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Deuda: llegó el día D, pero la película sigue y no promete un final feliz

Hoy la Argentina entrará en un default “técnico” o “anecdótico”. Pero seguirá la negociación a ritmo frenético como si nada con los acreedores.

22 de mayo

Hoy a las 17 hs. de Nueva York (18 hs. en Buenos Aires) la Argentina ingresará otra vez en default. Es el resultado del cronograma puesto en marcha el 22 de abril, cuando el gobierno dejó sin pagar USD 503 millones correspondientes a los bonos Globales 2021, 2026 y 2046. Son tres papeles emitidos en 2016 por el gobierno de Macri, en el punto más álgido de la fiesta financiera que se inició después de pagar jugosos USD 10.000 millones a los fondos buitres.

El impago del 22 de abril ocurrió en el marco del proceso de reestructuración iniciado formalmente el 16 de abril, cuando el ministro de Economía Martín Guzmán presentó ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de EE. UU. la oferta de canje para los tenedores de bonos proponiendo una quita cercana al 60 % del valor nominal de los títulos. Como estos venían cotizando a 30 % de su valor por las perspectivas de default, esta propuesta no es pura pérdida. Pero los lobos de Wall Street afilaron los dientes para sacar más. Por eso el 8 de mayo, cuando se cumplía el plazo para responder la oferta, el rechazo fue masivo: menos de 20 % de los bonistas aceptó canjear (casi todos tenedores locales). Fue entonces que el gobierno anunció como nuevo plazo máximo el 22 de mayo, que coincide con el plazo de gracia de 30 días desde que se dejó de pagar los bonos Global. Si hoy no se anuncia acuerdo, ni el gobierno retrocede y paga (como hizo Kicillof en la Provincia de Buenos Aires en febrero), habrá default.

“Técnico”, o “anecdótico”, son algunos de los adjetivos que ya se le endilgan a modo de atenuante a esta cesación de pagos que se hará efectiva al cierre de la jornada de hoy. Esto se debe a que este evento se ha convertido casi en una anécdota cuyas consecuencias se estiman acotadas, en el marco de una negociación en la que las partes (el gobierno y los acreedores de mayor peso, los grandes fondos como BlackRock o Templeton que tienen buena parte de los títulos), vienen acercando posiciones en la última semana. Después del NO contundente a Guzmán del 8/5, empezó el juego de las contraofertas. BlackRock, el fondo acreedor que venía siendo el más duro contra Guzmán (y uno de los que más bonos tiene), sugirió este miércoles a los otros acreedores con los que formó un frente negociador que bajaran la expectativa de valor actual de los bonos a 50-55 %, cuando hace unos días pretendían 60-65 %. La distancia con la propuesta oficial ronda los 10 puntos porcentuales. Por eso casi todos los actores involucrados especulan que el acuerdo para reestructurar la deuda en manos de acreedores privados bajo legislación extranjera no llegará a tiempo para evitar el default, pero podría ocurrir en las próximas semanas.

¿Qué pasará el lunes?

Hasta marzo de este año, en ese lejano tiempo anterior a la crisis sanitaria, dejar de pagar era presentado como una de las peores catástrofes que le podía ocurrir a la economía argentina. En esto encontrábamos coincidencias entre los economistas que son voceros casi abiertamente de los bonistas, y algunos heterodoxos cercanos al gobierno como Álvarez Agis. Hoy resulta difícil decir que si se deja de pagar la deuda el país se caerá del mundo o se quedará sin crédito. Fue el mundo el que se cayó y el grifo del crédito no volverá a abrirse por largo rato para el país aun acordando.

La amenaza de una catarata de juicios en Nueva York, como el que permitió a los buitres embargar la fragata Libertad en 2012 y trabar embargo sobre fondos argentinos en 2014, no aparece en el horizonte inmediato. Estos bonos emitidos en 2016, tienen cláusulas especiales que ponen límite para el inicio de acciones judiciales: el piso mínimo para realizarlas es un acuerdo del 25 % de los acreedores, y además recién podrán esperar cobrar al vencimiento de los bonos. Por eso la cosa podría no pasar todavía a mayores en este terreno.

No obstante, la cesación de pagos, así como está planteada, tendrá consecuencias en algunos planos muy sensibles, en los que el gobierno desde que asumió empeoró todo por la “buena fe” que se empeñó en mostrar a los lobos de Wall Street. La captura de casi USD 5.000 millones del Banco Central (BCRA) paga pagar deuda bajo legislación extranjera (y también en parte local), algo que Guzmán hizo regularmente hasta el 22 de abril, deja al país más expuesto a las inestabilidades que puede producir la cesación de pagos.

