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Telecomunicaciones: teletrabajo sin regulación durante la cuarentena

La última semana se aprobó con media sanción en diputados un proyecto de teletrabajo que propone entrar en vigencia 90 días después de terminada la cuarentena. El mismo fue consensuado por sectores de la dirigencia sindical y sectores empresariales, mientras que los trabajadores no tuvimos ni voz ni voto.

1ro de julio

El teletrabajo en cuarentena sin ningún tipo de regulación está afectando a muchas trabajadoras y trabajadores en distintos niveles. A nuestros bolsillos, porque pagamos los costos de conexión, electricidad y demás servicios que se ahorran los empresarios. A nuestra salud, porque se trabaja en condiciones ergonómicas que no son las adecuadas para una oficina y porque las presiones constantes de las patronales para aumentar la productividad generan un enorme estrés.

Por eso, la discusión sobre teletrabajo generó ciertas expectativas en muchas trabajadoras y trabajadores que vieron con buenos ojos la posibilidad de que sus condiciones laborales actuales mejoren. Incluso, en el gremio de las telecomunicaciones, ya contábamos con un acta de regulación en Telecom, que perdió efecto porque la empresa decidió unilateralmente quitar el teletrabajo hasta el comienzo de la cuarentena. En Telefónica el teletrabajo jamás estuvo regulado y la empresa lo impuso a medida de su conveniencia durante más de diez años.

En los debates en la comisión de legislación del trabajo participaron muchos representantes sindicales, entre ellos Osvaldo Iadarola y Claudio Marin, secretario general y adjunto de Foetra, respectivamente. En sus intervenciones pusieron mucho énfasis en la participación sindical. Sin embargo, lo que no hicieron fue participarnos a los propios trabajadores y trabajadoras para que opinemos sobre un proyecto de ley que nos afecta directamente.

Esto no es nada nuevo, desde la directiva de Foetra no se han impulsado asambleas ni plenarios para discutir esta ley ni nada de lo que viene pasando hace más de 100 días de aislamiento. Las instancias de asamblea que hubo, de hecho, fueron organizadas desde abajo por los propios trabajadores y sus delegados.

Pero si bien los trabajadores fuimos convidados de piedra en este debate sobre el teletrabajo, quienes sí tuvieron voz y voto fueron los empresarios. Y el punto más claro es que lograron imponer algo que no estaba en el borrador original del proyecto, que es que la implementación sea recién 90 días después de finalizado el aislamiento, que ni siquiera sabremos cuándo será.

Esta enorme concesión implica que las empresas sigan ahorrándose millones, en particular las empresas de telecomunicaciones que están ganando más que nunca, mientras las y los trabajadores lo pagamos con nuestra salud y con nuestros bolsillos.

Incluso, este proyecto de ley tiene varios artículos beneficiosos, como la voluntariedad, reversibilidad, desconexión digital, compensación por gastos, igualdad de derechos, salarios y licencias con respecto a aquellos que lo hacen en forma presencial, obligación de la empresa de proveer los elementos necesarios para garantizar el trabajo y se considera que los accidentes en el hogar, son accidentes laborales que deberán cubrir las ART. Pero nada de esto será obligatorio para los empresarios hasta tres meses después de terminada la cuarentena.

Teletrabajo, tercerismo y flexibilización

Este proyecto de consenso, muy festejado por las conducciones sindicales, no solo será de aplicación bastante tiempo después de finalizada la cuarentena, sino que deja en el olvido a muchos trabajadores, sobre todo pibas y pibes de call centers tercerizados, que fueron despedidos durante la cuarentena por no contar con el equipamiento y conectividad necesarios para trabajar en sus casas. Tampoco elimina la prohibición de la contratación por monotributo que habilita el fraude laboral y el trabajo a destajo, ambas cuestiones que sí planteaba el proyecto presentado por el Frente de Izquierda. Y algo muy peligroso es que fija el trabajo por objetivos, que implicaría un aumento en la productividad y podría, a futuro, abrir las puertas a contrataciones mucho más flexibilizadas. No por nada los empresarios insistieron en su agregado.

