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Recalibrados: inflación, precarización y pobreza en la Argentina del FMI

Alberto “meme” Fernández lo hizo de nuevo. Como cada semana, logró que sus declaraciones inundaran las redes sociales. La economía argentina está en crisis, pero la industria del meme funciona a pleno gracias al presidente.

31 de marzo

En apenas dos o tres apariciones, dejó frases de colección. Habló de una “inflación autoconstruida en la cabeza de la gente”, de que “hay diablos que hacen subir los precios” y de que hay que hacer "terapia de grupo" entre empresarios y sindicalistas para superar el problema de la inflación.

Sus declaraciones, por supuesto, no solo cayeron mal sino que también dan cuenta de la falta de soluciones frente al problema. Vale recordar que durante los dos primeros meses del año el índice de precios aumentó un 8,8 % y que la suba fue aun mayor en el sensible rubro alimentos, que subieron un 12,8 % entre enero y febrero. El aumento del dólar oficial, el impacto de la guerra en Ucrania, los aumentos en naftas, medicina prepaga, gas o electricidad, son algunos de los factores que empujan esta situación. Al parecer, hay muchas familias que no están logrando llenar el changuito haciendo terapia de grupo. Cosa de mandinga.

Pero Alberto no está solo. Este miércoles, el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, hizo también su aporte al descrédito del Gobierno cuando dijo en El Destape Radio que "aun con esta inflación no veo problemas de salario".

Ahora bien, más allá de las anécdotas y los chistes, las poco afortunadas declaraciones gubernamentales tienen una base real que las explica. La inflación alta llegó para quedarse en Argentina y el Gobierno no le dará solución, no solo porque no quiere tocar a fondo los intereses de los formadores de precios, sino también porque es parte intencional del plan acordado con el FMI: es el mecanismo que se elige para licuar el gasto público y reducir el déficit fiscal, en función de un plan económico organizado con el pago de la deuda como prioridad.

Aun así, la inflación lejos está de ser gratis para el Gobierno, ya que por un lado tiene que evitar que se le vaya de las manos, y por el otro, aumenta el descontento y lleva a que crezca el malestar en un sector importante de su propia base social y electoral (sobre todo los más precarizados), viniendo ya de la derrota de las legislativas en 2021. Hacia futuro, oscurece seriamente el horizonte del 2023 para el peronismo, lo cual está en la base de las internas que recorren al espacio.

En este marco, un dato sobresaliente de los últimos días que quizás no se ha discutido lo suficiente, es que el acuerdo con el FMI autorizado hace muy poco por el Congreso Nacional y aprobado por el Directorio del organismo el pasado viernes, ya está siendo rediscutido: en los próximos meses será revisado y vendrán nuevas exigencias para el país.

Palabras más, palabras menos, eso mismo dijo la propia directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva, cuando afirmó que el programa acordado enfrenta riesgos “excepcionalmente altos” y podría haber una “recalibración temprana del plan”. De hecho, ya se adelantó la primera revisión trimestral para el mes de mayo y con ella comenzarán a cobrar más peso nuevas exigencias del FMI.

¿Por dónde vendrá la “recalibración”? En su staff report que acompañó el viernes 25 la aprobación del acuerdo, el FMI hace “recomendaciones” tales como un mayor ritmo de devaluación para cuidar las metas de acumulación de reservas, una mayor “eficiencia” del gasto con foco en las jubilaciones y el avance en “reformas estructurales que aborden las vulnerabilidades estructurales de larga data de la Argentina”. También resaltaron la necesidad de fortalecer el clima de inversión “eliminando gradualmente las distorsiones económicas y brindando un marco regulatorio más predecible, incluso en sectores estratégicos”.

Se trata de las recetas clásicas del FMI, aunque esto no quiere decir que busquen implementarlas todas a modo de shock en el corto plazo. En el medio está la relación de fuerzas. Así lo reconoce también el staff report, que dice que “es importante destacar que persisten los riesgos de implementación de políticas, en medio de un panorama social y político complejo y una hostilidad abierta de algunos sectores hacia el Fondo debido a su largo involucramiento en la Argentina”.

Aun así, es probable que vayamos en los próximos meses a una situación de incumplimiento de metas y a un escenario de incertidumbre, negociación y precariedad permanentes, donde el organismo internacional siempre contará con la herramienta del chantaje de no hacer los desembolsos. Pero en las crisis y brechas en las alturas, encontraremos las chances para enfrentarlos.

17 millones de pobres
Sobre este trasfondo, se conocieron este miércoles los números de pobreza informados por el Indec, que dieron un 37,3 % para el segundo semestre de 2021, es decir, 17 millones de personas en esa situación. Se trata de una leve baja con respecto al dato anterior, que lejos de dar motivos para festejar, da cuenta de la consolidación estructural del trabajo precario, y del impacto de la inflación sobre los ingresos populares. Más aun, ese dato está atrasado: con los últimos datos de inflación, más personas cayeron en la pobreza al ver golpeados sus ingresos.

