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SALTA: Entronizaron las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro

El gobernador Juan Manuel Urtubey participó el sábado de la ceremonia de entronización de las sagradas imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, acto que estuvo presidido por el arzobispo de Salta, Mario Cargnello.

La entronización se llevó a cabo, como es tradición, en la Catedral Basílica que estuvo colmada de fieles, muchos de ellos turistas que llegaron a la provincia para cumplir con su devoción. Las actividades principales continuarán desde el domingo 4 de septiembre con el inicio de la novena, que congregará a más de 5.000 personas por día.

Historia del Señor y la Virgen del Milagro

Fray Francisco de Victoria, quien era Obispo del Tucumán, el único Obispo que estuvo presente en una fundación de ciudad en nuestras tierras, como fue la de Salta en 1582. Terminando su servicio pastoral, ya en España, mandó dos cajones para América: uno con la imagen de la Virgen del Rosario para Córdoba y otro con el Señor Crucificado para la Iglesia Matriz de Salta.

Es en un puerto del Callao donde acontece el primer prodigio. Cuando la gente salió al puerto, divisó dos cajones flotando sobre las aguas.

Sacados éstos del océano, los abrieron y se dieron con la grata sorpresa de las dos imágenes que enviaba el antiguo Obispo del Tucumán. Nunca se supo del navío que traía ni de su tripulación. El amor de Cristo permitió que, através de los mares, llegaran estas imágenes para mostrar su misericordia a quienes en ella buscasen el perdón.

LIMA, 1592

La sensación de amparo y bendición que produjeron las imágenes en el Callao hizo que fueran portadas en procesión por los pobladores hacia Lima, la capital. Cuenta una piadosa tradición que, al llegar a Lima, las imágenes fueron veneradas por tres santos: Santa Rosa de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo y San Martín de Porres.

Finalmente, las autoridades decidieron cumplir con la voluntad del Obispo Fray Francisco de Victoria haciendo llevar las imágenes a sus respectivos destinos: el Señor Crucificado a Salta y la Virgen del Rosario a Córdoba.

¡Cuántos lugares fueron bendecidos por el paso silencioso del Crucificado y de la Virgen del Rosario!

BIENVENIDA EN EL VALLE DE LERMA

Cuando la comitiva se acercaba a Salta, autoridades civiles, militares y eclesiásticas prepararon una improvisada bienvenida.

Después de un solemne Oficio Religioso, ubicaron la imagen del Cristo Crucificado en el Altar de las Ánimas. Corría el año 1592, era septiembre.

La comitiva continuó su camino a la Ciudad de Córdoba llevando a la Virgen del Rosario, actual Patrona de esa ciudad. La dejaron en el Convento de los Padres Dominicos.

Pasadas las celebraciones, comenzó, paulatinamente, una triste historia: la del olvido ingrato del Crucificado, dejándolo, por un siglo entero, sin ningún especial en el Altar de las Ánimas.

SEPTIEMBRE DE 1692

Cien años pasaron desde el encuentro original entre el Señor y su pueblo. Como sucede con los hombres, el entusiasmo se fue enfriando y el Cristo quedó olvidado completamente.

Según la tradición, la otra imagen, la de la Pura y Limpia Concepción, ya estaba en Salta y pertenece a una familia asentada en estos solares. Dicha familia asentada en estos solares. Dicha familia celebra la fiesta de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre) llevando la imagen a la Iglesia Matriz.

Providencialmente, esta vez la imagen quedó en el Templo unos días más. ¡Así lo quiso el Señor!

Cuando comenzaron los terremotos del 13 de septiembre de 1692, a horas 10, la ciudad de Esteco, rica y apartada de Dios, centro geográfico y comercial, se hundió quedando totalmente arruinada.

DÍAS DE ANGUSTIA

Fueron evidentes los signos de la protección del Señor y de la Virgen sobre la ciudad de Salta. La gente, desolada, se dirigió a la plaza y algunos entraron en la Iglesia Matriz para sacar el Santísimo Sacramento. Se hizo luego una procesión con Jesús Sacramentando alrededor de la plaza.

Quienes entraron delante del Tabernáculo pudieron observar la imagen de la Pura y Limpia Concepción, caída de si hornacina, intacta y en actitud suplicante.

Su corona real se encontraba al pie del Sagrario como ilustra el Himno: “Perdona – decías- mi Dios a este Pueblo; sino la corona de Reina aquí os dejo”

EL MILAGRO MÁS TESTIMONIADO

Al acercarse a la imagen contemplaron con asombro que el rostro de la Virgen cambiaba de colores, del pálido de la aflicción, al tono más sereno de su gozoso consuelo y de su afán de amparo e intercesión.

Mientras se instalaba la Imagen de la Virgen en el Atrio, se comenzó la Predicación de la Palabra, el llamado a la Penitenciaria y la Celebración del Sacramento de la Reconciliación para la Santa Misa. Pero los temblores no cesaban…

Unos de los Padres de la Compañía de Jesús, el Padre José Carrión, afligido por la situación, sintió una voz que con toda claridad le decía: “mientras no sacasen al Santo Cristo, abandonado en el Altar de las Ánimas, no cesarían los terremotos”

El sacerdote, con una llama de esperanza encendida en él, se dirigió urgentemente a comunicar el mensaje recibido.

EL ALTAR DE LAS ÁNIMAS

Una vez más entraron al Templo. En la penumbra, contemplaron la imagen que con dificultad pudieron bajar, acomodándola en unas andas que les sirvieron paras sacarla al atrio de la derruida Iglesia. El pueblo acudió al Templo con antorchas encendidas, contemplando, admirando, la imagen del Crucificado.

Las campanas llamaron a la penitencia, invitando a la primera procesión a la que acudieron las autoridades civiles, y militares junto a los pobladores, presididos por los sacerdotes. Una multitud lloraba afligida, golpeándose el pecho, clamando misericordia.

Así nace el Milagro de la conversión de un pueblo, desde el llanto, la esperanza y al penitencia vividos en el Amor de un Dios que “con su amor llegó buscando el amor de un Pueblo”.

LA ALIANZA

Toda manifestación de amor, en las Sagradas Escrituras, siempre se sella mediante un acto que constituye la Alianza. En el pueblo de Salta, el Pacto de Fidelidad entre aquellos primeros hombres y mujeres con el Señor y la Virgen, se selló con la Promesa de Amor Eterno.

Ese es el pacto secular que nuestros antepasados, nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros mismos, emocionados, renovamos año tas año en la clausura de cada Milagro: “Que Tú, dulce Jesús, serás siempre nuestro y que nosotros seremos siempre tuyos”

En 1902, a pedido del Obispo de Salta, Mons. Matías Linares, el Papa León XIII concede la Coronación Pontificia de la Virgen del Milagro. Así, el 13 de septiembre, en presencia de los Obispos Argentinos, se coloran al Señor y a la Virgen del Milagro…

El 28 de marzo de 1806, el Papa Pío VII erige la Diócesis de Salta.

En 1934, Pío XI la eleva a Arquidiócesis.

Iglesia Catedral de Salta Textos resumidos de Mons. J. Toscano, Mons. A. Vergara por Mons. D. Bernacki y Mons. A. Abram.

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