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Las encrucijadas de la economía y el regreso del pacto social

El Gobierno pretende llegar a las elecciones con una recuperación económica. Sin embargo, el oficialismo aún camina sobre terreno resbaladizo por la pandemia que no cede, y el retraso de las vacunas. Bajo la sombra del FMI, persisten los problemas de la inflación, y el dólar. La pulseada por los salarios. ¿Hacia dónde va la economía local?

9 de febrero

La economía argentina atravesó un año de terror azotada por el covid19 como el resto del mundo, con el agravante de registrar tres años consecutivos de caída de su PBI. Durante el macrismo se agudizaron los problemas económicos dejando una pobreza elevada, inflación en las nubes y una deuda impagable con la vuelta del FMI.

El Gobierno del Frente de Todos utilizó como argumento la pandemia y la tierra arrasada heredada del macrismo para justificar un año duro para el pueblo trabajador que padeció despidos, suspensiones y pérdida salarial.

En 2021 Alberto Fernández aspira llegar a las elecciones con una recuperación de la economía, y con salarios que crezcan por encima de la inflación (este aspecto fue repetido por varios funcionarios). El deseo del oficialismo aún enfrenta la incertidumbre sobre la pandemia y la demora de las vacunas que condicionará la recuperación y los desequilibrios económicos que no están resueltos como la falta de dólares, la negociación con el FMI, y la inflación.

Recuperación inestable

El Gobierno proyectó para este año un crecimiento de la economía del 5,5 %, en línea con esta estimación los analistas económicos que participan del relevamiento del Banco Central de enero calculan un rebote de la economía del 5,5 % en 2021, mantuvieron el mismo porcentaje que en la edición del REM de diciembre.

Para algunos economistas el crecimiento podría ser mayor (más cercano al 6 % y algunos se entusiasman con cifras de casi un 7 %) al considerar una caída menor al 10 % esperado en 2020. La mejora no alcanza para compensar el derrumbe del año pasado.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó que la economía argentina crecerá 4,5 % durante 2021, cuatro décimas menos del cálculo anterior, que era del 4,9 %. A nivel regional hubo bajas en las proyecciones ya que el organismo advierte sobre el riesgo que representan las nuevas variantes de Covid para la recuperación. El organismo pronosticó un crecimiento de la economía mundial para 2021 de 5,5 %, aunque por la pandemia y otros problemas que persisten como el incremento de las deudas, el panorama no es alentador.

La recuperación económica argentina se apoya sobre el ajuste del macrismo que implicó la pérdida de puestos de trabajo registrado, mayor pobreza y precariedad laboral, y el saqueo al salario y las jubilaciones. ¿El rebote de la economía mejorará las condiciones de vida de las mayorías? La mejora económica no se traducirá en una reducción sustancial de la pobreza estructural, de la desocupación, del poder de compra y ni resolverá el déficit habitacional. La pobreza escaló al 44,2 %, según datos de la UCA, y el 64,1 % de los niños/as y adolescentes viven en hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza. La desocupación medido por el Indec trepó al 11,7 % en el tercer trimestre del 2020, pero si se agrega a los desocupados a aquellos que dejaron de buscar trabajo desalentados por la crisis, la tasa aumenta a 19,4 %, según publicó CIFRA. Se perdieron alrededor de 2 millones de empleos en el tercer trimestre de 2020 en relación a 2019. El Gobierno administra la miseria mientras busca relanzar los negocios capitalistas. Continúa así la lógica de que en cada crisis la clase trabajadora sale más empobrecida.

¿El rebote llegará a todos los sectores económicos? Se prevé una mejora desigual con algunos rubros con aumentos considerables y otros más lentos. Según la consultora Abeceb, habrá un grupo que recuperará el golpe de la pandemia y crecerá este año como la minería, el agro, electrodomésticos y papel. En tanto, otro sector que creció durante el año pasado y seguirá en ascenso este año está integrado por industrias como el cuidado personal, petroquímicos, agroquímicos, laboratorios, madera, alimentos y bebidas y carne bovina.

La consultora estima que la industria automotriz y la industria manufacturera en general se desplomaron durante el año pasado y prevé un leve crecimiento en 2021.