Más de fondo, el dato revela que el crecimiento (o rebote) de la economía de 2021, del 10,3 % llevó a una baja de la desocupación al 7 % (sin contar el efecto desaliento), pero manteniendo los índices de pobreza en niveles muy altos. Esto habla de la masividad de la precarización laboral, que afecta a más de la mitad de la clase trabajadora. En muchos casos se trata de trabajadores que, a pesar de no ser desocupados, están bajo la línea de pobreza. Se consolidan y profundizan las conquistas del neoliberalismo desde la dictadura y el menemismo en adelante, que cada Gobierno sucesivo deja intactas o incluso profundiza.

Según Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), "hoy el mundo del trabajo informal es más numeroso, ocupa más población y los ingresos que logran son más bajos. Tenemos un 30 % de los trabajadores que viven en hogares pobres. El año pasado se generó un shock de creación de empleo, pero se logró con remuneraciones en promedio más bajas y trabajos más precarizados, menos productivos. En estos años el salario mínimo ha quedado muy por debajo de la línea de la pobreza”.

Cuando se habla de reforma laboral, no está de más tener en cuenta que una parte de la misma ya se está haciendo de hecho, con la complicidad de las cúpulas sindicales alineadas con el oficialismo (más allá de sus propias internas, como mostró la ausencia de Pablo Moyano en algunas de las últimas reuniones, y la foto que se sacó el dirigente camionero este miércoles con Máximo Kirchner), aunque los planes de las clases dominantes son avanzar aun mucho más.

Contra eso, acompañamos cada una de las peleas que se están dando, como la masiva movilización de los movimientos sociales que por estas horas se movilizan frente al ministerio de Desarrollo Social, marcha que fue amenazada de represión por el Gobierno (y después algunos se preguntan por qué avanza la derecha...). Y, de fondo, planteamos la pelea por trabajo con plenos derechos para todos y todas, luchando por el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, para trabajar todos cinco días a la semana, seis horas, con un salario que como mínimo sea igual a la canasta familiar. La tecnología existente al día de hoy permitiría hacerlo, solo que actualmente está puesta en función de los intereses de una minoría capitalista, y no de organizar un plan en función de las necesidades sociales de las grandes mayorías. Hay que dar vuelta todo.

Cristina Kirchner recalibra su plan
Mientras Javier Milei sigue levantando su perfil para impactar por derecha (en base al descontento que generan los fracasos del macrismo y el peronismo), con proyectos reaccionarios como la dolarización de la economía o el "movimiento antipiquetero", y Juntos por el Cambio sigue debatiendo su interna hacia 2023, esta semana, con una foto y un proyecto, la vicepresidenta Cristina Kirchner volvió al centro de la escena política tras las internas de alto voltaje que produjo en el Frente de Todos la aprobación del acuerdo con el FMI.

Una imagen valió más que mil palabras: se trata de la foto que difundió ella misma desde sus redes sociales, donde se la ve sonriendo junto al embajador de Estados Unidos en Argentina, Marc Stanley. “Conversamos sobre distintos temas de interés común: lavado de dinero, trata de personas y derechos humanos. Además le solicité la colaboración de su país con el proyecto de ley que presentaron hoy los Senadores del Frente de Todos para crear un Fondo Nacional para la cancelación de la deuda con el FMI, con recursos recuperados en el exterior del lavado y la evasión”.

Lo primero que llamó la atención fue aquello de charlar sobre derechos humanos con el representante de Estados Unidos, potencia imperialista que organiza y ejecuta masacres alrededor del mundo, mantiene abiertas cárceles de tortura como la de Guantánamo e implementa políticas racistas sobre afroamericanos o latinos en su propio territorio. Pocos días después del 24 de marzo, y a 40 años de Malvinas, quizás ese tema debería haber generado más ruido del que generó.

Pero la clave de la semana se la llevó el proyecto de blanqueo fiscal para los fugadores, con el objetivo de recaudar para pagarle la deuda al FMI.

Ahora bien, si el estado pudiera recuperar los fondos, ¿no sería pertinente usarlos para la emergencia social que significa tener 17 millones de pobres, en vez de para pagar la deuda ilegal de Macri? Al parecer, se confirma que ahora TODO el Frente de Todos considera que hay que legitimar la herencia macrista y postergar la deuda con el pueblo. Más aun: las escasas chances de que el proyecto prospere en el Congreso de la Nación, hacen pensar en una ubicación para la tribuna, en la continuidad de la estrategia del kirchnerismo de intentar separarse y preservarse de los costos políticos del ajuste, con la mira en 2023.

Sin embargo, los proyectos y discusiones en las alturas, son de corto vuelo. Mientras tanto, por abajo, se profundizan la crisis social y el descontento. De lo que se trata es de romper las cadenas que nos atan al FMI, pelear por las necesidades más urgentes y, sobre todo, construir una salida de fondo para que la crisis la paguen los capitalistas.

LID Por Fernando Scolnik

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