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Científicos informan a la ONU que la economía actual es inviable para la supervivencia del planeta

Convocados por el Instituto Global de Sostenibilidad, los especialistas señalan que “las economías han agotado la capacidad de los ecosistemas para manejar los desechos generados por la energía”.

En 2019 la Organización de Naciones Unidas (ONU) deberá publicar su nuevo Informe Global para el Desarrollo Sostenible, cuyo objetivo es contribuir con una sólida base científica en la elaboración de políticas que permitan a la ONU terminar con la pobreza y el hambre para el año 2030. Por esta razón el Instituto Global de Sostenibilidad (IGS) ha convocado a varios especialistas para que envíen sus investigaciones al respecto.

En respuesta a la convocatoria, la unidad de investigación BIOS, un grupo de científicos independientes radicado en Helsinki (Finlandia), publicó el pasado 14 de agosto Governance of Economic Transition, un documento de referencias científicas sobre la gobernabilidad en una transición económica marcada por el cambio climático, la caída en la tasa de retorno energético y la pérdida de biodiversidad.

“Vivimos en una era de agitación y cambio profundo en las bases energéticas y materiales de las economías. La era de la energía barata está llegando a su fin”, declararon en su estudio. “Las economías han agotado la capacidad de los ecosistemas planetarios para manejar los desechos generados por la energía y el uso material”.

Imagen: Paavo Järvensivu, economista biofísico de la Universidad Aalto a cargo del informe de BIOS.

El estudio interdisciplinario estuvo a cargo del economista biofísico Paavo Järvensivu, de la Universidad Aalto, y contó con la participación del paleoclimatólogo de la Universidad de Helsinki Jussi Eronen, del cientista político Tero Toivanen, de los filósofos Tere Vadén y Ville Source, y del artista Antti Majava.

¿Nuevo pensamiento económico para los años turbulentos que se avecinan? Según los especialistas, décadas de trabajo académico en economía ecológica se han dedicado a integrar acciones, flujos y límites energéticos y materiales en el pensamiento económico. Sin embargo, pese al progreso a nivel teórico los modelos económicos que informan la toma de decisiones en los países ricos ignoran casi por completo las dimensiones energéticas y materiales de la economía.

“Las teorías económicas, los enfoques y los modelos dominantes de la actualidad se desarrollaron durante la era de la abundancia energética y material”, señalan en su informe. Y aunque fueron desafiados solo temporalmente por las crisis del petróleo de los años setenta y noventa, “no sufrieron cambios teóricos o políticos significativos”. Basándose en la presuposición de un crecimiento energético y material constante, solo anticipan cambios incrementales en el orden económico, viéndose “inadecuadas para explicar la agitación actual”.

Paavo Järvensivu y sus compañeros señalan que, aunque los economistas suelen enfatizar en los precios del carbono como una herramienta para enfrentar el cambio climático, los científicos naturales y grupos multidisciplinarios de investigación ambiental defienden un compromiso político más profundo y una gobernabilidad proactiva de la transición económica.

“Esta diferencia de perspectiva se debe en parte a los avances relativamente recientes en la investigación ambiental, que han revelado un declive más rápido de lo esperado en los ecosistemas naturales y toman en cuenta toda la gama de presiones inducidas por el hombre”, indican. Basándose, además, en la presuposición de un crecimiento energético y material constante, solo anticipan cambios incrementales en el orden económico, viéndose “inadecuadas para explicar la agitación actual”.

Transformaciones en energía, transporte, alimentos y vivienda Según BIOS, las economías “necesitan transformar las formas en que la energía, el transporte, los alimentos y la vivienda se producen y consumen. El resultado debería ser la producción y el consumo que ofrezcan oportunidades decentes para una buena vida y reduzcan drásticamente la carga sobre los ecosistemas”.

Actualmente el 80 % del suministro mundial de energía primaria neta proviene de los combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón), responsables de la industrialización de las naciones. Sin embargo, ahora toda la infraestructura energética necesita ser transformada, debido a que la Tasa de Retorno Energético (TRE) disminuye en todo el espectro: “Los combustibles no convencionales generan menos energía que los convencionales, cuya producción ya alcanzó su punto máximo, y las sociedades deben abandonar los combustibles fósiles por su impacto en el clima”.

En las ciudades, se debe enfatizar el caminar y andar en bicicleta, y el resto del transporte debe estar electrificado en gran medida, lo que requerirá “cambios en la planificación urbana (por ejemplo, cómo las casas y lugares de trabajo están conectados entre sí y cuán conveniente es el ciclismo)”. Debido a la menor necesidad y capacidad de tránsito rápido, el resultado general será menos transporte en lugar de más.

En los países en desarrollo, la exportación intensiva de materias primas y la importación de artículos alimenticios básicos baratos no ha sido beneficioso para las comunidades locales: “Una amplia gama de investigaciones muestra que los países en desarrollo deberían centrarse en proporcionar una nutrición diversa para su propio pueblo y, por lo tanto, aumentar las oportunidades de medios de subsistencia locales y mejorar las condiciones sociomateriales en general”.

Simultáneamente, la mayoría de los países enfrentan grandes desafíos ambientales en la producción de alimentos: “Será demasiado arriesgado confiar en el funcionamiento de solo unas pocas áreas principales de producción de alimentos o monocultivos en el futuro”, lo que tendrá repercusiones para el comercio internacional de alimentos.

