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“Descontrol pesquero” en mar argentino: 470 barcos extranjeros en una zona ecológica clave

Un informe de Greenpeace reveló que flotas extranjeras asedian el mar argentino con la sobrepesca y ponen en peligro una región única en biodiversidad. No es el único ataque a la plataforma marina.

11 de marzo

Luisina Vueso de Greenpeace habla de “descontrol pesquero”. Hay más embarcaciones de la flota extranjera bordeando el mar argentino que las permitidas dentro de la zona económica exclusiva, el área a unas doscientas millas del mar territorial donde el país tiene jurisdicción. Se detectaron al menos cuatro buques tanques (del tamaño de estaciones de servicio gigantes) y ocho buques frigoríficos, cuya función es transportar las capturas de los pesqueros hacia el país de destino sin tener que pasar por controles.

Según el monitoreo satelital de la organización ambientalista, el escenario de tal asedio sobre el ecosistema marítimo nacional es una de las zonas más ricas en biodiversidad: el Agujero Azul, ubicado en la frontera de aguas internacionales y nacionales en el Atlántico Sur Occidental, donde habitan especies emblemáticas como la ballena franca azul y el elefante marino, ambas en gran medida amenazadas por la sobrepesca industrial de calamar y merluza negra, que a diferencia de otras regiones no tiene ninguna entidad que las agrupe y supervise.

Ahora mismo, en la temporada alta de pesca que se prolonga de enero a julio, la concentración de pesqueros al límite de la ZEE es tal que sus contornos son claramente visibles por la noche desde el espacio. El Agujero Azul es explotado principalmente por embarcaciones pesqueras de China continental, Corea del Sur, Taiwán y España, cuyo trabajo a bordo no se caracteriza por las mejores condiciones y en ciertos casos roza la semiesclavitud.

Las pesquerías foráneas ya habían sido noticia en enero pasado, cuando se viralizaron las imágenes de la caza ilegal del cachorro de un elefante marino por parte de un pesquero chino en la Patagonia. No es el único caso: según un reporte de Milko Schvartzman, especialista en conservación marina del Círculo de Políticas Ambientales, la Environmental Justice Foundation informó en junio de 2020 sobre tres pesqueros coreanos que ingresaron ilegalmente a aguas nacionales: sus tripulantes reconocieron haber cazado cientos de lobos y elefantes marinos para extraer dientes, hígado y genitales.

Para Vueso, coordinadora de la campaña de Greenpeace para proteger el mar argentino, estos buques pesqueros “aprovechan el vacío legal de las aguas internacionales para incurrir en prácticas no reguladas, actos ilegales e incluso la violación a derechos humanos. Durante la expedición en nuestro barco Esperanza evidenciamos ecosistemas marinos devastados y contaminación por la misma industria”.

De acuerdo a datos proporcionados por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, la ZEE argentina tiene actualmente unos 177 buques en operación pesquera en más de un millón de km2. Sin embargo, la ONG ambientalista asegura que el Agujero Azul, zona de aguas poco profundas que se extiende por apenas 5000 km2, se identificaron unos 470 barcos el 23 de febrero.

Para Vueso es urgente proteger el mar argentino. “Este año los Gobiernos del mundo deben tratar en las Naciones Unidas el Tratado Global por los Océanos que permita la creación de una red de santuarios oceánicos en aguas internacionales, siendo el Agujero Azul parte de esta red”, asegura la especialista. El objetivo es que estos ecosistemas que han sido devastados se recuperen.

Argentina ya cuenta con un proyecto para crear un área marina protegida bentónica en esta zona de tan rica biodiversidad. “Argentina tiene jurisdicción sobre el fondo y el subsuelo marino por la aprobación de la extensión de la plataforma continental argentina”, dice Vueso, que apuesta a que con la protección del fondo marino se ponga “un verdadero límite a estas flotas destructivas, ya que no podrían realizar pesca de arrastre en la zona, que es una de las artes de pesca más destructivas que están llevando a nuestros océanos al colapso”.

Agujero legal

Al calamar se lo define como “bomba biológica” porque es un vector nutricional y une espacialmente ecosistemas marinos diversos, sin distinción entre ZEE y aguas internacionales. La sobrepesca que se lleva a cabo por estos enormes buques pone en peligro a todo el ecosistema del Agujero Azul, una zona que “florece” gracias al impacto de la luz solar en algas y macroalgas.

En la década de 1990 los Gobiernos de Argentina y Gran Bretaña crearon la Comisión de Pesca del Atlántico Sur (CPAS) con el fin declarado de “promover la conservación” y asignar cuotas en las poblaciones de peces y calamares. Si bien las reuniones binacionales se interrumpieron, la CPAS era de todas formas impotente para atacar el problema de la sobrepesca por parte de buques extranjeros en aguas internacionales, ya que no hay ninguna regulación que la impida.

