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Salarios, sacudidos por dólar e inflación: desde harina y aceite, hasta leche, yerba y arroz, los precios de alimentos se aceleran en agosto

Desde este martes, fabricantes y productores están entregando listas con fuertes ajustes. Cuál es la postura del Gobierno frente a este flagelo

21 de agosto| Claudio Zlotnik |

El nuevo avance del dólar, que perforó el techo de los $30 y llegó a un récord, le está metiendo más presión a la inflación.

Y, en el rubro donde más se está sintiendo el impacto, es en los alimentos, que vienen liderando los aumentos de precios, por fuera de los servicios regulados (tarifas y transporte) y los combustibles.

Durante julio, los alimentos acusaron una suba del 4,1% contra el 3,1% que arrojó el IPC. En lo que va del año, esta categoría avanzó 22%, frente al 19,6% del índice general.

La constante suba del valor de la canasta básica se convirtió en un problema importante para el Gobierno, dado que implica un incremento del índice de la pobreza, algo que ya fue admitido por el propio presidente Mauricio Macri.

“Lamentablemente, la devaluación trajo un rebote en la inflación que es el mayor generador de pobreza. Parte de lo que habíamos visto conquistado como reducción de pobreza lo vamos a perder”, señaló el jefe de Estado durante su última visita a la provincia de Jujuy.

Y lo más preocupante es que agosto, especialmente tras la acelerada del tipo de cambio, está avanzando con fuertes subas.

De hecho, las principales fábricas de alimentos arrancaron la segunda quincena de este mes con inquietantes incrementos, los cuales en el corto plazo terminarán impactando en las góndolas.

Los ajustes incluyen a la mayoría de los productos que componen la canasta básica, tales como harinas, aceites, fideos, yerba, arroz, leches y manteca.

Las listas de precios que reciben los mayoristas y supermercadistas con fuertes alzas también suman artículos que forman parte del desayuno o la merienda, como el café y las mermeladas. Y hasta “accesorios” de la cocina, como la sal.

Los incrementos llegan al 17%, como sucede con la yerba y también con algunas marcas de café. Mientras que el arroz está llegando a los mayoristas con subas del 13%. En el caso de los fideos, los aumentos rondan el 9%.

Las flamantes remarcaciones forman parte de la dinámica inflacionaria que sufre la Argentina, y que se viene acelerando con la devaluación.

Sin embargo, esta vez hay un detalle adicional: los fabricantes y productores decidieron apurar los aumentos -sin esperar al inicio de septiembre- tras el último salto del tipo de cambio.

La suba del dólar de $28 a más de $30 aceleró la decisión. Las industrias no quieren quedar retrasadas: los formadores de precios argumentan que gran parte de la mercadería que venden se encuentra “cotizada” con un dólar más abajo, y que no tienen espacio para amortiguar las remarcaciones cuando se mueve el billete verde.

Los mails con las novedades de los fabricantes abarrotaron las casillas de las principales cadenas supermercadistas antes del fin de semana largo.

En esos correos hubo una novedad: a diferencia de otras veces, el ajuste será inmediato, para el próximo envío, y no se les respetará el precio “viejo” ni siquiera una vez más, una práctica habitual en el sector.

Esta decisión muestra la tensión que existe entre fabricantes y comerciantes en medio de la aceleración inflacionaria. Y anticipa que en breve lo comenzarán a sentir los consumidores.

Los aumentos fueron variados e incluyeron a la mayoría de los productos de la canasta básica.

La empresa Molinos, la mayor fabricante de alimentos de la Argentina, lideró los incrementos de los últimos días.

Los fideos aumentaron 9% en promedio. Molinos comercializa algunas de las marcas más reconocidas del mercado (Matarazzo, Luchetti, Terrabussi, Canale, Don Vicente, Favorita y DelVerde). Es decir, tiene una presencia impactante en ese rubro y atiende a los distintos segmentos de consumidores.

En arroces, Molinos también lidera con sus marcas Gallo y Luchetti. Los incrementos que recibirá el sector supermercadista a partir de hoy martes, trepan al 13%.

Es muy importante lo que ocurre con los precios de los farináceos y con el arroz: se trata de los productos que, en épocas de alta inflación y de crisis, reemplazan a otros alimentos más caros, como las carnes.

Lo mismo ocurre con algunos productos típicos de los sectores sociales menos favorecidos, como la conocida “Vitina”, que arranca la semana con un incremento (mayorista) del 9%.

En tanto, algunas industrias lácteas, como “Molfino” y “Vacalin”, que suelen atender a supermercados que trabajan con marcas propias, remarcaron sus leches entre 3% y 6% esta semana.

