En 2024, se detectaron en Salta casi mil casos de tuberculosis
Este 24 de marzo se conmemora un nuevo aniversario del Día Mundial de la Tuberculosis. Nos parece oportuno reflexionar sobre las consecuencias sanitarias, sociales y económicas de la tuberculosis. En la actualidad sigue siendo un desafío pensar cómo podría erradicarse esta enfermedad prevenible y curable, asociada a desigualdades sociales y problemáticas ambientales, y que data de registros de más de 10 mil años de antigüedad.
En el año 2024 se diagnosticaron en la provincia de Salta 967 nuevos casos de tuberculosis, 62 más que los diagnósticos del año 2023. En el año 2022 la cantidad fue de 852. La tuberculosis provocó la muerte de 119 personas en el 2023.
El jefe del programa provincial de Tuberculosis, Guillermo Villagra, informó que, del total de nuevos diagnósticos, 566 corresponden a varones (59%) y 401 a mujeres (49%).
Según el lugar de residencia, 308 diagnósticos corresponden al departamento Capital (32%) y 659 al resto de la provincia (68%). El 14% de los nuevos diagnósticos corresponden a individuos hasta los 19 años (136) y el 86% restante a mayores de esa edad (831).
Villagra también informó que en el año 2024 se notificaron:
8 embarazadas con la enfermedad
14 pacientes con tuberculosis multirresistente
76 pacientes coinfectados con virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)
En el mundo en general y en Argentina en particular, la Tuberculosis es un grave problema de salud que sigue vigente a pesar de ser una enfermedad que data de tiempos del neolítico, es decir, es una de las enfermedades (quizás la enfermedad) más antigua que tuvo la humanidad, con huesos encontrados de personas con la bacteria de la tuberculosis de hace 10 mil años Antes del Presente. ¿Qué relación tiene la enfermedad con la desigualdad social generada por el capitalismo? ¿Por qué a pesar de haber cura y herramientas de prevención aún no está erradicada? ¿Cuál es su relación con las problemáticas ambientales? Algunas preguntas que nos surgieron a partir de experiencias propias y de consultar con neumonólogos y profesionales de dispositivos de tuberculosis del sistema de salud en hospitales de la provincia de Buenos Aires, interrogantes que intentaremos desmembrar en este artículo de la enfermedad infecciosa que más mata en el planeta.
La Tuberculosis (en adelante TBC) es una enfermedad infectocontagiosa. Su principal afectación es pulmonar, pero puede comprometer otros órganos del cuerpo. La enfermedad es prevenible y curable cuando es tratada con antibióticos, aunque sin tratamiento la TBC produce tos continua, fiebre y pérdida de peso y, potencialmente, puede ser mortal. La transmisión ocurre por vía aérea, a través de la tos y las gotas de saliva que una persona infectada libera al toser o estornudar. El riesgo de contagio aumenta significativamente en espacios cerrados donde personas infectadas conviven durante períodos prolongados con otras (cuatro o más horas).
Se ha demostrado que la TBC está fuertemente vinculada a factores socioeconómicos como la pobreza, la falta de acceso a servicios de salud, la malnutrición, las condiciones de vida o trabajo insalubres. Las personas que viven en condiciones de hacinamiento o en áreas con infraestructura deficiente, como ocurre en muchos asentamientos informales que se encuentran en las grandes ciudades, están más expuestas a la transmisión de la enfermedad. Además, el debilitamiento del sistema inmunológico, a menudo asociado a condiciones como el VIH, agrava la situación. Este aspecto produce, también, un fuerte estigma social.
