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Rodolfo Kusch: un pensador de la rebeldía y las seducciones del poder

Muy pocos amigos permanecieron junto al maestro en los terribles años del exilio interior y de la subsistencia primordial. Su prédica insobornable revelando como nadie lo ha hecho, las complejidades del alma americana, fue sistemáticamente excluida de los espacios académicos y de las discusiones filosóficas, denostada como una incómoda presencia que no podía encasillarse en los relatos a la moda y, mucho menos, expresar la cruda realidad de un pensar fruto adocenado de siglos de asimilación a los dictados de las escuelas europeas.

3 de mayo de 2012| GRR Grupo de Reflexión Rural |

Esa incomodidad manifiesta de la inmensa obra de este pensador del mestizaje, de una profundidad apabullante y de un rigor intelectual extremo, fue causa suficiente para considerarlo un excéntrico que hablaba de mundos extinguidos y de sabidurías fronterizas, imposibles de acomodar en el altar de las modernidades y las categorías explicativas para la dolorosa carencia de nuestros productores de conocimientos, siempre comprometidos en la justificación de una colonialidad cultural abrumadora y en la negación de las expresiones de las antiguas resistencias populares al dominio de los relatos establecido.

Entrarle de lleno a la América Morena, poniendo el cuerpo y el alma, no era cosa fácil en esos años oscuros de la Alianza para el Progreso y la expansión imperial de la posguerra, mucho más cuando los Movimientos Nacionales de Liberación, comenzaban el largo camino de encontrar en sus propias raíces, el fundamento mismo de su existencia. Pensar desde aquí mismo y desde las entrañas del olvido, no podía ser más que una utopía irrealizable, cuando el mundo marchaba al unísono tras los dictados del desarrollo y el progreso, hacia las seguras murallas de la urbanización y la producción infinita.
Rodolfo Kusch, con una notable formación filosófica, se despojó hasta la desnudez misma, de las cadenas categoriales del pensamiento consentido, para entrar de lleno en los polvorientos caminos de los arrabales urbanos y los villorrios andinos. Lo hizo buscando la densidad fundante de las culturas olvidadas y los saberes comunes, en la soledad y la persistencia, de quien deja atrás los puertos seguros del reconocimiento intelectual, para buscar en el desamparo primigenio, el abrigo de los dioses y la ritualidad de las costumbres.

Su obra es como su vida, un desgarro existencial donde se comparte absolutamente todo, las largas travesías en las antiguas huellas y el pan de los pobres entregado al juego existencial de vivir nomás, y sin más que estar para ser en los otros como sí mismo.

Nadie puede disputar la carnalidad de su pensar, la abierta exposición de sus emociones y la germinación de un mundo tan antiguo como presente, en la incomodidad de pensar lo americano a la intemperie, lejos de los escritorios y los estrados, pero muy cerca de la Tierra misma y de los hombres y mujeres que la habitan .

Esa actitud y esa persistencia, hacen de su vasta obra, una extraña e implacable denuncia de las imposturas coloniales en todos los dominios del vivir y, en consecuencia, de la necesaria aventura de romper los moldes establecidos para encontrarnos a nosotros mismos, tal como somos y en el lugar donde estamos, que no es más que la búsqueda de nuestra autenticidad y nuestro arraigo.

Los que conocimos a Kusch en la cotidianidad de los días tormentosos tras el triunfo popular, y en los tiempos propios de los desvaríos de los años setenta, sabemos de su entrañable humanidad empeñada en comprender la historia grande de los pueblos, replegarse en las derrotas hasta encontrar refugio para sus cansados días en la recóndita Maimará, territorio de inmensas soledades y montañas misteriosas.

