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"Este proyecto de reforma laboral es posible por la pasividad de la CGT"

En esta entrevista, Clara Marticorena, investigadora del CEIL-CONICET y docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA analiza la contrarreforma laboral que se proponen el gobierno

6 de noviembre

El Gobierno propone un blanqueo laboral que abarata las contribuciones patronales ¿Qué opinión tenés sobre el efecto que pueda tener sobre el aumento en el registro de trabajadores y en el empleo?

En primer lugar, es evidentemente que hay un cambio en la táctica del gobierno luego de los resultados en las elecciones. Lo que venía planteando el ministro de Trabajo era que la idea era avanzar en cambios en los convenios y en las condiciones laborales a través de negociaciones sectoriales. Esto es algo que ya venían haciendo, en sectores que manifestaban crisis como el sector petrolero, o la industria láctea. Ahora apuntan a una propuesta de reforma laboral muy amplia, que está articulada con la reforma tributaria y previsional. Es decir que afecta claramente al conjunto de los trabajadores, tanto activos como pasivos. En ese sentido marca un intento de ofensiva mucho más fuerte de lo que venían planteando hasta ahora. Aún está a nivel de proyecto, no fue girado todavía al Congreso, pero es a la medida de las cámaras empresarias.

Es llamativo que este borrador haya circulado tan ampliamente antes de ser enviado al Congreso, lo cual seguramente forma parte de la estrategia del gobierno de hacer un avance mucho más ofensivo en el cercenamiento de derechos y conquistas para luego, en todo caso, en función de la respuesta social que este intento tenga, retroceder en algunos aspectos pero garantizando avances en puntos centrales.

Otra cuestión que podemos pensar en este contexto es que es una ofensiva patronal que no está centrada sólo o principalmente en la baja del salario real, sino que busca avanzar más claramente en el aumento de la tasa de explotación vía intensificación, extensión del tiempo de trabajo, es decir todo lo que hace a las modificaciones de las formas o las condiciones de uso de la fuerza de trabajo. Esto me parece importante por los distintos contenidos de este borrador de proyecto que no fue todavía enviado al Congreso pero ya está circulando.

Respecto de la propuesta de blanqueo, en distintos momentos históricos en los que se planteo este camino o la baja de aportes patronales como forma de mejorar el registro de los trabajadores y aumentar el empleo, está mostrado que no tiene este resultado. El abaratamiento de las contribuciones patronales lo que habilita en primer lugar es un aumento de la ganancia empresaria, y en segundo término se puede decir que implica una menor captación de una parte de esa ganancia por parte del Estado. En los ‘90 hubo una rebaja muy importante de los aportes patronales, que pasaron de estar en torno del 30 % a alrededor del 17 % en el 2000, mientras que a la vez el empleo no registrado aumentó sistemáticamente. No parece entonces que esto pueda pensarse como un incentivo a blanquear a los trabajadores, porque en un contexto de aumento del desempleo, o donde la clase trabajadora está a la defensiva, las patronales aprovechan incluso más que en otros contextos para contratar en negro y flexibilizar en todos los aspectos que puedan las condiciones de trabajo.

Hay otras iniciativas orientadas a aumentar los niveles de precarización (abaratar las indemnizaciones, exención de responsabilidad sobre tercerizadas, extensión de pasantías, etc) y flexibilización laboral (banco de horas, modificación de modalidades laborales). ¿En qué medida esto afecta derechos actuales de los trabajadores?

Claramente hay varios puntos de este borrador de propuesta de proyecto para enviar al Congreso, que se está discutiendo con la CGT, que afectan distintos aspectos de la legislación laboral. Uno de los artículos que más controversias está generando con la CGT y dentro de la CGT, es el que define el concepto de trabajo. En este no hay distinción entre quienes son propietarios de los medios de producción y los que sólo pueden vender su fuerza de trabajo para vivir, sino que capital y trabajo aparecen como “factores de trabajo” en la producción. En la legislación vigente está el concepto de relación de dependencia, que con esta reforma desaparecería.

Después hay otros avances que implican una mayor precarización y flexibilización respecto de los derechos laborales vigentes. Podemos mencionar la condonación de deudas por aportes patronales vinculada al blanqueo, o esta idea de la registración temporal irregular, el punto sobre la eliminación de la responsabilidad patronal en casos de tercerización, o la creación del banco de horas y la extensión de la jornada a 10 horas que está incluida dentro de ese artículo. Es importante tener en cuenta que en el año 1991 la Ley Nacional de Empleo, que es la primer ley de reforma laboral del menemismo, introduce la posibilidad de calcular jornadas en base a promedio, lo que habilita que esto sea incorporado a través de la negociación colectiva. Este artículo permanece vigente, no se modificó durante el kirchnerismo. Y es muy común en varias actividades la aplicación del banco de horas, como ocurre sobre todo en la automotriz, pero también en la textil. Pero hay otra modalidad, que no es la del banco de horas pero que también existe hoy, que es la de los turnos americanos o rotativos. Obviamente lo que se busca es un avasallamiento sobre los derechos legalmente establecidos, pero la jornada laboral ya tiene distintas formas de flexibilización en la actualidad a través de jornadas en base a promedio, turnos rotativos, turno americano. La nueva legislación apuntaría a difundir aún más y profundizar estas formas de explotación de la fuerza de trabajo.

Al menos hasta ahora los anuncios no hicieron eje sobre las formas de organización del movimiento obrero ¿Crees que se trata de una concesión a la burocracia sindical para hacer pasar la reforma o que el Gobierno intentará avanzar también en este aspecto?

Podemos decir que lo que se intenta sigue bastante un estilo noventista. La estrategia de Menem fue modificar aspectos vinculados a condiciones del “derecho individual” del trabajo, manteniendo ciertos puntos clave del modelo sindical argentino como forma de negociación con la burocracia sindical de la CGT. Hasta ahora parece que se sigue bastante ese esquema; después habrá que ver si se proponen avances más importantes sobre la organización del movimiento sindical.

Este proyecto de reforma laboral es posible por la pasividad de la CGT, principalmente ante los despidos y la política antisindical que ha desarrollado el gobierno en distintos sectores. Pero en todo caso podemos ver que la burocracia sindical estaría dispuesta a revisar algunos aspectos en las condiciones del contrato individual de trabajo, dejando pasar una mayor flexibilización, tratando a cambio de mantener ciertas condiciones del modelo sindical, como son la personería gremial, el manejo de las obras sociales, y el sindicato por actividad. El menemismo avanzó en los ‘90 en la descentralización de la negociación colectiva, pero no en la descentralización de la representación de los trabajadores. Es decir que se avanzó en implementar la negociación por empresa, pero estas fueron llevadas a cabo por los sindicatos de actividad o por las federaciones. (LID)

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