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LIBERTADES DEMOCRÁTICAS Infobae y los diálogos por los 70: un intento de reconciliación con los genocidas

El portal Infobae fue el vehículo a través del cual se expresó la derecha negacionista del genocidio que pregona el discurso de la reconciliación nacional. Como parte de la campaña de “memoria completa” se organizó un debate donde los ex militares Aldo Rico y José D’Angelo y los ex militantes de la guerrilla Eduardo Anguita (ERP) y Luis Labraña (Montoneros) discutieron sobre los ’70. Como moderadores fungieron Ceferino Reato, un periodista vinculado a la derecha peronista, y Eduardo Feinmann, un reconocido bravucón fascistoide. Fue este patético personaje quien inauguró la charla afirmando que aquí "no hubo dos demonios sino solo uno: la violencia".

24 de febrero| Facundo Aguirre |

Anguita fue la excepción intentando amable e infructuosamente de convencer al resto del panel que la condición de la reconciliación era el reconocimiento de que hace falta reparar con justicia los crímenes del genocidio y le pedía a sus interlocutores que pusieran los archivos militares escondidos a disposición de la búsqueda de los desaparecidos. Para el autor de La Voluntad, junto a Martín Caparrós, el error de la guerrilla fue el de haber entendido que se estaba en medio de una guerra revolucionaria y haber mantenido el asedio contra las instituciones democráticas después de la asunción de Héctor Cámpora, y más tarde Juan Domingo Perón, en 1973.

Labraña sostuvo constantemente que no se podía hablar, ni de genocidio, ni de terrorismo de Estado y que se enfrentaron dos campos patrióticos y que para lograr la reconciliación era menester comprender la historia argentina. El ex montonero, no perdió la ocasión para adjudicarse la autoría de la cifra de 30 mil desaparecidos, con el objetivo expreso de descalificar la denuncia contra la última dictadura cívico-militar como genocida, situando el número en 3.000. No hay peor converso y mentiroso que el quebrado. Ya Rodolfo Walsh, en su Carta abierta a la Junta Militar de marzo de 1977, denunciaba la desaparición forzosa de 15 mil personas.

Aldo Rico y José D’Angelo, más allá de sus matices sobre si había que hacer o no una autocrítica de los militares, se empecinaron en negar la existencia de algo parecido a un genocidio y explicaron que la acción militar fue la respuesta a una guerra revolucionaria declarada por la "subversión" al estado de derecho y al Gobierno constitucional del General Perón. Rico no perdió la ocasión para reivindicar la "guerra sucia", puntualizado que para él la guerra es cruenta y que sus camaradas militares presos son injustamente condenados por el "sistema político".

Sintetizando, los ejes argumentales de los ex militares, secundados en gran medida por Labraña, parten de reivindicar que la "guerra sucia" -que los militares argentinos tomaron de la doctrina contrarrevolucionaria francesa- fue la respuesta de las FFAA a una guerra declarada contra las instituciones democráticas y estatales por parte de un grupo de guerrilleros, que amenazaban a la sociedad. A esta lectura ellos llaman restituir la verdad histórica, contra la política de memoria, verdad y Justicia que impulsan los organismos de derechos humanos.

Curiosamente, en términos similares y sobre el mismo tema, aunque manteniéndose en el terreno de la "teoría de los dos demonios", se manifestaba el mismo día, en el mismo diario, el secretario de DD.HH., Claudio Avruj, quien insiste con que: "los argentinos tenemos un enorme desafío al que debemos animarnos, que es el de mutar del paradigma de la confrontación al de la conversación. Instalar una cultura de diálogo". Para Avruj "no hemos podido aún asumir que como sociedad fuimos generadores de nuestra peor pesadilla, enhebrando una historia de interrupciones violentas de nuestra democracia; que posibilitamos que sectores de la política se constituyan en grupos armados y desde la clandestinidad atentaran contra un Gobierno democrático, sembrando terror y muerte indiscriminadamente". Como remate el hombre proveniente de la DAIA sentenció que: "Decir que la violencia de los ‘70 comenzó antes del Golpe no significa en absoluto avalar el terrorismo de Estado".

