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Correo Argentino y Milani: donde mueren los relatos

El conocimiento público de la condonación por parte del Estado de la deuda del Grupo Macri por el Correo Argentino, cuando uno de los integrantes del clan ocupa el sillón de Rivadavia, implica un golpe al centro de gravedad del discurso de Cambiemos.

20 de febrero| Fernando Rosso |

Uno de los hándicap que tuvo la coalición encabezada por el PRO para llegar a la Casa Rosada fue mostrarse como lo opuesto de la administración anterior, donde los hechos de corrupción estaban en el centro de las condenas y del justo rechazo popular.

Los fajos termosellados llevados vertiginosamente a un convento por un endemoniado José López en una noche de furia, venían a confirmar la necesidad del cambio.

El perdón por parte del Estado de la deuda de Franco Macri no tiene la espectacularidad decadente del aquel hecho maldito, pero sin embargo, genera la misma dosis de bochorno por la evidente ventaja obsequiada por el hijo, en el nombre del padre, con el abuso de la posición en el Dios-Estado. Quizá sea ésta la famosa mano invisible del mercado, que la torpeza de Oscar “el Milico” Aguad, hizo demasiado visible.

El hecho se conjugó con la decisión de cambiar el cálculo para el pago de los haberes de los jubilados, que implicaba una rebaja, y le puso el “broche de oro” a la semana negra del Gobierno de los CEO.

No por casualidad, “Lilita” Carrió fue la encargada del acting en la Cámara de Diputados para salvar la sesión en la que casi se cae el acuerdo para la modificación de la normativa referente a las ART. La autoerigida guardiana moral de la república hizo un desprolijo aspaviento, pidiendo una imposible “cuestión de privilegio” contra el Poder Ejecutivo y ofreciéndose como válvula de escape para el mal momento. Eso sí, sobre el perdón a la deuda al Grupo Socma se llamó a un silencio ensordecedor.

La novel narrativa de la transparencia, del “no sé si hacen, pero al menos no roban”, del “ya tienen su fortuna hecha, no necesitan robar” se desmoronó como castillo de naipes, generando un rechazo transversal que cruza todos los sectores sociales y especialmente la zona núcleo de la opinión pública que es base de apoyo del PRO: las clases medias ilustradas más o menos reaccionarias. O lo que los sociólogos y encuestadores llaman el propio segmento actitudinal del oficialismo. Y como la prensa oficialista se debe a su público, ahí están los editoriales dominicales de Clarín y La Nación que salieron a castigar duro a Macri y su “mejor equipo de los últimos cincuenta años”. Más que Gobierno de CEO, Gobierno de pasantes, afirmó Fernando González unos días antes en el gran diario argentino.

Pero además, esto sucede cuando hay un deterioro general de las condiciones de vida de las mayorías por el estancamiento económico, los despidos, la inflación y la recesión. El combo hace que la comparación se vuelva más odiosa y la bronca se multiplique exponencialmente. Los datos de las primeras encuestas pos “Curreo Argentino” ya están marcando el descenso.

El General no tiene quien le escriba

Cuando cerraba la semana se conoció la detención en la provincia de La Rioja del General César Milani. El exjefe del Ejército, en los últimos años de la administración de Cristina Fernández, quedó detenido por orden del juez Daniel Herrera Piedrabuena en la causa en la que está imputado por los secuestros y torturas contra Pedro Adán Olivera y su hijo, Alfredo Olivera, en el año 1977; e indagado por la detención ilegal de Verónica Matta, en 1976.

En este caso, la confirmación del golpe a la línea de flotación del relato kirchnerista, lo confirmó el culposo silencio de la mayoría de los referentes de ese espacio, empezando por su máxima conductora que recibió el presente griego como regalo para su cumpleaños número 64.