A pesar de los avances en el diagnóstico y en el tratamiento, la TBC sigue siendo una de las enfermedades infecciosas que más muertes causa en el mundo. Según la organización mundial de la salud (OMS) en 2021 se registraron aproximadamente 10 millones de casos nuevos, y cerca de 1,5 millones de personas murieron a causa de ella. Estos números fueron similares en los años posteriores. Aunque la tasa de incidencia [1] a nivel global ha disminuido en las últimas décadas, sigue siendo un problema de salud pública muy relevante, especialmente en países dependientes como la Argentina. Se calcula que nada más y nada menos que un tercio de la población mundial es portadora de la infección, es decir que entraron en contacto con la bacteria sin desarrollar la enfermedad ya que en estado de buena nutrición y condiciones de vida relativamente saludables que hacen que el sistema inmunológico esté en buen estado, la enfermedad no se desarrolla. Según la OMS, con un diagnóstico temprano y un tratamiento efectivo, la mayoría de las personas con la enfermedad podría ser curada cortándose la cadena de contagio, algo que en los hechos no sucede.
Como mencionamos, a nivel global está comprobada la relación directa entre la incidencia de la enfermedad y la pobreza de los países; las regiones del mundo más afectadas por la TBC son África, Asia y América Latina, éstas tienen una tasa de incidencia mucho más alta que Europa o América del Norte.
Pero, también dentro de cada nación, existen diferencias entre las clases sociales afectadas y se repite un patrón, siendo determinante la desigualdad social. Estados Unidos ha desarrollado un extenso mercado de proveedores de servicios de salud y es uno de los países que más recursos requiere de la sociedad para proveerse de estos servicios. Sin embargo, por estos días, Kansas sufre el brote de TBC más grande desde 1950, teniendo como antecedente otro brote reciente en Georgia donde un refugio para personas en situación de calle causó más de 400 contagios.
La Tuberculosis en Argentina
La TBC sigue siendo un importante desafío para la salud pública argentina. A pesar de los esfuerzos de los profesionales de la salud por controlar y erradicar la enfermedad, su incidencia sigue siendo alta, especialmente en poblaciones vulnerables. Según los datos de la Dirección Nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud, en 2023, Argentina reportó una tasa de incidencia de aproximadamente 32 casos por cada 100.000 habitantes [2].
Mientras el Gobierno Nacional de Javier Milei, con el empresario de la medicina Mario Lugones a cargo del Ministerio de Salud llevan adelante una reforma que implica importantes recortes, entre los más visibles: la quita de medicamentos para jubilados o el despido de trabajadores en los Hospitales Posadas, Bonaparte y Sommer; la TBC experimenta un serio incremento (en 2024 se registró la tasa más alta de los últimos 20 años).
Específicamente, en relación con la TBC, el Gobierno de Milei produjo el cierre de Coordinaciones dependientes del Ministerio de Salud, como la encargada de Lepra y Hepatitis. Se cerró la Coordinación Nacional de TBC, una instancia clave para la elaboración y ejecución de políticas públicas relacionadas con el control de la enfermedad. Según Marcela Natiello, coordinadora de TBC y lepra del ministerio de salud desde 2017 hasta el 31 de diciembre de 2024, fecha en la cual el gobierno actual la disolvió: la pérdida de una estructura nacional repercute en la desarticulación de los recursos, dificultando la implementación uniforme de políticas de diagnóstico, tratamiento y seguimiento en las provincias.
En la Argentina, el congreso decretó la ley nacional 27.675 llamada de Respuesta Integral al VIH, Hepatitis virales, otras infecciones de transmisión sexual y Tuberculosis, contempla en su artículo 1° explicita: “la respuesta integral e intersectorial a la infección por el virus de inmunodeficiencia humana –VIH–, las hepatitis virales, otras infecciones de transmisión sexual –ITS– y la tuberculosis –TBC–”, entendiendo que tanto los tratamiento, la atención y los medicamentos para la TBC deben ser de acceso universal, oportuno y gratuitos. Luego, en su artículo 9° con respecto a lo laboral define que “el derecho al trabajo y a la permanencia en el mismo, sin discriminación, despidos, suspensiones, hostigamientos, reducciones salariales, violencia, violación de la confidencialidad, para la población referida en la presente ley.”. Cabe preguntarnos ¿qué sucede cuando ese trabajo es precario? Si tenemos en cuenta la población afectada por la TBC, una gran porción tiene empleos inestables, informales y que en su situación de vulnerabilidad no pueden dejar de realizar, cobran al día y no hay posibilidad de licencias médicas
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