Inflación mayorista vs. minorista

Todos estos ajustes se inscriben en una “inflación mayorista” inquietante, que se elevó 4,7% en julio y acumuló nada menos que 47% en el último año.

La diferencia de 16 puntos entre lo que se incrementaron los mayoristas y el índice de precios al consumidor -que dio 31,2% en los últimos 12 meses- deriva en dos presunciones:

1. Todavía se está lejos del final del pasaje a los precios minoristas del fogonazo inflacionario por la devaluación. Desde principios de año, el dólar pasó de $19 a $30, nada menos que un alza del 58%.

2. La expectativa del Gobierno es que, por obra y gracia de la recesión, una parte de ese salto sea absorbida por la cadena comercial y no termine en las góndolas. Según esta teoría, como los consumidores no podrían avalar semejantes incrementos, los comerciantes preferirían resignar margen de ganancia antes que facturación. Al menos en el más corto plazo.

Lo que está claro es que, por devaluación y los mayores costos de los servicios y la logística, las fábricas no están dispuestas a resignar más margen.

Claro que, por este motivo, mantienen una dura pulseada con las cadenas de supermercados, algunas de las cuales se resisten a la aprobación de las nuevas listas de precios.

Frente a este tire y afloje, amenazan con rechazarlas porque, saben, no pueden trasladar toda la magnitud de los incrementos a los consumidores.

En algunos casos, los supermercados dejaron de comprar los productos con más remarcaciones. Saben que sus clientes no discriminan entre los distintos eslabones de la cadena y les echan la culpa de los aumentos a ellos.

¿Intervendrá el Gobierno?

El Gobierno viene amagando con intervenir en esta guerra silenciosa a través de la Comisión de Defensa del Consumidor.

Pero lo cierto es que, por ahora, no intervino y “deja hacer” a sabiendas de que la escalada de los precios tienen sus fundamentos en medidas auspiciadas por el propio Gobierno, como la devaluación y los ajustes de las tarifas.

Pese a que reconocen lo complicado que resulta batallar contra la inflación, sobre todo en el rubro alimentos, los funcionarios se muestran reacios a intervenir y a aplicar medidas.

Dejan de lado las políticas de intervención -que quedaron maltrechas después de la experiencia kirchnerista- y dejan todo en manos de la “mano invisible” del mercado.

De acuerdo con fuentes empresarias, los aumentos de la mercadería también incorporan los excesivos costos financieros de los cuales las compañías son víctimas. Una factura no cancelada a tiempo o un retraso en los pagos pueden perjudicarlas muy fuerte, en un contexto de tasas de interés elevadas.

La tensión es máxima. "Hoy es más importante cobrar rápido que vender. Se le presta más atención al negocio financiero que a la venta", comenta a iProfesional el gerente de uno de los fabricantes de alimentos.

"La orden es cobrar urgente y de reducir drásticamente el dinero que tenemos impago en la calle", añade.

Tanto es así que los fabricantes están lanzando bonificaciones extra a los clientes que paguen más rápido.

La explicación es sencilla: la mercadería almacenada no pierde su valor y puede ser distribuida bajo una lista de precios retocada. En cambio, el dinero cobrado con atraso implica una pérdida financiera irrecuperable.

"Nosotros no somos los culpables, tenemos las manos atadas. Subimos los precios porque aumentaron las tarifas y porque el gasoil está más caro", se defiende ante iProfesional una importante fuente de otra firma alimenticia.

Lo que está claro es que los alimentos fueron de los rubros que más subieron en los primeros siete meses del año, y ya hay suficientes indicios de que serán también protagonistas en este agosto.

Según el Indec, la harina se encareció 111,7% entre enero y julio. La docena de huevos, el 54,6%. El pan lo hizo un 40,6%; y los fideos, el 38%. Este “top cinco” lo cierra el aceite de girasol, con un ajuste del 37,1%.

Lo que también es cierto es que, en este contexto, el poder adquisitivo tendrá una caída sensible este año. De acuerdo con la consultora Ecolatina, la pérdida sería del 8 puntos.

En este contexto, la actividad económica finalizará este año en rojo. No caben dudas, y hasta los funcionarios lo asumen. Ahora la pregunta es de qué manera la economía podría recuperarse, cuanto antes.

De eso, por ahora, no hay indicios. Y difícil que lo haya hasta que no exista una estabilidad cambiaria consistente. En eso está el Gobierno y el Banco Central. Tienen ese mismo diagnóstico. (IProfesional)

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