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Alberto Fernández, el FMI y “promesas irresponsables” sobre el bidet

En una campaña electoral que sobresale por su pobreza de contenidos en contraste con la gravedad de la crisis económica, se comienza a instalar un debate en torno a las "prioridades políticas".

23 de julio| Lucía Ruiz |

Si hasta ahora sólo el Frente de Izquierda - Unidad viene sosteniendo que es necesario “invertir las prioridades. Plata para educación, salud y trabajo. No al FMI”, recientemente, la campaña de Alberto Fernández y el Frente de Todos comenzó a incorporar la discusión de las “prioridades” sociales, pero con una importante diferencia.

Este último pregona que se puede mantener, al mismo tiempo, una economía bajo el programa económico del FMI y el pago de la deuda junto con crecimiento, trabajo y una mejora de las jubilaciones. ¿Pueden existir esas dos prioridades, son compatibles?

La promesa de una salida pacífica a la crisis de deuda en curso, conciliando intereses enfrentados, puede generar ilusiones, pero contiene profundos límites políticos y materiales.

Algunas claves de por qué no es posible seguir pagando la deuda sin que ello no implique un mayor deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores.

“No hago promesas irresponsables”

Un contador hace subir el número hasta 196.000.000.000 dólares, “así creció nuestra deuda desde que él (Macri) es presidente”, indica el nuevo spot del Frente de Todos que subió Alberto Fernández a su perfil de Twitter. “Yo vengo a pararlo”, sentencia.

Asimismo, plantea que él va a sentarse a “a renegociar con firmeza como lo hicimos en 2003”, “porque para pagar, primero tenemos que crecer”. Esta idea fue complementada este lunes por un discurso que prometía medicamentos gratis para jubilados y elevar los haberes.

“Como fue en 2003, la prioridad va a ser que haya trabajo, mejores salarios y comida en la mesa”, agrega Alberto Fernández a la sentencia de que “no hace promesas irresponsables” en un spot anterior.

Con estas frases de campaña podemos sacar en limpio las siguientes ideas fuerza: 1) que va a pagar la deuda, eso no se cuestiona ni siquiera se revisa; 2) que va a renegociar “con firmeza”; 3) que esa renegociación será “como lo hicimos en 2003” durante su participación en el gobierno kirchnerista, 4) que todo ello sería compatible con mejores condiciones de vida para las mayorías, aunque más allá de frases como “trabajo” y “mejores salarios”, la única promesa concreta fue la de una ley de medicamentos para jubilados.

Vayamos por partes.

1- ¿Seguir pagando la deuda?

La primera conclusión del mensaje de Alberto es que va a continuar pagando la deuda, con renegociación incluida o no. A pesar de mostrarse desinteresado en público por lo que digan “los mercados”, pagar la deuda implica necesariamente destinar gran parte de los recursos existentes a satisfacer al capital financiero internacional (Wall Street) y al FMI.

Hoy, dos de cada diez pesos de gasto público se destinan solamente a intereses de deuda. Desde el 2015 se pagaron U$S 258 mil millones, y con el kirchnerismo unos U$S 200 mil millones, según constata la propia ex presidenta Cristina Fernández.

Esos son recursos que se "pierden", que no van a parar a infraestructura y a generar las condiciones necesarias para solucionar los problemas urgentes de los jubilados, los jóvenes, las mujeres y los trabajadores . ¿Cuál es la prioridad entonces?

El relojito de la deuda retrocediendo gradualmente en el spot grafica eso: que va a pagar cada dólar de una deuda ilegítima y fraudulenta sin siquiera plantear una revisión seria. Un guiño de quienes supuestamente enfrentan “a los acreedores”.

La historia reciente en Argentina debería generar un alerta: fue precisamente producto de seguir pagando la deuda que se alcanzó una crisis social sin precedentes en el año 2002 y lo que condujo al default, no al revés.

2- Renegociación “con firmeza”, ¿sin consecuencias?

El fuerte de la estrategia del Frente de Todos para salir de la crisis recae entonces en un problema de "saberes" y "capacidades" en la negociación. “Con firmeza” dice Alberto, “desde una posición de fuerza”, decía antes Kicillof.

Para ello, se habla de "hombres" que cumplan con tal o cual atributo capaz de convencer a los funcionarios del Fondo: ser parte del establishment, tener experiencia en temas financieros y de deudas soberanas, tener contactos con algún economista del régimen, entre otros.