La Comisión Internacional para la Conservación de los Atunes del Atlántico (ICCAT) es la única organización de gestión pesquera de relevancia en la zona. Sin embargo, solo se ocupa del atún y las especies relacionadas (como tiburones capturados por flotas atuneras), por lo que ningún organismo internacional se encarga de fiscalizar la pesca del calamar, la merluza y la merluza negra. Por eso Greenpeace habla de “Lejano Oeste” del Atlántico.

La desprotección legal del Agujero Azul no se condice con el rol ecológico clave que cumple en los océanos globales: es un área para desove y alimentación de mamíferos marinos como la ballena franca austral y aves que migran, pero también el hogar de importantes especies comerciales y otras con cierto grado de vulnerabilidad, como el cachalote, el rorcual y los albatros.


Imagen satelital de la NASA muestra buques pesqueros internacionales al límite de la zona económica exclusiva argentina, específicamente en el Agujero Azul | Imagen: Greenpeace

No es la única amenaza

No solo las flotas pesqueras están arrasando la vida bajo el agua. Gracias a los permisos concedidos sin evaluación de impacto ambiental por parte del Gobierno de Mauricio Macri entre 2017 y 2019, que siguen vigentes, distintas especies padecen los constantes bombardeos sísmicos con el fin de encontrar petróleo en el fondo del mar. Greenpeace alerta sobre el avance de las petroleras por esta actividad intrusiva realizada con cañones de aire “que generan ruidos tan potentes como el despegue de un cohete espacial”.

La búsqueda de un “Vaca Muerta submarino” no se suspendió con el cambio de Gobierno: la exploración sísmica tiene autorización para ejecutarse hasta 2025 en más de un millón de kilómetros cuadrados del mar argentino.

Es conocida la apuesta de Alberto Fernández por los combustibles fósiles. En su última presentación ante la Asamblea Legislativa llegó a decir que el gas es “clave en la transición energética contra el cambio climático” (sic). Para la campaigner de Greenpeace, sin embargo, “estamos en un punto de inflexión de la historia y debemos abandonar los combustibles fósiles y comenzar a buscar fuentes de energía limpias y renovables”.

Como ocurre en el Pacífico, también en el Atlántico sur estos bombardeos acústicos, que impactan en un área de más de 300 000 km2, “neutralizan” la geolocalización natural y exponen a ballenas, orcas, delfines, elefantes y lobos marinos a la desorientación, el estrés, cambios en su comportamiento, reducen su capacidad auditiva, provocan grandes lesiones y hasta pueden llevarlos a la muerte por ahogamiento o varamientos.

“Que avancen los proyectos hidrocarburíferos en el mar argentino es un riesgo gravísimo”, dice Vueso con la mira puesta en los ecosistemas, la emergencia climática y las comunidades costeras para las cuales el mar argentino es fuente de alimento, trabajo y lugar de esparcimiento. “Esta actividad presenta una terrible amenaza para los ecosistemas marinos, desde la exploración sísmica hasta la explotación petrolera per se, que contribuiría al cambio climático sumando emisiones a la atmósfera y además puede provocar derrames que destruirían ecosistemas enteros”.

En perspectiva, el escenario de apuesta a la energía fósil en lugar de a una transición energética hacia fuentes limpias y renovables, sumado al saqueo permanente del fondo marino y hasta al riesgo de contaminación por eventuales derrames petroleros, dejan al país en peores condiciones para hacer frente a las consecuencias de la crisis climática y ecológica global.

Océanos, los verdaderos pulmones del planeta

Consultada por La Izquierda Diario, la referente de Greenpeace explica por qué es importante conservar los océanos: “Son fundamentales para la vida en este planeta, sin su aporte sería inhabitable”. Además de ser reguladores de la temperatura terrestre y grandes mitigadores de la crisis climática al capturar y almacenar el dióxido de carbono de la atmósfera, los océanos “son los verdaderos pulmones del planeta”, ya que generan entre 50 % y 85 % del oxígeno que se libera cada año a la capa gaseosa que envuelve la Tierra.

“Son una rica cuna de biodiversidad, alimento y trabajo. Es urgente proteger a los océanos, para que sus ecosistemas vulnerables puedan recuperarse y los océanos puedan seguir prestando sus servicios esenciales, porque nuestra vida en la Tierra depende de ellos”, agrega Vueso, que además alerta sobre el impacto global de la emergencia climática en los océanos. “Implica cambios fundamentales en los ecosistemas y en la vida marina a una escala que apenas estamos empezando a imaginar. Debemos actuar ahora y hacer que los océanos ocupen un lugar central en la lucha contra el cambio climático”.

“Sin duda se están priorizando los intereses corporativos por sobre los de la naturaleza y los de la sociedad”, opina Vueso, para quien estos proyectos ponen en riesgo el derecho elemental a un ambiente sano, incluso consagrado en la Constitución, por el cual las actividades económicas humanas no deben comprometer a las generaciones futuras.

Pese a declaraciones de buenas intenciones y multas irrisorias a la pesca ilegal, la orientación del Gobierno nacional es profundizar el extractivismo en todas sus facetas, especialmente si lo practican los "aliados" de China.

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