Según Abeceb, los sectores de la construcción, petróleo, informática y comunicaciones, siderurgia, textil y calzado no tendrán una mejora sustancial en 2021. Sin embargo, sectores de la construcción mantienen buenas expectativas para el año. Un análisis elaborado por la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO) en base a un estudio de opinión entre empresas del sector, mostró que el 71 % de las obras están con desarrollo normal, mientras que solo el 11 % están demoradas y solo el 5 % están paralizadas. Además, crecieron siete puntos las expectativas de una mejora para los próximos tres meses.

El avance de la economía no elimina los problemas que sobrevuelan en estas pampas y puede agravar el faltante de dólares. El Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) estimó que por cada punto que crece el PBI, las importaciones crecen el doble. Esto se debe a que más del 80 % de las importaciones se componen de bienes de capital, insumos para la producción y repuestos; e implica que se necesitan divisas para pagar las importaciones que demanda la producción.

En 2020 la balanza comercial dejó un saldo de U$S 12.528 millones, según informó el Indec, pero diciembre fue el único mes desde agosto de 2018 que registró un saldo negativo, con un déficit de U$S 364 millones. Las compras al exterior seguirán en aumento con la reactivación, que podría agudizar el faltante de dólares. Por el lado de las exportaciones, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que el volumen de la cosecha 2020-2021 bajará 9 % en relación con la campaña anterior por precipitaciones insuficientes. Sin embargo, por el aumento de los precios internacionales de los granos (la tonelada de soja está por encima de los U$S 500), se calculan unos U$S 10.000 millones adicionales de ingresos que los obtenidos por las ventas externas de la campaña 2019-2020.

Otro interrogante es qué pasará con el dólar. Martín Guzmán gracias a la venta de bonos baratos y nueva emisión de deuda a jugosas tasas para los especuladores, logró contener las presiones devaluatorias. Se calcula que el Banco Central podría seguir vendiendo bonos hasta abril que es cuando ingresan los dólares de la cosecha. El dólar blue se desinfló la semana pasada y se ubicó por debajo del dólar ahorro, pero es una relativa calma, también condicionado a la espera de un nuevo acuerdo con el FMI. La brecha entre el blue y el dólar oficial se mantiene en niveles altos y es mayor al 65 %. El Gobierno se jugará a mantener la estabilidad del dólar para evitar que un salto brusco de la divisa impacte en los precios en un año electoral. Sin embargo, no se puede descartar nuevos cimbronazos en el tipo de cambio.

La inflación es otro dolor de cabeza para el Gobierno y castiga los salarios. En diciembre la inflación de diciembre alcanzó el 4 %, fue el valor más alto para 2020. El año pasado la suba de precios trepó al 36,1 %. Una cifra elevada aunque fue inferior al 2019 cuando llegó al 53,8 %. El Gobierno negocia acuerdos con los sectores más concentrados de las cadenas (como los supermercados o frigoríficos) que en muchos casos son los que especulan con los precios. Mientras los frigoríficos exportadores amasan millones vendiendo la carne al exterior, se negoció un acuerdo que incluye algunos cortes de carnes que solo están disponibles en los supermercados tres días de la semana. Hubo denuncias que se tratarían de cortes con poca carne. Para las mayorías se volvió un lujo comer carne mientras las exportaciones argentinas de carne vacuna acumuladas a lo largo del último año alcanzaron un valor cercano a U$S 2.710 millones, según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). Es necesaria la apertura de los libros de contabilidad para mostrar las maniobras especulativas y dejar en evidencia las excusas de que pierden para justificar los aumentos de precios.

Este año el Gobierno también tiene por delante la negociación con el FMI. El ministro de Economía solicitó un acuerdo de Facilidades Extendidas que se puede extender a diez años, y pretende que Argentina comience a pagar en 2025, se convalida el fraude macrista. Se prevé que Guzmán viaje a Washington en las próximas semanas para avanzar con el acuerdo. El oficialismo es optimista y espera el milagro que el organismo sea más benévolo en sus imposiciones. La historia del Fondo con Argentina está plagada de ajuste, privatizaciones y contrarreformas. ¿Por qué ahora sería diferente?