Emprender, tal como él lo hizo, en los lejanos años setenta una crítica demoledora a las filosofías de la Modernidad y a los mitos del desarrollo y la educación civilizada fueron, sin duda, tareas gigantescas, que anticipaban las luchas interminables que aún hoy llevamos adelante. Es un esfuerzo que cobra mayor sentido, cuando, en una de esas extrañas inversiones de la historia americana, los mismos que denostaban la posibilidad de pensarnos desde nosotros mismos como pueblo, hoy convalidan livianamente las nuevas estrategias de acomodar en sus relatos, las voces más enérgicas surgidas del trasfondo americano, para justificar culturalmente, los diseños neo-coloniales de la globalidad expandida.

Un manto de oscuridad impidió durante años, que el pensamiento de Kusch fuera conocido aún en su propia Patria. Ediciones dispersas, indiferencia de las industrias culturales, desinterés discursivo, sumado a la contumaz negación a un reflexionar situado, hicieron que su obra no llegara a los decisores culturales, mucho más cuando los vientos neoliberales soplaron sobre las agotadas resistencias populares y se extendieron en las nuevas doctrinas neodesarrollistas que parecen predominar en el consenso democrático regional.

Durante años nuestro pensador enseñó a generaciones de estudiantes a rebasar las fronteras de lo sabido y conocido, sembrando inquietud e interrogantes sobre la misma naturalización de la racionalidad y provocando la búsqueda de aquellas dimensiones de lo innombrable y lo impensable. Su tarea docente, casi una forma de subsistencia asalariada, le dejaba lugar para su verdadera insistencia; entrar de lleno en las profundas heridas de la colonialidad europea, entre los manuscritos de Guaman Poma y los dibujos de Santa Cruz Pachacuti, hasta los relatos de los pastores de la Puna y los campesinos bolivianos. Testimoniar la presencia de un pensamiento vigoroso y seminal, a contramano de las verdades aceptadas, en las grietas profundas de lo consentido y en las palabras nunca dichas de los relatos populares y las sacralidades encubiertas, fue su destino.

Su decisión temprana por las culturas populares lo hizo un ferviente peronista, cuando en los ámbitos universitarios, se condenaba literalmente tal pertinencia. Nada cómodo para un pensador, el enfrentar al monolítico alineamiento de la civilización frente a la barbarie. Fueron años de indiferencia que lo afirmaron en su obstinación por encontrar en las resistencias fronterizas e invisibles, los saberes olvidados y las cosmovisiones milenarias.

Acunamos con Rodolfo Kusch grandes proyectos, de creaciones populares en los barrios, teatro para las mayorías y cultura como cultivo de semillas. Imaginamos grandes encuentros sobre el Hombre Andino y las culturas oprimidas y los realizamos en esos tiempos vertiginosos del último Perón y las nuevas esperanzas nacionales. Pero terminamos en la amarga circunstancia del exilio, la tortura y la diáspora, cuando cambiaron los tiempos favorables y debimos asumir la extrema pobreza “del vivir nomás”, para persistir cuando los dioses nos abandonaron en la caída hacia el abismo de la historia y nos encontramos casi solos, sin amigos ni interlocutores, masticando una rabia ancestral. Esto, en Kusch, se tradujo en la más brillante producción reflexiva. En esos años terribles del exterminio y la persistencia, logró plasmar sus mejores obras, las más acabadas, las que demuestran implacablemente que es posible pensar en plenitud, desde el mismo desamparo y la indigencia vivida por los sectores populares en la larga noche de las dictaduras.

Pasaron mucho años y el legado de nuestro maestro fue alimentando nuevas perspectivas que se acrecentaron, como su figura, en la consideración de las nuevas clases ilustradas que accedieron a su obra en estos últimos años y creyeron, no sin conveniencia, poder enriquecer su patrimonio discursivo con la asimilación de la figura de Kusch a las nuevas lógicas del poder.

Se fueron abriendo de esa manera, lentamente, las puertas de los claustros universitarios y se consigue publicar sus Obras Completas. Muchos son, entonces, los jóvenes que revalorizan la mirada kuscheana en su afán de comprender las profundidades de las culturas americanas y así tratan de hallar nuevos caminos para enfrentar los desafíos de un mundo crecientemente complejo y hostil.

