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FIN DE AÑO La gran estafa de la “revolución de la alegría”

El Gobierno de los CEO intentó avanzar contra los trabajadores. El malestar y la lucha pusieron límites a su plan. Conicet y Ministerio de Educación, las últimas postales de un año sin “alegría”.

30 de diciembre de 2016| Pablo Anino |

Una de las primeras imágenes de Mauricio Macri en el Gobierno fue en la Casa Rosada. Allí, el 10 de diciembre de 2015, bailaba y cantaba una canción de Gilda junto a Gabriela Michetti y Juliana Awada. La Ceocracia llegaba al histórico balcón otrora símbolo del peronismo.

Al día siguiente, el presidente invitó a sus competidores en las elecciones a iniciar un diálogo. Asisten todos: Daniel Scioli, Sergio Massa, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Saá.

Todos no. El excandidato del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Nicolás del Caño, rechazó a través de una carta abierta la invitación del presidente para "no legitimar al Gobierno que se apresta a ajustar por decreto a los trabajadores”.

En el primer mes de gestión de Cambiemos se concentraron varias de las medidas que golpearían sobre el poder de compra del salario y el empleo. Se levantó el “cepo”, se devaluó y se bajaron las retenciones: entre enero y octubre de 2016, LID estimó que se transfirieron $ 292.854 millones al gran capital exportador gracias a esas iniciativas.

Comenzaba la “revolución de la alegría”.

Primer semestre de ajuste y promesas

Los primeros días del 2016 comenzaron los despidos entre los trabajadores estatales bajo el eufemismo de “modernización”.

El ajuste no era exclusividad del Gobierno Nacional. Los despidos se extendían por municipios y provincias: en áreas como Violencia Familiar y Trata de Personas, Complejo Esperanza, Secretaría de la Niñez o Cultura en Córdoba, Desarrollo Social y municipales de La Plata, Quilmes y Morón, en la Secretaría de Agricultura Familiar en Jujuy (donde llegaron al extremo de despedir a la candidata a gobernadora del Frente de Izquierda que luego sería reincorporada con la lucha), en la provincia de Santa Cruz, en San Luis, Tierra del Fuego, cientos de municipales salteños, entre otros.

El paro nacional de ATE del 24 de febrero fue una demostración contundente contra el ajuste con movilizaciones en todo el país. Veinticinco mil trabajadores colmaron la Plaza de Mayo. En la mañana de ese día, el corte del sindicalismo combativo y la izquierda puso en jaque el protocolo antipiquetes de la ministra Patricia Bullrich.

La primera parte del año también mostró una fuerte lucha educativa con una histórica marcha en la Ciudad de Buenos Aires. El enfrentamiento al ajuste en la educación volvió a tener hitos en la lucha de los investigadores del Conicet y en la toma de una sede del Ministerio de Educación en el día de ayer.

Las mujeres dieron el presente con la reedición del “Ni una menos” el 3 de junio cuando miles volvieron a las calles.

A los despidos entre los empleados públicos se sumaban los ataques en el sector privado, como en a la emblemática lucha en Cresta Roja, cuyos trabajadores habían sido reprimidos durante diciembre.

La bronca que crecía desde abajo en el movimiento obrero por los despidos y la inflación (el cuarto mes del año fue el de mayor inflación desde la salida de la Convertibilidad) obligó a las CGT, que en ese momento no estaban unificadas, a convocar a una concentración en el Monumento al Trabajo el 29 de abril que adquirió características masivas.

Como todo el año, las cúpulas sindicales evitaron llamar al paro en esa jornada. La tregua con el Gobierno fue lo que ordenó la acción de las conducciones, mientras las declaraciones con amenazas de medidas que nunca llegaban buscaban descomprimir el malestar.

El Gobierno pasó de negar los despidos a hacer un acuerdo fraudulento con las cámaras empresariales que se comprometían a no despedir. Fue una política para contraponer a la ley antidespidos que avanzaba en el Congreso y luego sería vetada por el presidente. A la CGT se le mojó la pólvora y las amenazas de medidas de lucha no se concretaron.

Durante la primera mitad del año, el macrismo utilizó las promesas para tapar el ajuste. Del “sinceramiento” de la economía maduraría la reactivación con una “lluvia de inversiones”. El viaje del presidente a Davos en enero donde fue el mandatario más celebrado, el arreglo con los fondos buitre, la provocativa visita de Barack Obama un 24 de Marzo, el voto de un blanqueo para que vuelvan dólares encubierto con una falsa reparación a los jubilados, alimentó la idea que Argentina “volvía al mundo”.

Segunda parte: falsas promesas y recálculo

Una crisis importante para el oficialismo se abrió en el mes de julio: el fallo de la Corte Suprema contra el tarifazo en el gas dejaba entrever, aunque de manera distorsionada por la intervención de esta institución reaccionaria, el extendido malestar social. Los ruidazos en todo el país fueron su manifestación pública. Las posteriores audiencias públicas se mostraron como una farsa donde el macrismo retrocedió parcialmente del plan inicial, pero avanza con aumentos siderales. Un amparo presentado, entre otros, por Patricio del Corro y Claudio Dellecarbonara, referentes del PTS, frenó el tarifazo en el subte momentáneamente. El aumento se concretó a fines de octubre, otro golpe al bolsillo del pueblo trabajador.

