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El Gobierno y la peor noticia: la pobreza marcará un fuerte aumento

Tras el alentador dato de marzo, cuando el índice había bajado a 25,7%, ahora se espera que vuelva a niveles del 30%, justo cuando Macri impulsa un ajuste.

26 de septiembre| Fernando Gutiérrez |

Del cielo al infierno en seis meses. El mismo indicador que en marzo pasado le permitió a Mauricio Macri celebrar los avances de su gobierno y rebatir las críticas de la oposición, ahora se convierte en su principal propaganda en contra.

El informe de pobreza e indigencia que el INDEC publica cada marzo y septiembre llega a su nueva edición el jueves y, por primera vez en la gestión de Cambiemos, no marcará una mejora sino un fuerte retroceso.

En el ámbito político, sobre la base de mediciones que ya realizó el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica, se da por sentado que el nuevo indicador oficial estará por encima del 30%, después de haber logrado en marzo pasado su mejor guarismo, con 25,7%.

"En nuestras mediciones, el máximo anterior de pobreza en la última década fue de entre 32% y 33% tanto en 2010 como en las devaluaciones de 2014 y 2016. Es decir que ahora se aproximaría a los peores momentos de los últimos diez años", señala Agustín Salvia, director del Observatorio.

Sobran los motivos para suponer que también en la estadística del INDEC se corroborará ese empeoramiento. Para empezar, la actividad económica, según el dato oficial conocido la semana pasada, tuvo una drástica caída de 4,2% en el segundo trimestre, que neutraliza la mejora del 3,6% del primer trimestre.

En conjunto, el semestre marcará un descenso de la economía respecto del período julio-diciembre del año pasado, el mejor de toda la gestión Macri, cuando se había dado una combinación de algunos "brotes verdes", dólar planchado, desempleo en baja y precios relativamente bajo control.

Todo eso cambió para mal. La inflación acumulada de 16% en un semestre –y 29,5% interanual- superó los ajustes salariales de las paritarias promedio, ya que la mayoría de los gremios estaba negociando un 15% y en varias cuotas.

Mientras tanto, el desempleo, que hacia fin de año había caído a 7,2% de la población económicamente activa, ahora se ubica en 9,6% y con tendencia al alza, por la crisis en actividades intensivas con personal, como la construcción y el comercio.

Esperando el impacto Ante la contundencia de los indicadores negativos, el Gobierno adoptó la estrategia de adelantarse a la mala noticia y, en lo posible, suavizar su impacto político.

Desde hace tiempo el Ejecutivo viene dando señales de que el dato de pobreza quebrará su tendencia descendente, y parece ensayar argumentos explicativos en el sentido de que se tratará de una fase pasajera.

El propio Macri lo expuso con claridad durante los peores momentos de la corrida cambiaria y los anuncios de auxilio financiero del Fondo Monetario Internacional.

"Sí, lamentablemente con esta devaluación, que trajo un rebote en la inflación -y la inflación es el mayor generador de pobreza-, vamos a ver que una parte de lo que habíamos conquistado como reducción de pobreza lo vamos a perder", admitió en una conferencia de prensa en Jujuy, en el mes de agosto.

"A mí me duele muchísimo porque es mi principal compromiso y sé porque los visito, porque recorro, porque hablo, lo que significa estar en la pobreza. Y sé de la desesperación y las ganas a partir de un buen trabajo por salir de ese lugar", agregó ante un público de una de las provincias más pobres del país.

Luego, durante su discurso televisado en el que fundamentó la necesidad de un esfuerzo extra de ajuste –incluyendo la vuelta de las retenciones a las exportaciones-, admitió: "Sabemos que con esta devaluación la pobreza va a aumentar".

No es poco para un Presidente que dedicó buena parte de su discurso de asunción a plantear que la "pobreza cero" sería su principal objetivo de gestión, y que además en septiembre de 2016, al presentar el nuevo indicador del INDEC, dijo que ése era el criterio por el cual aceptaba ser evaluado.

En otras palabras, ante el seguro quiebre en la tendencia, Macri sabe que está mostrando el flanco más débil desde el punto de vista político. Sus críticos y la oposición peronista, que hasta ahora habían mantenido un silencio incómodo cada vez que el INDEC publicaba una nueva mejora en la inclusión social, tienen servido en bandeja un argumento de alto impacto comunicacional.

