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¿Por qué vas a marchar este 24? La buena memoria no puede olvidarse del FMI

Ante todo una desmentida. En un artículo del diario Página|12 del miércoles 16 se dijo que el próximo jueves 24 en Plaza de Mayo se realizará “la primera” movilización en el aniversario del golpe de 1976, “luego de la pandemia de coronavirus, que impidió realizar las convocatorias de 2020 y 2021”. Como bien lo reflejó La Izquierda Diario (acá, acá, acá, acá, acá y acá), hace un año sí hubo marcha, con miles y miles de manifestantes, en la Ciudad de Buenos Aires y en todo el país.

21 de marzo

Aquella movilización fue convocada por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (EMVJ), espacio que desde hace más de dos décadas reúne a decenas de organizaciones de derechos humanos, políticas, sindicales, sociales, estudiantiles y culturales.

Allí se destacó, además, una importante columna de trabajadoras y trabajadores que estaban luchando (muchos lo siguen haciendo) por demandas elementales como tierra y vivienda, el fin de la precarización laboral que exprime sus vidas, la reinstalación en sus puestos tras ser injustamente despedidos, mayor presupuesto para salud y educación (en plena pandemia, hubo una enorme lucha del personal sanitario en todo el país), entre otras. Esa columna fue impulsada por las trabajadoras y los trabajadores del PTS en el Frente de Izquierda.

El EMVJ vuelve a convocar a movilizarnos el próximo jueves, a 46 años del golpe genocida, con las consignas “30.000 detenidas y detenidos desaparecidos ¡presentes!” y “No al acuerdo Gobierno-FMI”. En la Ciudad de Buenos Aires la cita es a las 12 horas en Avenida de Mayo y 9 de Julio. Luego de la marcha, a las 15:30, se acompañará a las Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora) como Nora Cortiñas, Mirta Baravalle y Elia Espen en su histórica ronda de los jueves. También habrá marchas en todas las plazas del país.

Desde la izquierda también se levantará bien alto la bandera contra la guerra, exigiendo “¡fuera las tropas rusas de Ucrania!”, “¡fuera la OTAN de Europa del Este!” y “no al rearme imperialista”.

En rigor, el “olvido” de Página|12 de la marcha del año pasado del EMVJ fue parte del intento de darle cierta “épica” al encuentro concretado el martes 15 entre Cristina Fernández de Kirchner y un grupo de organismos de derechos humanos alineados con ella, como anticipo de lanzamiento de la convocatoria de esos mismos organismos a marchar el 24.

El encuentro se produjo en el Senado, apenas 48 horas antes de que la Cámara alta (que preside CFK aunque se ausentó en la votación) aprobara un nuevo pacto de coloniaje con el FMI gracias a los votos de las mayorías del Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Con la vicepresidenta estuvieron, entre otros, referentes de un sector de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S. de la Ciudad de Buenos Aires, CELS, un sector de la APDH, el Movimiento Ecuménico por los Derechos y la Liga Argentina por los Derechos Humanos (obviamente sin la presencia de José Schulman).

La reunión tuvo un doble objetivo. Por un lado, el apoyo explícito de esas organizaciones a Cristina tras los hechos de la semana anterior que derivaron en roturas de su despacho mientras se debatía el acuerdo con el Fondo en Diputados. Por otro lado, la obtención del aval de la vicepresidenta a la convocatoria para el próximo jueves.

En el marco de la profunda crisis interna del Frente de Todos, donde el acuerdo con el FMI es uno de los capítulos más dramáticos, quienes llaman desde el oficialismo a movilizarse a Plaza de Mayo no hacen referencia a este nuevo pacto de saqueo y entrega. Las consignas con las que convocan son #NuncaMás, #Son30Mil, #DóndeEstán, #46AñosDelGolpeGenocida y un más que tímido #PorUnaPatriaSoberana.