El mismo Marín planteó, durante el debate, el problema del trabajo no registrado, que en Argentina alcanza el 40%, como alerta para tener en cuenta en la regulación del teletrabajo. La tercerización es un problema que afecta, como bien dijo Marín, a un gran porcentaje de la clase trabajadora en nuestro país desde hace décadas, y que ningún gobierno cambió. Pero además, tuvo la complicidad de las conducciones sindicales, que vieron durante todos estos años cómo iba aumentando la precarización y nada hicieron al respecto. De hecho,en las telecomunicaciones son miles y miles de tercerizados en call centers, técnicos, de limpieza, mantenimiento, trabajando en condiciones precarias, encuadrados en sindicatos que nada tienen que ver con su actividad, y en los 20 años que lleva la actual conducción de Foetra, nada se hizo para dar una pelea consecuente.

Por otro lado, el tema de cuidados está presente desde el comienzo de la pandemia. Mayoritariamente son las mujeres quienes se ocupan de las tareas del hogar, del cuidado de la enseñanza escolar en el hogar de sus hijas e hijos o del cuidado de personas mayores. Estas desigualdades y prácticas “naturalizadas” en nuestra sociedad sobre la doble jornada laboral, si bien son parte de la agenda del feminismo y el movimiento de mujeres hace décadas, hoy cobran otra visibilidad. El mismo día que se votaba la media sanción, se conoció por distintos medios, una resolución conjunta del Ministerio de Trabajo y el Ministerio de las Mujeres, Géneros, y Diversidad que establecía licencias con goce de sueldo para personas responsables del cuidado de niños y niñas menores de 6 años y si tienen entre 6 y 12 años se podrían modificar los horarios para compatibilizarlos con las tareas de cuidado. Sin embargo, nunca se publicó en el Boletín Oficial y ninguno de los ministerios hizo declaraciones sobre el tema. Parece que el lobby empresarial actuó tan rápido que también le concedieron algo tan importante como el derecho a esta licencia con goce.

Teletrabajo en la pandemia: “Nuestros derechos valen más que sus ganancias”

Las patronales están aprovechando para imponer una reforma laboral en los hechos y el trabajo desregulado les viene como anillo al dedo.

Los y las trabajadores tenemos que empezar a discutir en asambleas virtuales de qué trata este proyecto de ley, y cómo organizarnos para que las empresas no nos flexibilicen aún más nuestro trabajo y nuestras vidas. Y para que en los hechos las empresas cumplan con la compensación económica que se ahorran, con las condiciones ergonométricas, el derecho a la desconexión y frenar con los aprietes para que aumentemos nuestra productividad, y que se apliquen las licencias pagas para las madres y padres con niños y niñas en edad escolar. Estas y todas las demandas tienen que ser tomadas por el conjunto de las y los trabajadores, discutidas democráticamente en asambleas de edificios, plenarios de delegados y delegadas con mandato, y una gran asamblea general para empezar a organizarnos contra los avances de los empresarios y los ataques que posiblemente vendrán, en el marco de una crisis social, económica y sanitaria.

Si logramos realizar cientos de asambleas virtuales en cada lugar de trabajo para discutir el proyecto, exigiendo que se cumpla ahora, y no 90 días post cuarentena, nuestra salud no puede esperar. Y rechazando además el "trabajo por objetivos" que se plantea en este proyecto que abre puertas a mayor flexilibilización.

Para eso, Foetra, las centrales sindicales y todos los sindicatos, deberían ponerse a la cabeza de impulsar estas instancias de debate y organización para que las trabajadoras y trabajadores, efectivos y tercerizados, sin divisiones, seamos quienes decidamos en algo que afecta a nuestra salud y vidas.

La única forma de no retroceder con los derechos conquistados e imponerles a las empresas condiciones de salubridad tanto en lo que hace al teletrabajo, al igual que el cumplimiento de las condiciones de higiene y seguridad y protocolos frente a casos de COVID, es organizar nuestra fuerza en asambleas, e impulsar comisiones de higiene y seguridad.

La fuerza organizada y coordinada con otros trabajadores es la que va a lograr que no seamos los trabajadores quienes paguemos la crisis. El ejemplo de la juventud trabajadora precarizada que se organiza nos marca el camino. Las vidas trabajadoras importan. (LID) Por Lorena Billone y Florencia Saracho.

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