Estas inestabilidades vendrían de un sostenimiento e incluso aceleración de tendencia que observamos en estas últimas semanas: el salto de las cotizaciones del dólar paralelo y financieros, y la salida de los depósitos en dólares del sistema financiero. Son dos muestras de una fuga de ahorros que puede complicar aun más a una economía en estado de K.O. por el shock de la pandemia. El salto del paralelo, que se alimenta también de la emisión monetaria puede volver a alimentar la inflación hoy dormida por la parálisis productiva. Y además puede conspirar contra la liquidación de divisas del “agropower”, siempre propenso a especular con devaluaciones que mejoren sus ganancias.

Entrar en cesación de pagos después de haber usado casi hasta el último dólar para pagar, es decir sin red de contención, y sin tomar medidas clave como estatizar los bancos y proteger los depótitos o establecer el monopolio del comercio exterior, puede resultar desestabilizador en el corto plazo. En el largo plazo, dejará al país sin financiamiento, algo ruinoso sobre todo para una burguesía que apela a esta fuente para solventar su valorización y giro al exterior de fondos. Por eso, como vimos después del default de 2001 declarado por Rodríguez Saá, y aplaudido masivamente en el Congreso, la presión de los capitalistas, el FMI y las potencias imperialistas llevó a Kirchner a reestructuar la deuda para volver a pagar. Como Sísifo, Kirchner volvió a levantar la pesada roca de la deuda, dando la espalda a todas las denuncias sobre su carácter odioso y los ilícitos acumulados en el proceso desde la dictadura. Fue así como, al cabo de algunos años de pagos seriales y de fuga de capitales, el país se estrelló de vuelta contra el faltante de dólares a pesar del boom de los commodities. Renegociar una y otra vez una deuda usuraria, ilegítima, y odiosa, es uno de los factores que explican la profundización de la decadencia nacional de las últimas décadas. No hay motivos para esperar que esta vez, en medio de una crisis mundial sin precedentes, vaya a ser diferente.

Spoiler: la película no tiene final feliz

El “éxito” al que aspiran Alberto Fernández y Martín Guzmán en el canje de la deuda (que después de la negociación con los privados seguirá con el Fondo Monetario Internacional), apenas equivale a pedir algunos años se gracia para la ejecución de la hipoteca. La tasa que buscan pactar, aunque es vista como un drástico recorte por los bonistas que pretenden obtener su libra de carne, seguirá siendo varias veces la que rige internacionalmente. Y la Argentina deberá conseguir elevados excedentes de dólares y resultado fiscal positivo para no estrellarse otra vez en poco tiempo. Habrá que ver, después, qué es lo que exige el FMI para concederle a la Argentina más tiempo para devolver la plata que le prestaron a Macri para la campaña electoral. Por mucho que se hable de un “nuevo nuevo FMI” (lo mismo que decían Macri y su ministro Nicolás Dujovne en 2018) será difícil que el directorio (donde se sientan las grandes potencias y EE. UU. tiene poder de veto) se vean inclinados a ser indulgentes con la Argentina. Podrán dar tiempo, a cambio de regresar con la agenda que siempre trae bajo el brazo el organismo: reformas estructurales (que incluyen al régimen jubilatorio, apertura económica y privatizaciones). No para un 2020 consumido por la pandemia, pero sí para el día después.

No hay salida al tema de la deuda bajo los dictados de los lobos de Wall Street y el FMI. Los acreedores prestaron a sabiendas de que la deuda era impagable, y ahora pretenden ser rescatados para seguir desangrando al país. Para esta deuda odiosa, solo cabe el repudio soberano. Debemos movilizarnos por este objetivo que debe ir de la mano de otras medidas urgentes para atacar las maniobras de los especuladores: nacionalizar los bancos y conformar una banca estatal única que asegure los depósitos para los pequeños ahorristas y otorgue el crédito que hoy los banqueros retacean, e imponer un monopolio estatal del comercio exterior, que hoy está virtualmente privatizado en manos de 50 empresas que chantejean al país y manipulan sus operaciones con filiales extranjeras. Esta es la única forma de poner fin al ruinoso negocio de la deuda, que los grandes empresarios nacionales aliados al imperialismo quieren perpetuar para llevarse su cuota del saqueo nacional mediante la fuga. Solo así podremos salir del círculo vicioso de la decadencia y el atraso del capitalismo dependiente argentino. (LID) Por Esteban Mercatante

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