Vale recordar que una de las convocantes a la marcha es Estela de Carlotto, titular de Abuelas, quien no fue a la reunión con CFK y sí declaró estar a favor del acuerdo con el FMI. “Cuando escucho a las personas que saben decir que, si no se paga, los efectos pueden ser graves, digo hay que pagarlo”, afirmó en una entrevista en Radio 10 horas antes de la votación en el Senado.

Doble discurso

Quienes convocan a esta segunda movilización adhieren, mayoritariamente, al ala kirchnerista del Frente de Todos. Incluso algunos de los referentes de esas organizaciones llevan años como funcionarios, tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo, a niveles nacional, provincial y municipal. Y comparten gabinete con derechistas, conservadores y reaccionarios como Juan Manzur, Julián Domínguez, Sergio Berni y tantos más.

Precisamente el funcionariado kirchnerista hoy parece querer diferenciarse del ala representada por Alberto Fernández con un discurso que apela a la “soberanía” y a un ideario “nacional y popular”. Pero su objetivo no es otro que salvar su pellejo como corriente ante la evidente y sostenida profundización del ajuste contra el pueblo trabajador y frente a la crisis más profunda aún que preanuncia el pacto con el FMI.

Sin embargo, muchas y muchos de quienes convocan a la plaza oficialista del 24M, hace menos de un mes, el 1° de marzo, aplaudieron calurosamente desde las gradas del Congreso el discurso de Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa, quien claramente anunció lo que en pocas semanas fue votado como un nuevo pacto de coloniaje.

Pero no sólo eso. Parece que reivindicar la “memoria” sobre los hechos del pasado no es incompatible con apelar al “olvido” sobre hechos (y responsabilidades) del presente. Hoy no sólo se intenta ocultar que fue decisión (burocrática y personalista) de Cristina Fernández de Kirchner ungir a su exenemigo Alberto Fernández como candidato presidencial con ella acompañando la fórmula. También se barre bajo la alfombra que por más de 800 días de gestión del Frente de Todos el autodenominado “cristinismo” defendió activamente todas las políticas de ajuste, incluyendo las que derivaron en conflictos sociales con represión. Pero aunque quieran, eso no se borra.

No hubo declaraciones públicas de esos sectores, mucho menos movilizaciones, repudiando el cambio de la movilidad jubilatoria votado en el Congreso a fines de 2019 (antes de la pandemia, sin excusas “sanitarias”) que derivó en un “ahorro” de $ 160.000 millones que debían ir a los bolsillos de millones de jubiladas y jubilados.

Tampoco protestaron frente al ajuste (en plena pandemia y antes de la segunda ola) convalidado en el Presupuesto 2021, donde (como reconocería tardíamente la misma CFK) se gastó mucho más en pagar intereses de la deuda externa que en atender las graves consecuencias de los contagios y las muertes por covid-19. Ni siquiera hubo voces de alerta sobre la decisión del Ministerio de Economía de eliminar el IFE para 2021, esos subsidios de pobreza para millones que, producto de las propias medidas oficiales, no podían siquiera pucherear con trabajos informales o changas.

Mucho menos esperable era que salieran a protestar por el hundimiento de los salarios de las trabajadoras y los trabajadores, en todos los niveles pero, mucho más pronunciado, en los del sector público. Nobleza obliga, hay que reconocerles que se abstuvieron de felicitar al Gobierno por las políticas que derivaron en un crecimiento exponencial, en plena crisis, de las ganancias de las grandes corporaciones económicas y de los “unicornios” creadores de nuevos ricos.

Derechos humanos

Probablemente no haya ejemplo más gráfico de esas claudicaciones que el silencio (que “aturde”) ante la represión ejecutada en los últimos dos años por el propio Gobierno del Frente de Todos y los gobiernos provinciales de todos los signos políticos.

