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Abuso policial en Salta: “A los que no hacían bien las flexiones les pegaban con un garrote”

Un joven electricista que vive en la ciudad de Orán distante a unos 230 kilómetros al norte de la capital salteña, fue detenido mientras buscaba mercadería. Omar relata el abuso policial en la cuarentena obligatoria.

28 de marzo

José contó a un medio de comunicación que sufrió fuertes maltratos por parte de la Policía de Salta. Sostuvo en la Revista Cítrica que "en Orán siempre ocurren apremios ilegales por parte de la Policía. Está vallado todo el centro por las fuerzas de seguridad, en los barrios pobres de la villa no hay concientización, la gente circula. Los directores de los hospitales ocultan casos. Nosotros somos conscientes de que la gente del Gobierno no nos cuida”.

“Ayer salí de mi casa, a cuatro cuadras de donde vivo, empieza el centro. El comisario Villafuerte me conoce, respeté el control porque uno supone que, en un Estado de derecho, se tienen que garantizar los derechos. Le explico al comisario que estaba yendo a la farmacia y al mercado. Me dice que yo estaba infringiendo el DNU por no tener permiso, y por eso me iba a llevar a la comisaría”, prosiguió.

“Me defendí diciendo que la fiscal, el juez y el comisario serían responsables de mi integridad física porque en la comisaría todos los presos están hacinados, ahí también se violan los derechos constitucionales. Ellos están infringiendo la ley que quieren hacer cumplir. Me llevaron a la comisaría, éramos 14 detenidos ese día, llegamos a ser 30. Luego llegaron más policías con barbijos y garrotes a preguntar quiénes eran los inadaptados que estaban rompiendo la cuarentena, nos decían que por culpa nuestra sus hijos se iban a enfermar, como si nosotros no tuviéramos hijos y familia. Por lo tanto, teníamos que hacer lo que ellos nos dijeran. Nos decían que teníamos que obedecerlos por ser unos giles que enfermamos a la gente”.

“Empezaron las órdenes: mano en la nuca, contra la pared. Nos obligaron a hacer flexiones y lagartijas y todo lo que se les ocurría a ellos. Uno de los policías se me acercó, yo estaba sentado porque tengo la rodilla recién operada, me obligaba y yo le contesté que él tenía que respetar mis derechos, y que ninguno de nosotros estábamos delinquiendo”.

“Éramos todas personas de bajos recursos, no había gente de clase media, todos laburantes que salimos a trabajar para conseguir plata para la comida del día, en ojotas, la ropa llena de cemento. Venían todos de trabajar, para buscar comida para sus hijos. Yo tengo un hijo de 5 años. Me amenazaron que me iban a pegar, pero no lo hicieron porque me conocen y les dije que los iba a denunciar. A las demás personas les pegaban con un garrote en la espalda, y a los que no hacían bien las flexiones les pegaban para que las hagan bien. Diez flexiones tenías que hacer, y si a la tercera la hacías mal tenías que empezar de nuevo. Estuvimos detenidos desde las siete de la tarde hasta las dos de la mañana. Eso es todo un circo que armó la Policía para aparentar que trabajan”.

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