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Dólar a $ 45 y tasa sin techo: cuatro claves del descontrol cambiario

El BCRA pierde cada día su poder de fuego, esta vez fue la devaluación de las monedas de países “emergentes” la que empujó la séptima suba consecutiva del dólar que rozó los $45, con una tasa de Leliq estratosférica casi en 68 %, aumentando la sensación de caos e inestabilidad cambiaria.

En el mismo día en que se celebraba en la ciudad de Córdoba el Congreso de la Lengua, contando con la presencia del presidente Mauricio Macri y el monárquico español Felipe VI- donde se escucharon discursos sin desperdicios- el protagonismo del día fue indudablemente el nuevo récord alcanzado por el dólar arañando los $ 45.

Tal como es habitual el Banco Central continúo utilizando la suba de la tasa de Leliq para “contener” al dólar, ubicándose en promedio en 67,75 %. A pesar de estos intentos, el dólar escaló $ 1,25 centavos, y acumula en el mes una suba del 12 %. A continuación 4 claves para reflejar las principales causas y consecuencias de una jornada caótica:

1) Frente externo: suba del dólar en los países “emergentes”

La moneda argentina al igual que sus pares en los países considerados “emergentes” están expuestos (por los grados de endeudamiento y apertura a capitales especulativos) a las variaciones internacionales. A las noticias relacionadas con una desaceleración de la producción industrial en Alemania y Francia de días atrás se sumaron datos preocupantes sobre la producción fabril en China y restricciones a la movilidad de capitales en Turquía; provocando la huida de capitales de los emergentes.

Al respecto el presidente sostuvo que "nadie la tiene fácil en el mundo" porque la moneda estadounidense "sube prácticamente lo mismo" en otras latitudes.
Pero esto es falso, mientras las monedas de los "emergentes" perdieron frente al dólar el peso argentino se desplomó. Así la lira turca perdió un 0,38 %, el peso mexicano un 1,1 %, en Sudáfrica el rand cayó 1,18 %, y el real en Brasil perdió un 2,27 %. Fue el peso argentino el que marcó la mayor caída con 2,8 % con un nuevo récord histórico a $ 44,92; acumula una caída de 15 % en el primer trimestre de 2019 y en 2018 se devaluó más del 100 %.

En el mismo día en que se celebraba en la ciudad de Córdoba el Congreso de la Lengua, contando con la presencia del presidente Mauricio Macri y el monárquico español Felipe VI- donde se escucharon discursos sin desperdicios- el protagonismo del día fue indudablemente el nuevo récord alcanzado por el dólar arañando los $ 45.

Tal como es habitual el Banco Central continúo utilizando la suba de la tasa de Leliq para “contener” al dólar, ubicándose en promedio en 67,75 %. A pesar de estos intentos, el dólar escaló $ 1,25 centavos, y acumula en el mes una suba del 12 %. A continuación 4 claves para reflejar las principales causas y consecuencias de una jornada caótica:

1) Frente externo: suba del dólar en los países “emergentes”

La moneda argentina al igual que sus pares en los países considerados “emergentes” están expuestos (por los grados de endeudamiento y apertura a capitales especulativos) a las variaciones internacionales. A las noticias relacionadas con una desaceleración de la producción industrial en Alemania y Francia de días atrás se sumaron datos preocupantes sobre la producción fabril en China y restricciones a la movilidad de capitales en Turquía; provocando la huida de capitales de los emergentes.

Al respecto el presidente sostuvo que "nadie la tiene fácil en el mundo" porque la moneda estadounidense "sube prácticamente lo mismo" en otras latitudes.
Pero esto es falso, mientras las monedas de los "emergentes" perdieron frente al dólar el peso argentino se desplomó. Así la lira turca perdió un 0,38 %, el peso mexicano un 1,1 %, en Sudáfrica el rand cayó 1,18 %, y el real en Brasil perdió un 2,27 %. Fue el peso argentino el que marcó la mayor caída con 2,8 % con un nuevo récord histórico a $ 44,92; acumula una caída de 15 % en el primer trimestre de 2019 y en 2018 se devaluó más del 100 %.

Ante variaciones internacionales o internas como la especulación electoral; los “inversores” tienden a desarmar sus posiciones en pesos y se cubren en activos seguros: dólares. Esta demanda continúa aun en cantidades moderadas, provocando una constante presión sobre el precio del dólar que escasea, impulsando su suba.