En todo este tiempo la sociedad fue testigo de varios hechos de violencia estatal contra trabajadoras, trabajadores, ocupados y desocupados, activistas del medioambiente, de los pueblos originarios. En el extremo de esa violencia se acumulan innumerables casos de gatillo fácil, desapariciones forzadas, muertes en lugares de encierro y demás crímenes de las instituciones armadas del Estado. La mayoría de esos crímenes carecieron siquiera de expresiones de repudio por parte de las alas “progresistas” del Frente de Todos. A lo sumo, alguna promesa demagógica de “investigar”, pero nada que llevara verdad y justicia a las víctimas y sus familias.

Los ejemplos que siguen, no por variados y diversos dejan de ser sólo un muestrario de una lista más larga.

Represión a miles de familias sin techo en Guernica a manos del Gobierno de Axel Kicillof y del entonces kirchnerista Sergio Berni. Allí la brutalidad de la Policía Bonaerense fue deliberadamente acompañada por todos los funcionarios nacionales y provinciales, incluyendo a quienes vienen del “palo” de los derechos humanos, como Horacio Pietragalla y Matías Moreno. Para no hablar del pérfido rol cumplido por el ministro bonaerense Andrés Larroque, allanando el camino con sus maniobras previas para que jueces y fiscales ordenaran avanzar brutalmente contra familias indefensas.

Detenciones de ambientalistas en Chubut durante 2020 y 2021 contra el proyecto megaminero que terminó derrotado por la movilización popular. Otro tanto sufrieron activistas de la asamblea El Algarrobo de Andalgalá que defienden el agua y los recursos naturales en Catamarca.

Ni hablar de la persecución y represión sistemáticas del gobernador jujeño Gerardo Morales a decenas de dirigentes sindicales y sociales. Su último “hito” fue hace tres semanas, cuando su policía detuvo a quince manifestantes de organizaciones sociales que marchaban en el marco de una jornada de protesta contra el hambre y el ajuste. El kirchnerismo viene pidiendo (con razón) la libertad de Milagro Sala al tiempo que calla sobre otros hechos represivos de la misma matriz. ¿Será porque desde hace tiempo Alberto y Massa tienen a Morales de aliado?

En Campo Viera, Misiones, se da un ensayo represivo alarmante. Allí las huestes del gobernador Oscar Herrera Ahuad actúan a las órdenes de las patronales agrarias y reprimen sin reparos a quienes se organizan y salen a reclamar mejores condiciones de vida.

Y en Córdoba, el gobernador Juan Schiaretti y el Poder Judicial aún deben explicar quiénes fueron los que, con toda la pinta de banda parapolicial, atacaron violentamente la masiva marcha contra el acuerdo Gobierno-FMI del 8 de febrero (en el marco de una jornada nacional). Son los ejemplos más extremos de los últimos dos meses.