La pobreza como indicador deja de ser un concepto abstracto sujeto a opiniones subjetivas. Por el contrario, tiene la contundencia de las cifras irrefutables: se sabrá cuántos miles de argentinos descendieron a la categoría de quienes tienen necesidades básicas insatisfechas y cuántos se agregaron al grupo de los que directamente no llegan a un nivel de ingresos como para pagar una canasta alimentaria.

Así, es probable que el nuevo dato se parezca mucho más al de septiembre de 2016, que marcaba 8,7 millones de pobres y 1,7 millones de indigentes, que al "celebrado" censo de marzo, cuando los guarismos habían bajado a 7 millones y 1,3 millones respectivamente.

"Vamos a estar ahí para quienes estén más expuestos", fue la frase con la que Macri trató de atenuar la admisión por adelantado de la peor noticia.

Una noticia con mal "timing" Qué diferente es esta situación a la de hace seis meses, cuando el Gobierno podía exhibir los datos sociales como una confirmación sobre lo bien encaminado de sus políticas.

En aquel momento, no sólo sentía que podía refutar a quienes le hacían "críticas por izquierda". Acaso más relevante en un momento en el que se replanteaba el viejo dilema entre shock y gradualismo, era la respuesta a los que reclaman mayor decisión para hacer un drástico corte del gasto público.

El discurso macrista siempre había puesto foco en que el límite de las reformas estructurales era que no agravasen la situación social. Y, en este contexto, cualquier mejora en la medición de pobreza e indigencia funcionaba como una respuesta perfecta a quienes, desde la ortodoxia liberal, advertían sobre el agotamiento del modelo económico.

Hoy, en cambio, es el propio macrismo el que admite que el gradualismo se quedó sin margen.

"El mundo nos dijo que vivimos arriba de nuestras posibilidades. Creímos con excesivo optimismo que podíamos ir despacio pero tenemos que ir más rápido. Toca reconocerlo y asumirlo", fue la expresiva frase del Presidente en su último discurso televisado.

Por otra parte, el indicador llega con el peor "timing" posible, ya que explotará justo en el momento en que el Gobierno debe persuadir sobre la necesidad de soportar un ajuste más fuerte.

Antes, con los indicadores sociales en alza, podía defenderse políticamente la suba de tarifas de los servicios públicos con el argumento de que se estaba quitando un privilegio injustificado para la clase media y alta. Ahora, en cambio, cada medida antipática pasa a pagar un costo político doble por el condimento extra de que la pobreza está en alza.

Aun en esta situación, es probable que para Cambiemos todavía no se haya visto lo peor. Porque queda la certeza de que el próximo dato de pobreza –marzo de 2019-, ya en el fragor de la campaña electoral, también dará mal, muy probablemente peor que el que conocerá esta semana.

La forma de medición de este indicador implica un "efecto delay" de los datos estadísticos: cuando la opinión pública se entera de un dato, ese número corresponde al período transcurrido entre los últimos nueve y tres meses. Es decir que si hay una mejora, habrá que esperar un semestre más para que la estadística la registre.

En el mejor de los casos, recién dentro de un año, en septiembre 2019, y sobre el cierre de la campaña electoral, se conocerá el dato que muestre una mejoría, si es que -como supone el Gobierno- la economía empieza a recuperarse a inicios del próximo año.

Salvia, de la Universidad Católica, cree que recién sobre fin de año podría ponerse punto final a la caída y empezar a revertirse la tendencia.

"En el segundo trimestre se empieza a agravar el problema, lo cual significa uno o dos puntos más de pobreza, y el tercer trimestre es de esperar que sea el peor momento. En el cuarto podría estancarse o recuperarse levemente, parar la tendencia”, indica el experto, que basa su pronóstico en las revisiones de cláusulas paritarias, subas de jubilaciones y una eventual moderación de la inflación.

Pero para que esa situación llegue a difundirse en forma de dato estadístico faltan nueve meses. Para los tiempos de la política argentina, una eternidad.

Explicar este tema y remontar las críticas será, acaso, el desafío más duro que en toda la gestión macrista hayan tenido Marcos Peña, Jaime Durán Barba y el equipo de comunicación estratégica del Gobierno. (IProfesional)

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