3) Riesgos internos latentes

Existen una serie de factores internos con dinámicas diferentes que agudizan las contradicciones de la economía. Sobre esta base de fragilidad absoluta, entre inestabilidad cambiaria y especulación electoral, la escasez de dólares cobra mayor relevancia.

Desde el gobierno esperan que el campo, que podría tener ingresos anuales entre 22.000 a 25.000 millones de dólares; liquide una parte en pocos días. Esto sumado a la venta diaria de 60 millones de dólares autorizada por el FMI desde abril, podría apaciguar este faltante. Pero en el mejor de los casos sería un atenuante transitorio ya que aún no hay claridad sobre si estos dólares, junto a los desembolsos pendientes del FMI, alcanzarían para afrontar los pagos de intereses de deuda de este año. No es menor remarcar que el endeudamiento externo ascendió en 2018 a U$S 277.921 (72% del PBI), las posibilidades de entrar en cesación de pagos no están para nada descartadas.

Ante variaciones internacionales o internas como la especulación electoral; los “inversores” tienden a desarmar sus posiciones en pesos y se cubren en activos seguros: dólares. Esta demanda continúa aun en cantidades moderadas, provocando una constante presión sobre el precio del dólar que escasea, impulsando su suba.

3) Riesgos internos latentes

Existen una serie de factores internos con dinámicas diferentes que agudizan las contradicciones de la economía. Sobre esta base de fragilidad absoluta, entre inestabilidad cambiaria y especulación electoral, la escasez de dólares cobra mayor relevancia.

Desde el gobierno esperan que el campo, que podría tener ingresos anuales entre 22.000 a 25.000 millones de dólares; liquide una parte en pocos días. Esto sumado a la venta diaria de 60 millones de dólares autorizada por el FMI desde abril, podría apaciguar este faltante. Pero en el mejor de los casos sería un atenuante transitorio ya que aún no hay claridad sobre si estos dólares, junto a los desembolsos pendientes del FMI, alcanzarían para afrontar los pagos de intereses de deuda de este año. No es menor remarcar que el endeudamiento externo ascendió en 2018 a U$S 277.921 (72% del PBI), las posibilidades de entrar en cesación de pagos no están para nada descartadas.

4) Crece la inestabilidad y no sólo en los “mercados”

La sensación de caos cambiario comenzó a instalarse con mayor peso en los diarios y portales. Al calor de la suba del dólar han aumentado la cantidad noticias sobre el rumbo del dólar, la ineficacia de la suba de tasas para frenarlo, la posibilidad de una corrida cambiaria antes de octubre, la necesidad de modificar la regla de crecimiento cero de la base monetaria, la suficiencia o no de los dólares entrantes por las exportaciones del campo…en fin las preguntas, dudas y alertas son demasiadas.

Todas estas opiniones apuntan a la necesidad de algún cambio, de mínima en el plano de la política monetaria que pilotea Guido Sandleris bajo la vigilancia del FMI. La sensación de caos económico va en aumento. Al respecto el economista Ricardo Arriazu decía en un seminario: "El esquema es una locura que pone en peligro a toda la economía-continuó-. A medida que pasa el tiempo, la tasa de interés no es el instrumento adecuado [para equilibrar los vaivenes del dólar]; el instrumento es intervenir y romperle la cabeza al especulador. Hay plata para hacerlo, pero no lo hacen porque el Fondo no deja". Y agregó: "Si no me dejan intervenir, el dólar hace récord tras récord. Es increíble que el FMI no entienda cómo funciona Argentina".

Pero el FMI conoce muy bien el efecto de sus planes de ajuste sobre los países en que los aplica. La devaluación es una consecuencia buscada por el organismo liderado por Christine Lagarde: mayor devaluación y ajuste fiscal, una declaración de guerra a los trabajadores. Pero hasta el momento el límite es la política, ya que el FMI apoya a Macri (por ahora). El resto de los sectores de la burguesía por ahora no han decidido soltarle la mano al gobierno, aunque los guiños a Lavagna del círculo rojo van en aumento. La situación económica esta al borde del colapso y más que nunca atada con alambres.

Todo puede empeorar, pero para evitar que los costos de la crisis sigan recayendo sobre los trabajadores, hay que patear el tablero, es necesario el no pago de la deuda a los especuladores y echar al FMI del país. (LID)

28 de marzo| Guadalupe Bravo |
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