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Alberto Fernández y las Leliq: entre los rebencazos del gran capital y las promesas de campaña

Un joven cae al piso, en el medio de la tierra o el barro, luego haber corrido desde el centro del campo. Casi al punto de pisarlo, un caballo pasa a su lado. Otro joven es arrancado de un tirón desde atrás. Sale del foco de la cámara abruptamente. Hay golpes, rebencazos, insultos. De fondo se escucha un mar de silbidos. La consigna, sencilla, es que nadie se atreva a enturbiar la fiesta. En el predio de la Sociedad Rural hay costumbres que parecen perdurar.

30 de julio| Eduardo Castilla |

Algo parecido a esos rebencazos castigó este lunes a Alberto Fernández. El candidato del Frente de Todos recibió golpes desde todos los ángulos. Los grandes empresarios del G6 le pidieron “prudencia”. Los referentes y candidatos del macrismo se lanzaron a la yugular. La gran corporación mediática, afín al oficialismo, no hizo más que amplificar ese escarmiento verbal.

El mensaje no es solo electoral. O no debería leerse solo bajo ese prisma: la fiesta de los grandes bancos y el capital financiero no se toca, no se discute, no se pone en cuestión.

La (más que) moderada propuesta de Alberto Fernández despertó temor en el gran capital financiero. Tanto que el candidato y los asesores ratificaron rápidamente su respeto por las sagradas reglas del capital. Por la tarde, garantizaron que no proponen defaultear el pago de los intereses de las Leliq. Los dueños de los grandes bancos deben haber brindado por la aclaración, semejante a una capitulación.

El candidato del Frente de Todos decidió presentar la reducción de la tasa por las Leliq como parte de “cambiar del esquema especulativo al esquema productivo”. La pretensión resulta desmedida, a todas luces.

Los gran banca -nacional e internacional- cuenta un peso superlativo en la economía nacional, que no ha dejado de agigantarse en la era Macri. Solo en los primeros cincos meses de 2019, sus ganancias aumentaron un 117 % en relación al mismo período de 2018.

Aquí los años kirchneristas dejaron otra “herencia” que la gestión cambiemita respetó a rajatabla. En la “década ganada”, el poder del gran capital financiero se acrecentó sin grandes obstáculos, conquistando el primer lugar en el podio mundial de la rentabilidad para el sector.

Saqueadores

Si uno se detiene a mirar la estructura económica del país y el lugar ocupado por los bancos, la propuesta de Fernández suena a caricia. A una simple reducción de márgenes siderales de ganancia. No equivale a ningún cambio duradero o profundo. La épica de cierto kirchnerismo está de más, suena impostada.

En las últimas décadas, la gran banca ha sido garante y cómplice de la fuga de capitales. Ese saqueo masivo de la riqueza nacional, llevado adelante el conjunto de la clase capitalista, fue facilitado por las grandes instituciones bancarias, tanto locales como extranjeras, por medios legales…y no tanto.

Para gran parte de la población aún está fresco el recuerdo de 2001. En esa memoria, asociar las palabras “bancos” y “chorros” no resulta forzado. Tampoco evocar la miseria generalizada o la desocupación galopante mientras el gran capital fugaba la riqueza nacional. Solo durante aquel año el grupo Macri fugó de U$D 112 millones.

Para enfrentar el poder de los grandes bancos no bastan las palabras fuertes o las medidas débiles. Solo partiendo de nacionalizar el conjunto del sistema bancario -como plantea el Frente de Izquierda Unidad- es posible poner freno a la voracidad del gran capital. Una banca estatal única, controlada por sus propios trabajadores, permitiría centralizar el conjunto de los recursos financieros y monetarios, y utilizarlos en función de las necesidades de las mayorías populares, como crédito barato para los pequeños productores.

Solo este mecanismo permitiría garantizar los depósitos de los pequeños ahorristas. En diciembre de 2001, la banca privada y el Estado capitalista conformaron una verdadera “asociación ilícita” para confiscar los ahorros de cientos de miles de personas. Un auténtico robo.

El temor desatado por las propuestas de Alberto Fernández tiene, en parte, el formato del acting. En la memoria de los banqueros aun relucen los años de ganancias siderales. Este lunes no dejaron de considerarlo “una buena persona” y achacarle “un error” electoral. Con la propuesta del Frente de Todos, los grandes saqueadores duermen tranquilos. (LID)

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