¿Y qué decir de las desapariciones seguidas de muerte de Luis Espinosa (San Luis), Francisco Cruz (Florencio Varela), Facundo Astudillo Castro (Villarino), Ariel Valerían (Jujuy) con participación central de las bravas policías puntana, jujeña y bonaerense?
¿Y del gatillo fácil que se cargó, entre otros, a Brandon Romero (Mar del Plata), Alan Maidana (Quilmes), Lucas Verón (La Matanza), Diego Arias (Berazategui), César Obes (Laferrere), Lucas Barrios (Avellaneda), Alejandro Amaya (Córdoba), Facundo Scalso (CABA), Ignacio Seijas (Lomas de Zamora, sobrevivió), Fernando Leguizamón (Quilmes), José Ávila (Córdoba), Ezequiel Gaudo (Adrogué), Nicolás Da Silva (Lomas de Zamora), Blas Correas (Córdoba), Franco Cabrera (Cipolletti), Facundo Vega (Santa Fe, sobrevivió), Joaquín Paredes (Córdoba), Nahuel López (Berazategui), Jonathan Morales (Escobar), Tino John (El Bolsón), Lucas González (CABA), Luciano Olivera (Miramar), Kevin Gonzáles Ejea (Mendoza) y Víctor Calderón (Córdoba)?
¿Y qué del fabricado suicidio de Magalí Morales en una comisaría de San Luis? ¿Y del falso “accidente” de Franco Isorni en Santiago del Estero? ¿Y del otro falso “accidente” de Lito Costilla en La Plata? ¿Y del de Agustín Méndez en General Rodríguez? ¿Y de la asfixia en la calle y a la luz del día de Ceferino Nadal en Tucumán? ¿Y del patrullero que mató a Ulises Rial y Ezequiel Corbalán en San Nicolás? ¿Y del crimen de Elías Garay en Cuesta del Ternero a mano de sicarios con zona liberada por la Policía de Río Negro? ¿Y del arresto con final de muerte de Franco Cardozo en Tigre? ¿Y de la muerte por torturas de Franco Centurión en Tartagal? ¿Y de la de Alejandro Martínez en San Clemente?
¿Y de las causas armadas a los carreros de Quilmes, a Sebastián Ventorino en Wilde, a los cultivadores de cannabis de Puán, a Jorge Daniel López en Lanús, a Mariano Kuchar en Ingeniero Budge, al cultivador Damián Raña en Ensenada?
Como se dijo, todos los de arriba son sólo algunos ejemplos de una lista mucho más larga. Y a todo eso hay que agregarle el silencio total de esos sectores ante el constante reforzamiento del aparato represivo del Estado, en todas sus formas, casi siempre con la excusa reaccionaria de la “seguridad”. Año a año esos presupuestos se agrandan y cada vez hay más agentes armados en las calles. Para vigilar, controlar, criminalizar, reprimir y matar no hay ni ajuste ni recortes. Eso sí, cada tanto los cadetes recibirán algún curso de derechos humanos. No vaya a ser cosa...

Homenaje, lucha y organización

Las 30.000 compañeras y compañeros detenidos desaparecidos, con sus diferentes filiaciones políticas y sus respectivas organizaciones, dieron su vida luchando contra el FMI, el imperialismo, el ajuste al bolsillo popular, la degradación de las condiciones de vida de las mayorías y la destrucción del planeta a causa de la voracidad capitalista. Lejos de resignarse a aceptar lo que las clases dominantes ordenaban, se organizaron para combatir al sistema capitalista y construir un país y un mundo vivible para todas y todos.

El silencio no es nuestro idioma, sino la pelea en las calles. No hay mejor homenaje a esa generación militante y revolucionaria que levantar esas mismas banderas, tan vigentes como entonces. Por eso, no es lo mismo marchar a 46 años del golpe genocida junto a quienes pactan el ajuste, el saqueo, la entrega y el cogobierno con el FMI, que hacerlo mientras se enfrenta ese pacto junto a quienes sufren sus consecuencias.

Por eso el próximo jueves habrá “dos plazas”, tal como viene sucediendo desde hace años, pese a los intentos de invisibilizar esas diferencias (a costa incluso, de caer en el ridículo periodístico). Dos plazas, pero sólo una independiente y de lucha.

La plaza convocada por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia gritará bien fuerte “¡30.000 detenidas y detenidos desaparecidos presentes!”, porque son 30.000 y fue un genocidio de clase. También gritará “¡no al acuerdo Gobierno-FMI!”, porque el Frente de Todos y Juntos por el Cambio quieren legitimar una deuda que tuvo en la dictadura cívico-militar-eclesiástica uno de sus mayores “hitos”. Y también exigirá la libertad de los detenidos tras la gran movilización del 10 de marzo frente al Congreso.

Junto al EMVJ, quienes militan en el PTS y el Frente de Izquierda llaman a llenar las calles este 24 para repudiar el genocidio y la impunidad, reivindicando a nuestros 30.000, condenando la invasión rusa a Ucrania y reclamando que la OTAN se vaya de Europa del Este, y exigiendo a las organizaciones de masas que rompan su subordinación a los planes de ajuste. Porque otra salida a la crisis no sólo es necesaria, sino que es posible.

LID Por Daniel Satur

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