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EL ESCÁNDALO DE LOS CUADERNOS: Bonadio y Stornelli, paladines de una justicia impresentable y prebendaria

Por estas horas juez y fiscal se han convertido en las "estrellas" de un Poder Judicial con múltiples lazos con el poder político de todo color. ¿Se puede esperar que lleguen a la verdad, quienes representan lo más conspicuo de la mal llamada Justicia?

7 de agosto| Mirta Pacheco |

Claudio Bonadío es uno de los jueces que por la forma en que maneja las causas que recaen en su juzgado, lo llaman "el comisario", abogados defensores de quienes fueron imputados el 14 de diciembre del año pasado (el primer día del tratamiento de la contrareforma previsional), manifestaron que sus defendidos llegaron a ser procesados sin siquiera haber tenido acceso al expediente.

Es uno de los más cuestionados en el Poder Judicial, después del "jubilado" Oyarbide, apartado de la causa AMIA en 2005 por considerarse que colaboró para obstruir la investigación.

Será recordado como el "juez de la servilleta" en alusión a los magistrados que respondían directamente al ex presidente Carlos Menem, allá por mediados de los años ´90. Todo un respetuoso de la ley, el señor juez.

Este es el juez que lleva adelante, la causa llamada por el periodismo, de los cuadernos de las coimas, que abrió una caja de pandora.

En esos cuadernos, o mejor dicho fotocopias, que en forma meticulosa -durante años - según sus propios dichos, escribió el chofer de Roberto Baratta, segundo de De Vido, aparecieron los nombres de funcionarios kirchneristas que solicitaban coimas para hacer avanzar contratos multimillonarios de obra pública pero también empresarios, varios del riñon del macrismo, como Angelo Calcaterra y su mano derecha y ex CEO de IECSA, Javier Sanchez Caballero.

El nombre de Sanchez Caballero ya había sido mencionado por los empresarios brasileños involucrados en el Lava Jato, por coimas para el soterramiento del tren Sarmiento.

El primo Calcaterra (primo hermano de Mauricio Macri), que después de presentarse a declarar y ubicarse como "víctima" de la extorsión de los funcionarios del anterior gobierno, quedó en libertad.

"Víctima de extorsión" fue su explicación sosteniendo que solo aportó "para las campañas electorales", tiene el pequeño problema -como lo señaló Alconada Mon de La Nación-, que en esas fotocopias figuran sus aportes en años no electorales. Maniobras leguleyas para bajarle el precio a la calificación del delito.

Pero Bonadío le permitió acojerse a la figura de imputado colaborador, lo mismo para Caballero, que ahora es un "arrepentido" y también quedó en libertad, mientras permanecen con prisión preventiva otros empresarios, igualmente corruptos, como el ex director administrativo del grupo Techint, Héctor Zabaleta.

Pero volvamos a quienes llevan adelante esta investigación. Además de Bonadío, el juez que tiene un olfato asombroso para saber reubicarse conforme los vientos políticos que corren, el fiscal que sigue la causa es Carlos Stornelli.

Stornelli, quien según el mismo diario Clarín, fue la "estrella" de un encuentro en La Rural, del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales, mientras degustaban una cena digna de reyes, todos consultaban y querían hablar con él, entre los comensales se encontraba Javier Iguacel (Ministro de Energía) y Laura Alonso, la ultra macrista que dirige la Oficina Anticorrupción. Gracioso nombre para los tiempos que corren.

Stornelli, ex ministro de Seguridad de Scioli y ex jefe de seguridad de Boca Jr., designado por Angelici, a instancias de Macri. Es un secreto a voces que el "Tano" Angelici es el operador político del PRO en Tribunales.

Por esos años el fiscal quedó en una situación complicada por sostener vínculos frecuentes con el Rafa Di Zeo. El ex barra brava, que dirigía "la 12", solía recibir llamadas de quien era el director de seguridad del club, mientras tenía prohibida judicialmente, la entrada a la cancha.

El fiscal supo estrechar, desde esos años, fuertes vínculos con el macrismo.

Lava Jato criollo Los puntos de coincidencia con el Lava Jato brasileño es que salieron a la luz las coimas y corrupción entre empresarios y funcionarios en torno a la obra pública y esto provocó una crisis política que no se sabe cómo se desarrollará.

Como ya hemos informado sobre este caso de corrupción en Brasil, con ramificaciones en varios países de latinoamérica, el imperialismo norteamericano, desde las sombras, vía el juez Sérgio Moro (un magistrado con fuertes vínculos con el Departamento de Estado de EE.UU.), empujaba esta mega causa con el objetivo de limar la fortaleza económica del empresariado brasileño ligado a lo que sería la Patria Contratista del vecino país.

En Argentina, es una hipótesis probable que el imperialismo norteamericano tenga el objetivo de ligar la fuerte inversión que viene haciendo China, desde el gobierno de Cristina Kirchner, a ex funcionarios corruptos. De esa manera, se puede socavar desprestigiándolo, las futuras inversiones del principal competidor comercial de EE. UU. y deslegitimar las actuales.

Pero en las pampas criollas, esto tiene un límite. Están al frente de esta investigación dos personajes más impresentables que probos.

En Brasil con una crisis de las instituciones, golpe institucional y lava jato mediante, es el Poder Judicial el único que quedó en pie en la consideración de las mayorías.

Nunca tan cierto como allí, la idea de que es precisamente ese poder el dique de defensa de la república burguesa. Sérgio Moro puede personificar esa suerte de contención porque a pesar de sus métodos reñidos con la ley, todavía goza de buena reputación.

Por supuesto que esto no invalida el hecho de que es la correa de transmisión de los intereses del imperialismo estadounidense.

Esto es igual a decir que Bonadío no es Moro, por más intenciones que tengan, aprovechando esta crisis, de recomponer la imagen desastrosa que tiene la población sobre el Poder Judicial.

Un sistema judicial que para acercarse a "impartir" justicia, hay que comenzar por disolver la Corte Suprema, ese órgano donde 5 personas (o más, según los gobiernos) deciden sobre cuestiones que pueden afectar a millones.

E instaurar juicios por jurados populares en forma generalizada, precisamente para evitar que sea un juez, o un tribunal, que movidos por intereses políticos o personales tenga la facultad de dictar sentencia, y estos jueces deberían ser elegidos por el voto popular.

¿Por qué millones no pueden elegirlos, en base a su trayectoria y su idoneidad, y que sean realmente, simplemente funcionarios públicos?.

Volviendo a los cuadernos, veremos qué más hay en la caja de pandora. Por lo pronto, y en medio de la crisis política que generó, ya podemos observar que Bonadío comenzó a hacer una primera distinción entre empresarios macristas y otros.

Esto recién comienza. (LID)

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