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Terremoto Trump: ¿adónde va la economía argentina?

Sería totalmente apresurado anticipar todas las consecuencias sobre nuestro país a causa del terremoto político por el triunfo de Donald Trump.

9 de noviembre de 2016| Pablo Anino |

Sí podemos arriesgar que el panorama se enturbia de manera considerable. En primer lugar, el plan del macrismo de endeudarse indiscriminadamente sufre un golpe en su línea de flotación.

Como con el Brexit, otro cisne negro tuvo lugar, en este caso de una dimensión enormemente superior. Y de resultados, en gran medida, imprevisibles.

Resta ver, también siguiendo la experiencia británica donde los anti Brexit conducen la transición, en qué medida el establishment estadounidense logra ganar tiempo y moderar las posiciones proteccionistas de Trump.

En lo inmediato, las bolsas asiáticas que abrieron durante la madrugada de occidente entraron en pánico con un derrumbe considerable: el dólar, el peso mexicano y las acciones se hundían.

Los canales financieros seguramente transmitirán esos resultados a la bolsa porteña, que durante 2016 venía siendo de las que más habían ganado en el mundo gracias a las medidas pro “mercado” llevadas adelante por Cambiemos.

Mucho más arriesgado sería hacer pronósticos de mediano y largo plazo considerando que el cimbronazo tiene lugar en medio de la complejísima situación que atraviesa la economía mundial con el denominado “estancamiento secular” como telón de fondo.

Las tendencias proteccionistas tienen caladura no sólo por el anémico crecimiento económico, sino fundamentalmente por la profunda desaceleración del comercio mundial.

Ese es el contexto en el que se desenvolvió la polarización política de las elecciones y las posiciones proteccionistas que se filtraron hasta en el programa económico de Hillary Clinton, aún siendo la candidata del establishment económico defensor y principal beneficiario de la mundialización del capital.

Previamente, un triunfo de Hillary era percibido como garantía de mayor estabilidad, mientras que Trump significaba más incertidumbre. Concretada su victoria todo tipo de virajes bruscos están inscriptos en la situación mundial. Las posibles repercusiones sobre Argentina tienen múltiples aristas.

Pleitesía al imperialismo

Es claro que ni Trump ni Hillary eran alternativas para los trabajadores estadounidenses. Mucho menos para los del resto del mundo. El candidato republicano basó su campaña en una retórica agresiva sobre mexicanos y chinos “beneficiados” por la deslocalización. Hillary no era mejor alternativa. Es una “halcón” que endurecería las políticas hacia el resto de los países, incluido su “patio trasero”.

Pero las clases dominantes de otros países habían hecho su apuesta a sabiendas que el resultado yanqui es central para las perspectivas de los proyectos políticos a lo largo del planeta. Es el caso de Mauricio Macri, quien se pronunció a favor de un triunfo de Clinton.

Esa definición no se vincula estrictamente a cuestiones ideológicas en un mundo en el cual Trump se exhibe como un adalid del aislacionismo económico mientras el mandatario argentino no se cansa de hacer alarde de la integración de nuestro país al mundo en los Davos, mini Davos y en cuanto evento internacional en que se le presenta la oportunidad de seducir inversores.

Pero el factor fundamental de la definición de Macri a favor de Clinton no es de carácter ideológico, sino en la importante relación que había comenzado a construir con la actual gestión demócrata de la Casa Blanca.

Luego de la gran ofrenda al imperialismo que significó el pago a los fondos buitre, la visita de Barack Obama, de manera casi provocativa en el medio de la conmemoración del 40º aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, fue simbólica del regreso a una nueva modalidad de “relaciones carnales”.

Claro que el pragmatismo de Cambiemos toma nota de la reactualización del tablero mundial y en paralelo fortaleció los negocios con China y otras potencias.

El presidente yanqui favoreció el levantamiento de restricciones para que Argentina acceda al financiamiento de organismos multilaterales. Luego, el país tuvo el “honor” de recibir al secretario de Estado, John Kerry, quien entregó a Macri una primera tanda de documentos desclasificados de la inteligencia americana durante la dictadura militar.

La lluvia de inversiones que pronosticó el equipo económico del Gobierno no llegó, pero si están diluviando dólares sobre la economía nacional. En su gran mayoría son divisas especulativas. Es decir, no se destinan a la ampliación productiva en nuevas fábricas o infraestructura.

En lo que va del año, la emisión de deuda del Estado Nacional, en distintas monedas, equivale a casi U$S 75 mil millones. Aunque en menor escala, hay colocaciones de estados provinciales y privados. También llegan dólares para aprovechar la “bicicleta” financiera que montó el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger.

El capital financiero internacional, con la yanqui J.P. Morgan a la cabeza, es el que está facilitando (y aprovechando a su paso las diferenciales de tasas que obtiene en nuestro país) la escalada del endeudamiento y el ingreso de dólares, con lo cual Cambiemos busca moderar el ajuste, intenta que aparezca algún “brote verde” y mejorar sus chances electorales hacia 2017.

