaciones superaron a las importaciones en unos U$S 2.523 millones, según el informe que elabora el Indec, impulsadas por un incremento en las primeras (por el maíz, girasol, litio) y una retracción en las cantidades importadas.

De hecho, al analizar la composición de los productos demandados al exterior, se muestra cómo va modificándose la dinámica de la economía local. La importación de bienes finales saltó un 80% entre 2023 y el último año, mientras que se contrajo un 25% la importación de insumos productivos (bienes intermedios y piezas y accesorios para bienes de capital), según el último informe del Banco Provincia de Buenos Aires.

Esto es perfectamente compatible con el informe elaborado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr para el IPYPP. Allí plantean que muchos productos importados son pagados internamente por los consumidores hasta más de 7 veces el costo de importación que tuvieron las empresas, a pesar del atraso cambiario, como por ejemplo un termo Lumilagro (5,4 veces), una cacerola Essen (7,7 veces) o unas zapatillas Adidas (3,7 veces).

Esto se debe a que numerosas grandes empresas vienen profundizando una reconversión de sus negocios, dejando de realizar la producción local para pasar a convertirse a importadoras de bienes finales, sin por ello resignar rentabilidad. Esta reconversión viene acompañada por despidos, suspensiones y cierres de plantas, y levantamiento de líneas de producción.

Por ello, a pesar de que el gobierno puede gozar transitoriamente de “ayudas” externas para enfrentar los vencimientos de deuda de julio, y de un alivio en la balanza comercial, que atemperan o posponen el estallido, los problemas se acumulan.

¿Dónde están los pesos?

Mientras nos preguntamos adónde van a parar los dólares que toma prestados Caputo, la mayoría trabajadora se pregunta cómo llegar a fin de mes y vive cada día peor. El dato de esta semana fue lacaída de la actividad económica en febrero, de 2,6% mensual y de 2,1% respecto al mismo mes del año pasado.

Excluyendo la pandemia, estamos frente a la quinta peor contracción desde 2004. Las anteriores fueron diciembre de 2008 (-4%), abril de 2018 (-2,9%), septiembre de 2019 (-2,9%) y diciembre de 2023 (-2,6%), apunta la gerencia de estudios económicos del Banco Provincia.

Lo más llamativo fue el derrumbe de la industria un 8,7% interanual (principalmente los insumos para la construcción y productos siderúrgicos, vehículos y autopartes y productos de metal + maquinaria y equipo), así como del comercio, 7%, sectores clave en la demanda de empleo.

En la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC, los empresarios industriales se mostraron muy pesimistas en sus expectativas hacia mitad de año, donde planifican más despidos para descargar esta crisis sobre los trabajadores.

Y por si fuera poco la pérdida de más de 100 mil puestos registrados en el último año, los salarios siguen en picada. Aún con un índice de inflación desactualizado, la carrera entre salarios e inflación la sigue ganando la segunda. Los salarios privados cayeron por sexto mes consecutivo en febrero. Y el ajuste en el Estado es criminal para los estatales nacionales (así como docentes universitarios y el sector público en general), que perdieron un 37,2% desde que asumió Milei.

El malestar por abajo es creciente y abarca múltiples esferas adicionales (tarifas de servicios, crisis del transporte, desempleo, pluriempleo, crisis del sistema de salud, endeudamiento, crisis habitacional, etc). El ministro de Economía busca incentivar la economía con un abaratamiento del crédito y las tasas de interés, que reactiven el consumo y la inversión. Un remedio tímido y poco eficaz frente a la enfermedad que él mismo genera.

Finalmente, ¿dónde están los dólares?

La situación excepcional en el sector externo por la liquidación de la cosecha gruesa en los primeros meses del año, la suba de los precios internacionales del petróleo por la guerra y la retracción de las importaciones, así como el desembolso del FMI por unos U$S 1.000 millones, le están permitiendo al Banco Central acumular algunas reservas.

Entre el último día hábil de diciembre hasta hoy sumó U$S 4.614 millones a las reservas brutas, totalizando U$S 45.781 millones. Un crecimiento débil, si se tiene en cuenta los compromisos que debe afrontar, por un lado, y la excepcionalidad del caso, por otro. Para peor, nada de esta acumulación tiene como destino mejorar la capacidad productiva y las condiciones de vida en el país.

Los dólares que entraron al país por un saldo extraordinario en comercio exterior durante la era Milei (U$S 45.300 millones según el Banco Central), aún a pesar del incremento de las importaciones en los primeros años, y el saldo neto del préstamo con el FMI (U$S 14.500 millones), así como el blanqueo de capitales y la ayuda electoral de Bessent y Trump, se esfumaron.

Entre las principales fugas se encuentra el pago de intereses de deuda (U$S 25.000 millones), entre ellos: con el FMI (U$S 6.700 millones), otros organismos internacionales (U$S 4.800 millones), otros pagos del gobierno nacional (U$S 8.500 millones) y otros pagos de intereses (U$S 7.700 millones), según el balance cambiario del Banco Central.

Otra vía de escape de dólares es la llamada “fuga de capitales”, o la compra de moneda extranjera al levantar el cepo. Esto no corresponde meramente al “pequeño ahorrista”, sino que las grandes empresas han utilizado con distintos mecanismos para buscar dolarizar sus ganancias. Una pérdida de más de U$S 34.500 millones. Por su parte, la cuenta de “servicios” tuvo una salida de unos U$S 17.600 millones, entre los que se incluye el turismo en el exterior.

La cuestión no es por qué Caputo vuelve a “hacer lo mismo” que hizo con Macri: endeudarnos para sostener una ficción con el tipo de cambio que deriva en una crisis explosiva. La cuestión es que la respuesta esta vez no puede ser la misma que con la experiencia frentetodista. Desconocer en forma soberana esa deuda ilegítima, ilegal y favorable a los intereses de un pequeño grupo, tiene que estar necesariamente en la agenda de una alternativa independiente de los de abajo. (LID) Por Lucía Ortega

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