A las manifestaciones de descontento por abajo en el movimiento obrero, la CGT siguió intentando descomprimirlas con una serie infinita de amenazas de medidas de fuerza. Mientras la central unificó burocráticamente sus cúpulas, continuó una tregua que fue condimentada por el Gobierno con $ 2.700 millones transferidos a la caja de las obras sociales.

Entre los docentes, se desarrolló un paro nacional por reapertura de paritarias. La lógica de la conducción docente encabezada por Hugo Yasky fue llevar agua al molino del peronismo kirchnerista sin plantear continuidad en un plan de lucha. Por el mismo sendero fue la Marcha Federal que mezcló entre los justos reclamos del pueblo trabajador reivindicaciones empresarias y a varios impresentables como Amado Boudou y Carlos Tomada.

La segunda parte del año quedó marcada por el movimiento de mujeres que logró la libertad para Belén, realizó un histórico Encuentro Nacional en Rosario para días después, el 19O, movilizarse masivamente en rechazo al femicidio de Lucía Pérez en Mar del Plata. Más de cien mil mujeres y hombres gritaron “Ni una menos” en la Plaza de Mayo luego del paro de una hora en los lugares de trabajo.

El dietazo en el Congreso Nacional encontró a los diputados del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, con la destacada intervención de Myriam Bregman y Néstor Pitrola, a la cabeza de la denuncia de los privilegios de los que legislan para las grandes empresas y los ricos del país.

La reactivación no llegó en el “segundo semestre” más famoso de la historia. Ni siquiera el mini Davos realizado en el CCK para seducir al capital con un relato contra el costo laboral, el ausentismo, los convenios colectivos y todo un “combo” antiobrero logró que se concreticen inversiones.

El “gradualismo” del que se ufana el Gobierno y que critica el establishment económico, que no termina de enamorarse de Cambiemos, no lo es de ninguna manera para el pueblo trabajador que vio empeorar sus condiciones de vida.

Ese “gradualismo”, que implicó entre otras concesiones aceptar la “emergencia social”, la reparación a jubilados, cambios limitados en el Impuesto a las Ganancias y paritarias que superaron el “techo” oficial, es más bien un reconocimiento de la relación de fuerzas entre las clases sociales, heredada del 2001 y alimentada con luchas parciales a pesar de la tregua de las burocracias sindicales que evitaron el paro nacional. Esa relación de fuerzas es la que impidió avanzar a Cambiemos en sus planes de mayor ajuste.

Diciembre de lucha y conmoción

Diciembre mantuvo el tono del resto del año. En la mañana del lunes 19 el paro de transporte convocado de manera ambigua y acotada por dirigentes burocráticos mostró la fuerza de los trabajadores prácticamente paralizando la actividad en la Ciudad de Buenos Aires contra el impuesto al salario.

Esa fuerza fue utilizada para negociar con el Gobierno un proyecto más limitado que el votado por la oposición en el Congreso, el cual había significado un revés para el oficialismo.

La semana pasada el presidente brindaba con la cúpula de la CGT ese acuerdo que incumplía las promesas de campaña de Cambiemos, pero también las del Frente Renovador, de terminar con el impuesto al salario.

En contraste claro con ese brindis de tregua, los jóvenes científicos precarizados mostraron en vivo y en directo al país que con la asamblea y la toma se le puede torcer el brazo a Cambiemos. Un ejemplo que es planteado desde abajo como camino en la lucha en el Ministerio de Educación.

La salida del ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso de Prat Gay, conmocionó un fin de año que el Gobierno se aprestaba a pasarlo en calma. Fue la segunda baja pocos días luego de la ida de Isela Constantini de Aerolíneas Argentinas.

El “mejor equipo de los últimos 50 años”, según lo definió Mauricio Macri un año atrás al anunciar el Gabinete, muestra sus primeros desprendimientos. Y puede haber más, según confesó el propio presidente.

Macri se había retirado a Villa la Angostura a disfrutar de sus vacaciones mientras se negó a firmar el asueto para los trabajadores en las vísperas de las fiestas. Si bien el jefe de Gabinete, Marcos Peña, se empeñó en destacar que era Macri el que le pidió la renuncia a Prat Gay, lo cierto es que el ahora exministro no se hallaba cómodo hacía tiempo.

El trasfondo del recambio ministerial es una recesión que implicará una caída de la economía de entre 2 y 3 % cuando se conozcan las estadísticas de 2016. No es el único resultado adverso. La inflación, que superará el 40 % anual llevó a una caída del poder adquisitivo del salario de alrededor del 5 %. El derrumbe en el consumo popular exhibe cifras más graves. Los trabajadores no registrados, que son un tercio de la fuerza laboral seguramente han visto caer de manera más pronunciada su poder de compra.

La UCA registró 1,4 millones de nuevos pobres en los primeros meses de la gestión de Cambiemos. Los despidos suman 200 mil en el año. Entre la “pesada herencia” del kirchnerismo y los efectos de la política de Cambiemos la pobreza alcanza a un tercio de la población y la desocupación a casi el 10 % de la población activa.

La gran estafa de la “revolución de la alegría” fue facilitada no sólo por los servicios de la CGT, sino también por el compromiso del Frente Renovador y de parte del Frente para la Victoria (en particular los senadores y gobernadores) que fueron dadores de gobernabilidad (y votos en el Congreso) en políticas clave como el pago a los buitres, el blanqueo, el Presupuesto 2017 y el reciente cambio en el impuesto al salario.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que realizó un histórico acto en el estadio de Atlanta, se postula como la única alternativa de los trabajadores, las mujeres y la juventud independiente de todos los partidos patronales.

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