En estos días, los economistas argentinos se encuentran en un proceso de revisión de sus pronósticos sobre el cierre de la economía en 2016. Los datos de octubre tampoco muestran “brotes verdes” y la caída es más profunda de lo que esperaban con pronósticos que la ubican en 2,5 %. Esos dólares que ingresan son cada vez más necesarios.

Donald Trump, destilando misoginia como en toda la campaña, había criticado a Yanet Yellen, la presidenta de la FED, señalando que debía “avergonzarse” de la política de baja tasa de interés y reclamaba un alza que restrinja el crédito. Su triunfo seguramente obligará a recalcular de manera abrupta el plan macrista de endeudamiento indiscriminado.

Otra política del Gobierno que entra en el terreno fangoso de la incertidumbre es el blanqueo de capitales. El secretario del Tesoro, Jack Lew, durante su visita a Buenos Aires, había anunciado que ambos países avanzaban hacia un acuerdo de un intercambio automático de información tributaria.

Los especialistas que estudian la fuga de capitales presuponen que una porción muy significativa de los U$S 400 mil millones de dólares que se estiman están fuera del país están localizados en Estados Unidos.

En su furia populista Trump pugna por una repatriación de capitales hacia el país del norte que podía asentarse en sostener el secreto de los paraísos fiscales en su propia casa, como es el caso de Delaware. Su triunfo, tal vez, signifique un “adiós” definitivo al intercambio de información. Como en todo, habrá que esperar como se mueve finalmente el nuevo presidente.

No fue lluvia, sino una tormenta inesperada

El día lunes el representante Comercial del gobierno estadounidense, Michael Froman, se reunió en Buenos Aires con la canciller Susana Malcorra y otros funcionarios en el primer encuentro del Consejo de Comercio e Inversiones de los Estados Unidos.

Froman afirmó que Estados Unidos evaluaba incluir a nuestro país nuevamente en el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). El SGP ofrece facilidades arancelarias y permitiría el ingreso de productos argentinos, tales como limones y carnes.

El proteccionismo de Trump, que plantea elevar los aranceles a los productos chinos y mexicanos, difícilmente acceda sin más al ingreso de productos argentinos. Los productos agrarios que exporta nuestro país, podrían sufrir un deterioro de los precios frente a un aumento de la tasa de interés en los Estados Unidos.

En ocasión de la visita de Barack Obama se realizaron anuncios de inversiones de empresas norteamericanas para los próximos dos años por más de U$S 20.000 millones.

No obstante, luego de pasada la euforia por la llegada del jefe del imperio, en el mes de agosto, Alejandro Díaz, el titular de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Buenos Aires (AmCham), reconoció que se efectivizaron inversiones por U$S 2.400 millones y el resto todavía estaba por verse en función que “Argentina tiene pendiente para generar un entorno de negocios razonablemente, cierto y confiable”.

Esas decisiones de inversiones, como así también las provenientes de otras regiones, seguramente entren en un largo stand by hasta que se aclare el panorama.

A contramano

La escalada de endeudamiento externo y las facilidades para el ingreso de dólares especulativos dejó expuesta la estabilidad cambiaria y política local a las decisiones del capital financiero internacional en el momento más inadecuado.

Muy probablemente se experimente, al menos en un primer momento de la nueva etapa que se abre, una fuerte retracción de los flujos financieros internacionales que hagan un “vuelo a calidad” de los centros imperialistas.

El sistema cambiario, financiero y bancario local pondrá a prueba su capacidad de resistencia de los mecanismos del mercado autorregulado que tantos elogios reciben en la doctrina económica de Cambiemos.

No está de ninguna manera descartado que el Gobierno deba recurrir a la intervención cambiaria, tal vez volviendo a variantes del denostado “cepo” al dólar u otro tipo de control de cambios, para tratar de contener los efectos devastadores que podría tener sobre la economía local una salida abrupta de capitales.

El remate del país que se propone Cambiemos seguramente no se detenga. Pero la nueva situación podría trastocar las relaciones sociales y económicas sobre las que orbitaba hasta ahora la política nacional.

Las perspectivas futuras están determinadas, no solamente por la personalidad del triunfante Donald Trump, sino por la crisis mundial, que es en última instancia la base del profundo malestar social en los países centrales y que puede llevar a la elite estadounidense a “volverse medio loca”, como lo analizó una nota del New York Times considerando como lo más probable un triunfo de Clinton.

Los contornos más precisos de las perspectivas futuras se definirán con el andar del sorprendente Donald Trump. Son no pocas las incógnitas a develarse sobre la posibilidad real que tiene el futuro presidente de desplegar su, en gran medida indeterminado, programa económico, en particular por los condicionantes que imponga el establishment.

Fotografía: Silvana Colombo/ La Nación

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