La impronta populista en la Argentina del presente, construye obcecadamente un nuevo panteón ideológico en que sustentar sus rígidos alineamientos con el creciente dominio de las Corporaciones Trasnacionales en el escenario global. El modelo productivo argentino, de extractivismo y exportación de materias primas, de sujeción absoluta a los dictados de los mercados globales, se apodera de los símbolos más queridos de la Historia Nacional. En una maniobra especular, se asumen como herederos directos de las luchas.

En ese apoderamiento compulsivo de la iconografía peronista, tras la gigantografía de la compañera Evita, las usinas intelectuales del Kirchnerismo gobernante, resaltan las figuras de Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Arturo Sampay, John W. Cooke, la Resistencia Peronista de los sesenta y las juventudes revolucionarias de los setenta, generando así un calculado sesgo de la memoria histórica que da sustento a sus prácticas políticas y justifica sus desvaríos progresistas y clientelares.

En estos días presenciamos los diferentes encuentros, jornadas y homenajes a Rodolfo Kusch, con extremo cuidado, sabedores de la inmensa distancia cultural y política que media entre aquel humilde sabio y los círculos áulicos del poder que pretenden medrar con su memoria. No es casual que los mismos claustros universitarios que lo expulsaron de sus cátedras, vuelvan a convocarlo, esta vez con la intención de asimilarlo de manera oportunista, a los imaginarios oficiales.

Muchos son quienes se acercan a estos actos atraídos por la potencia seductora de un pensar auténtico y raigal, las jóvenes generaciones de argentinos, casi sin maestros de vida, buscan en Kusch la palabra profunda y el ejemplo preciso. No dudamos de las buenas intenciones que guían estas aperturas, nos reconforta la exposición pública de su vida y su obra, pero no podemos aceptar que muchos de quienes hoy se arrogan la preservación de su memoria, fueran actores secundarios aunque necesarios del genocidio argentino o funcionarios expectantes de la traición menemista.
Entre tanto, el pretendido modelo argentino de los últimos 9 años, acentúa sus políticas neodesarrollistas promocionando la consigna: “Ciencia, Tecnología y Producción”, y extendiendo la producción de monocultivos transgénicos con la intensión de “Industrializar la ruralidad”, destruyendo los ecosistemas y expulsando a las poblaciones campesinas a las márgenes urbanas, mientras consolida el extractivismo minero de la Cordillera, en megaproyectos demenciales.

¿Cómo podría entonces conciliarse esta dura realidad del país Colonial con quién encarna como nadie lo ha hecho, la más profunda crítica al Pensamiento Científico, las tecnologías destructivas y el desarrollismo económico? ¿Cómo podría Rodolfo Kusch avalar las políticas clientelares y de control social que complementan el modelo, cuando comprometió su vida con ese Movimiento libertario y plebeyo que supo ser el Peronismo? ¿Cómo podría asimilarse a Kusch en el Paradigma civilizatorio occidental y el pensamiento único, cuando se empeñó en la defensa de las culturas con arraigo a la tierra, las comunidades campesinas y las mitologías populares, la vida rural y los sistemas productivos agrarios y ecológicos?

Creemos necesario interrogarnos sobre estas cuestiones lacerantes del presente, asumiendo en toda su dimensión el pensamiento de Rodolfo Kusch, sin fragmentaciones utilitarias ni recortes intencionados, para comprender la verdadera profundidad de la tragedia argentina, precisamente desde quién supo desentrañar los más perversos mecanismos de la Modernidad/ Colonialidad.

Nos queda la tarea inconclusa de recuperar el Pensamiento Nacional, a sus hombres y a sus obras, pero debemos hacerlo desde un verdadero Proyecto Nacional con Soberanía y Justicia, tal como lo quería Rodolfo Kusch y lo intentamos ahora, diariamente, sus antiguos discípulos y las nuevas generaciones argentinas.

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