El ocultamiento de la historia que intentan ejercer el macrismo y los que reivindican a los represores, es una operación burda. Desde 1955 el imperialismo, los militares y la burguesía argentina ejercieron una violencia feroz contra el pueblo trabajador, como lo demuestran los bombardeos a la Plaza de Mayo colmada de obreros en junio del ‘55, los fusilamientos de Valle en el penal de Las Heras y de los militantes peronistas en los basurales de José León Suárez, relatados minuciosamente por Rodolfo Walsh en Operación Masacre, la desaparición de Felipe Vallese, los asesinatos de Bello y Cabral que antecedieron al Cordobazo, los fusilamientos de presos políticos en 1972 por parte de la Marina en Trelew, entre otros tantos.

La dictadura militar que se impone en 1976 es la respuesta sangrienta de la burguesía argentina a un ascenso revolucionario de la clase obrera y la juventud que amenazaba con barrer la dominación imperialista y capitalista. Su origen es el Cordobazo de mayo de 1969, que hirió de muerte a un régimen que proscribía a las mayorías populares de la política. Levantamientos, manifestaciones violentas, huelgas salvajes, tomas de empresas y establecimientos y hasta una huelga general política de casi un mes en 1975, fueron la expresión de este impresionante ascenso de masas. Las guerrillas fueron el subproducto de esta realidad y actores políticos de la nueva situación.

La lucha de clases y la radicalización de la clase trabajadora obligó a la dictadura a retirarse y planear una salida política terminando con la proscripción del peronismo. Los partidarios de la “historia completa” olvidan que tras el retorno electoral del peronismo se encaramaron en el poder las bandas fascistas de las Tres A, cuyo jefe era Perón, asesinando a mansalva a manifestantes de la Tendencia Revolucionaria del peronismo en Ezeiza, reformando el Código Penal contra los militantes políticos y luchadores sociales, prohibiendo las huelgas, y lanzando a sus esbirros detrás de los militantes obreros y de la izquierda.

La democracia argentina que se enfrentaba, según se rasgan las vestiduras los represores y sus amigos organizadores del "debate" de Infobae y el macrismo, era un régimen de leyes represivas, gangsters y bandas parapoliciales que asesinaban gente en las calles. La democracia, esa superstición, sentenció Jorge Luis Borges, quien no ocultaba sus simpatías con Pinochet y con Videla.

A los partidarios de la represión les resulta útil señalar a la guerrilla como responsable de una "guerra revolucionaria" que había que ponerle fin exterminando a sus militantes pero la guerrilla no era más que una excusa. Montoneros y ERP se caracterizaban por buscar la alianza constante con una supuesta burguesía antiimperialista y descolgarse de las masas llevando adelante acciones por fuera de la lucha de clases real, derrotada militarmente antes de la asonada contrarrevolucionaria del 24 de marzo de 1976. El verdadero problema es que en las fábricas, universidades, barrios y escuelas, anidaba una importante franja de las masas que enfrentaba la represión del Gobierno democrático de la Triple A y luchaba por una sociedad más justa. Era el capitalismo lo que estaba en cuestión y después de julio de 1975, con la bancarrota de la economía y el fracaso del peronismo como partido de la contención, el genocidio, es decir un plan sistemático de exterminio de todo un grupo nacional, se impuso como salida con el aval del imperialismo, la Iglesia y los partidos como la UCR que se reclamaban representantes de la democracia argentina. El objetivo fue liquidar a los luchadores obreros y militantes políticos de la izquierda y el peronismo combativo, para dejar el poder en manos de los grandes grupos concentrados que desde entonces, representan el poder real del país burgués. La entrega del país, el saqueo nacional, la destrucción de las conquistas de los trabajadores, fue en paralelo con los vuelos de la muerte, la tortura, los campos de concentración y el robo de bebés.

Este debate de Infobae y el macrismo representan un intento de volver atrás, hacia el pacto de impunidad que reinó desde 1983 sobre los Gobiernos de la democracia capitalista desde Alfonsín hasta los Kirchner, quienes bajo el último mandato de CFK no dudaron en poner a un genocida como César Milani al frente de las FFAA. Fue la movilización popular del 2001 quien puso en crisis ese pacto y junto con la persistencia de los organismos que siguen luchando se arrancaron algunos juicios. Es por ello, que se intenta restaurarlo, para avanzar en una política de reconciliación con FFAA genocidas, con sus cómplices civiles, hoy en el poder a través de sus CEO.

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Diario de la criminalización de la protesta social en Salta - Marco Diaz Muñoz

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