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Alberto Fernández y Macri estarán juntos en Luján en una misa "por la unidad y la paz"

Convocada a dos días del cambio de mando presidencial, la misa por la "unidad y la paz" pone de relieve la importancia del diálogo con la Iglesia por parte del gobierno saliente y más aún del que asumirá, como parte de contener los sectores más empobrecidos y evitar el contagio de las protestas que recorren América Latina.

29 de noviembre

Dos días antes del traspaso del mando presidencial, el domingo 8 de diciembre, Mauricio Macri y Alberto Fernández confirmaron su presencia en la basílica de Luján.
La conducción del Episcopado -que reúne a los obispos de todo el país- convocó con ocasión del Día de la Virgen a una misa “por la unidad y la paz”.

El obispo Oscar Ojea de San Isidro y presidente del Episcopado, va a ser quien presida la misa, mientras que la homilía será a cargo del monseñor Jorge Eduardo Scheinig, arzobispo de Mercedes, Luján.

La Conferencia Episcopal Argentina expresó que "se encuentran convocados todos los que sientan el profundo deseo de rezar por la Patria, pidiendo juntos la unidad y la paz de todos los argentinos", mientras confirmaba la participación de Macri y Fernández.

Aunque pueda parecer un nuevo gesto para “cerrar la grieta”, en los últimos meses más allá de los discursos, lo cierto es que los gestos de Fernández para con Macri fueron para sostener una transición ordenada, mientras la devaluación se disparó en medio de las elecciones y los trabajadores y sectores populares fueron quienes están pagando sus consecuencias. Algunos ejemplos fueron justificar que “el dólar a 60 estaba bien”, cercano a Magnetto del grupo Clarín, y coincidiendo en un aspecto fundamental: la deuda externa contraída por Macri, que significó mayor dependencia y hambre en Argentina, se debe respetar y pagar. Por este lado, la misa compartida no sería un acercamiento tan novedoso.

Lo que salta a la luz es la importancia de la Iglesia y su un valor estratégico para el gobierno que asume en diciembre: el poder de contención a los sectores más empobrecidos y hambreados vía la asistencia social. El Episcopado busca jugar un rol clave al posar de voceros de los pobres, con su retórica sobre las desigualdades y el hambre, para ser uno de los actores que dialogue con el nuevo gobierno y los empresarios. Fernández por su parte viene evaluando desembolsos desde el Ministerio de Desarrollo Social para aguantar una situación insostenible para millones.

La presencia de Fernández en la misa es parte de un diálogo con el Episcopado que se viene desarrollando desde hace rato, y más precisamente con su presidente Ojea. Hace pocos días Fernández se reunió en la sede de la Conferencia Episcopal con diversas organizaciones sociales, todas integrantes o adherentes del Frente de Todos, donde estuvo presente el obispo Jorge Lugones, titular de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social. Allí les anunció que prepara el plan “Argentina contra el hambre”, que lo llevaría adelante un concejo que responderá directamente al Ejecutivo.

Para eso necesariamente quedan a un costado para el presidente electo, como si no fuera parte de la misma realidad de esta institución, el compromiso de la Iglesia para encubrir curas abusadores, como mostró la condena al cura Lorenzo en el caso Provolo esta semana; su oposición férrea al derecho al aborto, y a derechos sexuales y reproductivos; o al matrimonio igualitario.

Ni hablar de que la misma Iglesia que a principios de noviembre elogiaba la democracia argentina, es la institución que avaló, acompañó y fue cómplice de cada dictadura militar en Argentina y sus delitos de lesa humanidad, así como actualmente es parte del golpe de estado en Bolivia mientras el Papa Francisco mantiene un silencio cómplice.

El llamado a la unidad y paz que hace la Iglesia, y que atienden Macri y Fernández, solo se puede comprender a la luz de los acontecimientos actuales en América Latina y la crisis que atraviesa Argentina.

La cercanía de Fernández con la Iglesia se hace fundamental en un país donde sigue creciendo la pobreza cada mes, la desocupación y el hambre de los trabajadores y sectores populares, y como Alberto bien sabe y dijo en la conferencia de la UIA, advertir los estallidos contra gobiernos que ajustan.

Por eso una de las primeras tareas ineludibles, es que mientras busca renegociar y cumplir con los pagos de deuda externa, no estallen protestas y revueltas contra los gobiernos y su ajuste, como está sucediendo en Chile, Ecuador, Colombia. Para esto, tener la invaluable contención de la Iglesia a los movimientos sociales es una tarea que confirmará Fernández incluso desde antes de asumir como presidente, en una misa que se convertirá en un acto político. (LID)

Por Larisa Pérez

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