“Los países que actualmente dependen de cantidades significativas de importaciones de alimentos deberán alcanzar un alto grado de autosuficiencia alimentaria, y el comercio internacional de alimentos recuperará su posición como un componente crucial de la seguridad alimentaria en lugar de servir como un mercado de productos básicos”, indica el estudio.

Actualmente, la industria de la construcción está dominada por el concreto y el acero, cuya fabricación y otros procesos del ciclo de vida requieren mucha energía y causan emisiones climáticas significativas y otros tipos de desechos. “Los edificios de madera de larga duración, por el contrario, pueden proporcionar almacenamiento de carbono”, señalan desde BIOS, lo que requerirá “cambios en toda la red de producción, comenzando por la silvicultura, en la que los usos de la construcción compiten, por ejemplo, con los usos de papel y energía”.

Mercados subordinados a la planificación estatal centralizada Por otra parte, los investigadores tomando los casos de energía, transporte, alimentos y vivienda, señalan que “se requiere una gobernanza política sólida para lograr las transiciones clave. La acción basada en el mercado no será suficiente, incluso con un alto precio del carbono. Debe haber una visión integral y planes estrechamente coordinados”.

Para ello han propuesto, por una parte, una intervención estatal para una lógica comercial única que respalde la transición a la sostenibilidad a nivel sistémico y, por otra parte, un presupuesto estatal para invertir en la sostenibilidad y limitar la actividad económica de uso intensivo de recursos.

Buscando un cambio teórico en lo económico para apoyar la gobernabilidad de transición Para realizar su análisis crítico, los investigadores de Helsinki desarrollaron los fundamentos de una nueva teoría económica, “el poskeynesianismo”: “Mientras que la escuela neoclásica de teoría económica parte de un conjunto de axiomas teóricos que representan la realidad en términos de funciones matemáticas simplificadas que conducen al equilibrio y que se presupone que se mantienen en cualquier situación histórica, la escuela poskeynesiana construye sus teorías sobre las instituciones económicas existentes”.

“El análisis poskeynesiano es de naturaleza histórica, los mercados no existirían sin regulación política. No supone que los mercados siempre busquen el equilibrio, sino que mantiene que las economías capitalistas tienden a generar burbujas en el mercado y otras crisis. Los mercados no conducen a resultados social y ecológicamente deseables por sí mismos, sino que requieren una orientación política activa”.

Según el grupo de Järvensivu, “a diferencia de los recursos naturales, sociales y tecnológicos, las monedas soberanas no son un factor limitante en la acción colectiva, como la transición a la sostenibilidad”. En otras palabras, “desde esta perspectiva, la acción colectiva, organizada al menos en parte a través del Estado, debería guiarse no por la necesidad de asegurar fondos públicos, sino en base a los objetivos sociales y las condiciones materiales de frontera”.

Para BIOS, los poskeynesianos han sugerido una llamada garantía de trabajo para que todas las personas capaces y dispuestas a trabajar pudieran obtener un trabajo permanente, financiado por el Estado y administrado localmente: “Los trabajos podrían modelarse para servir a la transición a la sostenibilidad y para crear capacidades para adaptarse al cambio climático, por ejemplo, instalando soluciones de energía descentralizadas y preparándose para las inundaciones”. Además de desencadenar la transición, “la garantía laboral aseguraría el pleno empleo, reduciendo la inseguridad y la necesidad de competir por empleos ambientalmente destructivos a nivel individual y colectivo”, señalan.

Según los investigadores, el enfoque poskeynesiano desafía la ortodoxia económica y apoya las transiciones de sostenibilidad en el actual contexto económico y político de los países occidentales y otros países ordenados de manera similar.

Sin embargo, BIOS también indica en su informe que “más allá de la teoría poskeynesiana, puede haber una variedad de teorías económicas que respalden transiciones rápidas material y ecológicamente beneficiosas. El requisito teórico clave es que deben permitir que la política reconozca los objetivos sociales transformadores y los límites materiales de la actividad económica”.

El nuevo orden geopolítico durante y después de la gobernabilidad de transición Si bien es cierto que es difícil predecir el resultado cuando se trata de transformaciones a gran escala, para el grupo de investigación BIOS, estas medidas políticas, de conjunto, significan para la economía mundial y la geopolítica “un mundo keynesiano con fronteras planetarias”: economías únicas, autónomas y sociedades que participan en el comercio internacional regulado por razones específicas, como la seguridad alimentaria, en lugar de hacerlo por el libre comercio como principio.

“Los individuos, las organizaciones y las naciones abordarían la economía como una herramienta para permitir una buena vida en lugar de un fin en sí mismo. La actividad económica ganará significado no al lograr el crecimiento económico sino al reconstruir la infraestructura y las prácticas hacia un mundo de combustibles posfósiles con una carga radicalmente menor sobre los ecosistemas naturales”.

El cambio climático y otros cambios ambientales amenazan los medios de subsistencia en todo el planeta, siendo motivo de migración masiva. Según BIOS, “es de interés para todos los países mantener oportunidades locales para una buena vida.

El enfoque en los objetivos de mejora de la vida y de reducción de las emisiones en lugar de objetivos económicos abstractos también caracterizaría las relaciones entre los países en desarrollo y los países desarrollados: “La actividad económica entre ellos consistiría en el aprendizaje bidireccional con el fin de construir nuevas infraestructuras y prácticas localmente adecuadas en ambos extremos. Este tipo de gobierno económico proactivo liderado por el Estado, orientado hacia la producción y el consumo autosostenido, es contrario al orden político mundial actualmente dominante, que se ha organizado en torno al libre comercio internacional”. (LID)

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