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Ajuste.El gasto COVID en Argentina es uno de los más bajos en la región

Al igual que sucede con la distribución mundial de las vacunas, existe entre los países ricos, emergentes y pobres, una marcada divergencia en cuanto a los recursos fiscales destinados a contrarrestar los efectos económicos y sanitarios de la pandemia.

6 de mayo

De acuerdo a la información recabada por el Monitor Fiscal del FMI, en 2020 las llamadas “economías avanzadas” destinaron en promedio un 12,7% de su PBI en gastos adicionales para enfrentar el Covid y un 11,3% en fondos para inyecciones de capital, préstamos subsidiados, etc. El promedio de recursos destinados en las “economías emergentes” fue bastante más bajo: 3,6% en gastos adicionales y 2,5% en préstamos, inyecciones de capital, etc. Y mucho más abajo se ubican los países pobres (1,6% y 0,2%, respectivamente).

El déficit fiscal promedio en las economías avanzadas ha sido más abultado (11,7%) que en el promedio de los países latinoamericanos (8,8%) y el doble del déficit de los países pobres (5,5%). En los países ricos, la mitad del déficit fiscal se explica por el derrumbe de los ingresos producto de la desaceleración. Mientras que en los emergentes y pobres, este factor explica la mayor parte del resultado fiscal. En síntesis, los países más pobres fueron los más austeros durante la crisis económica y sanitaria más grave que se haya registrado desde la crisis de 1930.

Esta disciplina fiscal se ha profundizado durante 2021, cuando la mayoría de las economías emergentes empieza a retirar sus tímidos paquetes de estímulo. De acuerdo al informe citado, las economías avanzadas “están adoptando importantes medidas de gasto e ingreso en 2021 (6% del PIB, en promedio). El apoyo en las economías de mercados emergentes y en especial en los países en desarrollo de bajo ingreso ha sido más reducido y se ha concentrado en las etapas iniciales, y gran parte de las medidas están venciendo”.

Esta disciplina fiscal no obedece solamente a las mayores dificultades de las economías pobres para financiar sus déficits mediante endeudamiento barato, o a las dificultades para incrementar los ingresos en el corto plazo, como sostiene el FMI, sino también a las condicionalidades que estos organismos de crédito imponen sobre los países dependientes y semicoloniales.

Lejos de condonar las deudas externas o de dejar las manos libres para diseñar sus propias políticas, la receta del organismo de crédito internacional para estos países combina la apuesta a una reestructuración de las deudas privadas pateando vencimientos, con un plan para “mejorar el diseño de las reglas fiscales o recalibrar sus límites a fin de garantizar una ruta creíble de ajustes o leyes que, por ejemplo, contemplen en «aprobaciones anticipadas» de reformas tributarias”.

Un ejemplo de este tipo de reformas es la que intentó imponer el gobierno de Iván Duque en Colombia y que hasta hace apenas dos semanas contaba con el apoyo de las autoridades del organismo, que la ponderaban como “una estrategia coherente para salvaguardar las finanzas públicas y anclar la deuda en el mediano plazo”.

La rebelión del pueblo colombiano con más de una semana de paros nacionales y movilizaciones masivas en las calles, obligó al gobierno a retirar la reforma y al FMI a bregar por una “reforma consensuada”.

Argentina y la hoja de ruta del ajuste del Frente de Todos

En 2020 la Argentina se ubicó como uno de los países con menor gasto fiscal para atender las consecuencias del Covid-19 en la región. La mayor parte de los recursos (3,8%) se destinaron a programas como el ATP, IFE, comedores populares, y gastos directamente sanitarios; una parte menor (1,9% del PBI) a subsidiar préstamos. Dentro de estos rubros, el informe del FMI también incluye las exenciones impositivas otorgadas durante la pandemia. De esta manera, los recursos fiscales para el Covid en Argentina estuvieron por debajo de casi todos los países de la región, a excepción de Uruguay y Paraguay.

Incluso en Brasil, con un ministro de Economía ultra ortodoxo como Paulo Guedes, incrementó su gasto público en niveles inferiores al promedio de los países avanzados pero de manera más decidida que la Argentina. Lejos de tocar los intereses de las grandes fortunas cariocas, el gobierno negacionista de Bolsonaro optó por fondearse llevando la deuda pública al 99% de su PBI, un record histórico que quedará como herencia para la próxima administración.

Y es que a la Argentina le llegó la pandemia en medio de una crisis de deuda externa que el gobierno de Alberto Fernández aun intenta conjurar bajo las reglas de juego que imponen los acreedores privados y el FMI. El ajuste a los jubilados, el recorte en los salarios, la suba de tarifas de la energía (cuyo alcance está en disputa en medio del año electoral) y la eliminación del IFE, son algunos de los hilos de continuidad del plan Cambiemos en la actual administración.

Más aún, el gobierno de Alberto Fernández proyectaba para 2020 un déficit fiscal primario del 8,3% del PBI, y finalmente se ubicó en el 6,5%. La diferencia (1,8%) se explica centralmente por una reducción de 1,2% del PBI en los gastos presupuestados para el año pasado.

Para este año el gobierno intentará llevar el déficit fiscal primario al 4,2% del PBI. Es decir un ajuste de 2,3% del PBI, de los cuales se espera que el ahorro en jubilaciones y pensiones producto de la reforma previsional aporte un ahorro de 0,5 puntos.

Según un informe IARAF, el gobierno maneja un margen de 1,5 puntos para alcanzar su meta, ya que parte de ese ajuste comenzó el año pasado. “Este sería el colchón fiscal para enfrentar al coronavirus en 2021 sin empeorar el déficit anual originalmente previsto. El mismo es equivalente a la mitad del ‘gasto Covid’ del año pasado", sostienen los autores del informe.

La Oficina de Presupuesto del Congreso, estima que las partidas aprobadas este año para “gasto Covid” ascienden a unos $164.591 millones, menos de la quinta parte que lo destinado el año pasado. Con las últimas medidas anunciadas (Repro II, bono de 5000 pesos a los trabajadores de la Salud, bono de 15.000 para los beneficiarios de la AUH y monotributistas), la ejecución ya estaría llegando al 56% del total.

Con la parte que no se llevan las petroleras del “Aporte Solidario”, el gobierno puede ganar algún margen, pero aun así el gasto destinado a hacer frente a la crisis económica y sanitaria seguirá muy por debajo de los ya magros recursos destinados el año pasado. La apuesta a una vacunación rápida tampoco acompañan la política de apertura de la actividad económica sobre la que se asienta el plan de austeridad. Al día de hoy apenas se ha vacunado completamente al 2,5% de la población.

Aunque al interior de la coalición de gobierno se desarrolla una disputa por los ritmos del ajuste, para después de las elecciones el Frente de Todos prepara nuevos ataques a las condiciones de vida de las amplias mayorías. La lucha del pueblo colombiano muestra el camino para enfrentar los planes de ajuste del FMI y los gobiernos de turno. (LID) Por Emiliano Trodler

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