Un acuerdo con el organismo, sumado a las concesiones realizadas a los lobos de Wall Street, implica que en cuatro años el país enfrente pagos de deuda muy elevados, difíciles de asumir y que desde hoy ya actúan condicionando el crecimiento económico y el gasto público. El pueblo trabajador no tiene que hacerse cargo de una deuda plagada de irregularidades, hay que rechazar el acuerdo con el Fondo y movilizarse por el desconocimiento soberano de la deuda.

Pacto social: encorsetar salarios

El ministro de Economía, Martín Guzmán, en una entrevista aseguró que este año "los salarios tienen que crecer más que los precios" y que "el crecimiento de la economía debe ir de la mano del salario". Tras un año de demorar las paritarias y avalar aumentos inferiores a la inflación, ahora el Gobierno pretende convencer que en 2021 habrá recuperación salarial. Otra promesa electoral.

La pulseada será cuánto aumentará el salario, el poder de compra de los trabajadores cayó durante el macrismo y la historia se repitió en el primer año de Gobierno del Frente de Todos. El Gobierno sugirió un aumento del 29 % en sintonía con la inflación que proyectó este año en el presupuesto, pero el discurso que más se repitió en los últimos días es que los salarios deben ganarle a la inflación por 3 o 4 puntos. Si se confirma esta mejora para el año, se consolida la pérdida salarial del macrismo y del 2020.

Por su parte, la inflación que estima el oficialismo este año es de ficción. Según el REM de enero la inflación minorista para diciembre de 2021 se ubicará en 50 % interanual, aumentando en 0,2 p.p. las estimaciones de diciembre. El relevamiento realizado por el Banco Central expresa las voces del establishment, es decir que en la proyección se devela el deseo de las grandes empresas de remarcar precios.

Esta semana el Gobierno buscará avanzar con un acuerdo de precios y salarios con dirigentes sindicales y empresarios. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, en una entrevista con El Destape Radio explicó que con el acuerdo económico y social tiene el fin de establecer “paritarias libres, pero con instancias de coordinación” y agregó que “tenemos que conseguir que en la Argentina los salarios suban sin hacer una espiral en la que los empresarios trasladen esos aumentos salariales a precios. Hay que coordinar eso”.

La idea de pacto social no es nueva en Argentina. El Pacto Social de 1973 de Perón y su ministro de economía Gelbard firmado por la CGT y la Confederación General Económica (CGE), la central empresarial, estableció el congelamiento salarial por dos años, el congelamiento de precios y la supresión de las negociaciones colectivas.

“El objetivo político de estos acuerdos era alcanzar un consenso entre los distintos intereses de las facciones burguesas y de las direcciones sindicales, sobre la base de una tregua social relativa que contribuyera a reducir el costo de la mano de obra, permitiendo así la aparición de un nuevo margen de ganancias para el conjunto de la patronal” explican Ruth Werner y Facundo Aguirre en el libro Insurgencia obrera en la Argentina 1969-1976. “Era un plan “gradualista” en lo que se refiere al ataque al conjunto de los trabajadores”, añadieron los autores. Fernández busca relanzar un nuevo acuerdo para atacar a la clase trabajadora.

La disputa salarial recorrerá los próximos meses y está abierto el escenario si los salarios volverán a perder o no frente a la inflación. Sectores de trabajadores comenzaron a estirar los músculos en defensa del salario y el empleo. Un caso testigo fue la huelga aceitera que le torció el brazo a las agroexportadoras y logró una recomposición de sus salarios. Los dirigentes sindicales deberían salir de su cuarentena y ponerse a la cabeza de la pelea por la recomposición de los salarios, y contra los atropellos patronales que buscan avanzar en degradar las condiciones laborales. Entre las principales medidas es necesario un salario mínimo de $ 50.000 para trabajadores activos y jubilados, y un Ingreso Familiar de Emergencia de $ 30.000.

La negociación paritaria debería tomar como referencia la canasta de consumos mínimos de $ 82.000 estimada por la Junta Interna de Ate Indec, e incluir la actualización automática de salarios en función de la inflación. No se trata únicamente de pelear para que los salarios superen a la inflación este año, sino que hay que exigir también el 20 % promedio perdido en el macrismo. "Hagamos pagar la crisis a los patrones". (LID) Por Mónica Arancibia

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