Hubo algunas excepciones, como el impresentable exsecretario de Comercio Guillermo Moreno, un caníbal desdentado enseñando a masticar; la ridícula y desvergonzada declaración de Juan Cabandié o la más pulcra aseveración de Martín Fresneda, exsecretario de Derechos Humanos que llamó a “no politizar el caso Milani”. Rara convocatoria de quien fue parte de un Gobierno que reivindicó la “vuelta de la política” y según sus propios dichos, hizo de los derechos humanos “política de Estado” y ahora convoca a despolitizar un caso que afecta a un general sostenido políticamente por su Gobierno al frente del Ejército.

Algunos referentes del kirchnerismo ensayaron otra respuesta defensiva ventilando la trayectoria del juez Piedrabuena que se caracterizó históricamente por demorar, entorpecer y obstaculizar el avance de las causas contra los genocidas en su provincia, como bien lo denunció en el año 2012, la Unidad de Seguimiento de Causas por Violaciones a los Derechos Humanos en La Rioja.

Pero esta acusación, que es cierta, habla de la dependencia de la Justicia del poder político de turno, no de la inocencia del exjefe del Ejército, hoy detenido.

El incómodo caso Milani sacude a una franja social que es una importante base de la corriente kirchnerista: las clases medias ilustradas más o menos progresistas.

Pero Milani no fue un error ni un exceso, sino el resultado de una política de Estado que apuntaba a la reconciliación sobre la base de algunos juicios contra los jerarcas militares, que le laven la cara a la institución y salven al régimen y a la clase que organizó el Golpe.

Según el investigador Máximo Badaró: “En mayo de 2010 la Argentina y el Ejército festejaban sus 200 años. La celebración del Día del Ejército, el 29 de mayo, se transformó en la ocasión privilegiada para reescribir su pasado institucional y restaurar la sintonía entre la memoria militar y la memoria nacional. Para ello el Ejército construyó un relato que omitía su rol protagónico en la última dictadura militar y en la represión de la población en diferentes momentos de la historia argentina (…)”. Esto habilitó a que en la página web que las autoridades militares armaron especialmente para festejar el bicentenario del Ejército, se leyera el siguiente cuentito feliz reescrito por los militares del “proyecto”:

“Desde su nacimiento (el Ejército) ha contribuido a la integración del territorio mediante la construcción de caminos, puentes y tendidos telegráficos, posibilitó el desarrollo industrial con Perón, el petróleo y la aviación con Mosconi y la siderurgia con Savio; con el servicio militar obligatorio integró a los hijos de inmigrantes con los criollos y con el servicio militar voluntario incorporó a la mujer definitivamente a la Defensa Nacional. En este Bicentenario, el Ejército acompaña al pueblo argentino, guiado por el deseo de dar lo mejor de sí, para contribuir a construir la patria que todos anhelamos”. (Memorias en el Ejército Argentino: fragmentos de un relato abierto, Máximo Badaró, 2012).

Parece que los olvidos, entre tantos discursos de memoria, no eran privativos de la trayectoria personal de Milani.

Cuentas pendientes

Si los múltiples conflictos de intereses del Gobierno de los CEO (se acumulan 80 denuncias en la Oficina Anticorrupción) tienen inscripto en su devenir escándalos como el del Correo Argentino; los olvidos de la memoria del “gobierno de los derechos humanos” pueden hacer irrumpir un caso como el de Milani.

El periodista Horacio Verbitsky publicó un libro titulado Civiles y Militares. Memoria secreta de la transición, en el que escribió: “Cada gobierno tiene un tema con el que se lo identifica y en relación al cual se le piden cuentas. Perón fue criticado por su política institucional, sin que eso significara merma de su asombrosa popularidad. Pero su gobierno entró en crisis en 1952, cuando cambió el discurso de la justicia social por el de la productividad” (citado en Revista Crisis N° 19)

Cada Gobierno tiene un tema que lo identifica: la “transparencia” del PRO quedó tempranamente enchastrada en el perdón de deuda por parte del Gobierno del hijo a la empresa del padre (que heredarán los nietos); la memoria como pilar del relato kirchnerista queda derrumbado en el tramo más oscuro del pasado del general César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani.

Quizá empiecen tiempos en los que las mayorías populares comiencen a exigir que se paguen las muchas cuentas pendientes.

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