Recientemente surgió el nombre de un argentino, Martín Guzmán, un investigador que codirige junto al Premio Nobel Joseph Stiglitz un programa sobre Reestructuración de Deuda, y es cercano al grupo Callao, un grupo de asesores económicos de Fernández.

El propio Guzmán considera que la renegociación "es un problema delicado, plagado de incertidumbres y que se juega en un campo difícil, que es el que se creó al endeudarse en moneda extranjera bajo jurisdicciones pro-buitre como Nueva York", las mismas jurisdicciones que se mantuvieron en las renegociaciones de deuda de 2005 y 2010.

Pero la única firmeza que aceptan los mercados es la de obtener mayor rentabilidad. En el 2006 no se renegoció nada con el FMI, se les pagó todo, convalidando esa deuda que implicó entre otras cosas llevar hasta el final un saqueo digitado desde Washington que nos hundió en la pobreza en 2001. Todo pago de la deuda es una convalidación de fraudes y de saqueos previos al pueblo trabajador.

El FMI no tuvo piedad ni humanidad ante la pobreza de millones, al igual que en Grecia, lo importante era imponer su agenda. Y luego, de un borrón, los recursos extraordinarios del período, fueron a las manos del Fondo. Casi U$S 10.000 millones.

En la actualidad, pagar por adelantado los casi U$S 57.000 millones del préstamo stand by con el organismo resulta imposible, por las diferencias en el contexto internacional más convulsionado como el simple hecho de que un rojo semejante en las cuentas externas fue lo que llevó a Macri a golpear las puertas del FMI en primer lugar.

Pero más importante aún es tener en cuenta que las renegociaciones siempre van unidas a mayores ataques. La prenda de cambio que pide el FMI es una reforma laboral, una reforma previsional para, entre otras cosas, elevar la edad de jubilación, y una reforma impositiva en beneficio de las grandes patronales.

Reestructurar los vencimientos de deuda tampoco es gratuito financieramente, implican una acumulación de intereses y, en definitiva, tener FMI para muchos años más digitando nuestra economía. Según Guillermo Nielsen, otro economista asesor de Fernández, "tenemos FMI para 8 años más".

3- Como en el 2003…

La idea de salir de la crisis pagando la deuda está alineada con la propia estrategia desplegada por el kirchnerismo en los 12 años de gobierno, cuando desembolsó más de U$S 200 mil millones de dólares de las arcas del Banco Central. Pero a pesar de la cobertura de “exitosa” con la que presentan la estrategia del “desendeudamiento”, las consecuencias fueron contrarias a los intereses de los trabajadores.

A pesar de pagar, la deuda no paró de crecer. En 2003 era de U$S 145 mil millones y en 2015 alcanzó a U$S 223 mil millones.

En campaña, Kicillof y Fernández dicen que hay que parar de tomar deuda, pero fue durante su gobierno que toda la estrategia tuvo por objetivo “volver a los mercados financieros” de crédito, es decir, volver a endeudarse. Aspecto que frustró momentáneamente el fallo juez Thomas Griesa, para beneficiar aún más a los fondos buitre y sentar un precedente en el país.

“Como en el 2003”, omite otros dos aspectos. En primer lugar, que si hubo una reactivación de la economía y del empleo, esta provino de la herencia dejada por el feroz saqueo de los trabajadores para generar un nuevo ciclo de ganancias empresarias: destrucción del salario un 30 %, la pobreza alcanzando a la mitad de la población, desocupación del orden del 20 % (el doble que la actual).

Asimismo, los años de mayor impulso económico fueron justamente aquellos primeros en que la Argentina había declarado la cesación de pagos, es decir, sin tener esa sangría de divisas permanente, al menos hasta el 2005 que Néstor Kirchner y Lavagna llevaron adelante la primera renegociación con acreedores.

En segundo lugar, se omite que persistieron los problemas estructurales que afectan a los trabajadores: la pobreza estancada entre 25 % y 30 %, la precarización laboral y el trabajo no registrado (con un piso de 33 %) y la extranjerización y concentración económica, al mismo tiempo que los empresarios "se la llevaron en pala" y los acreedores y los bancos siguieron haciendo grandes negocios.

El "modelo 2003" sólo enseña que el pago de la deuda de ninguna manera rompe con la dependencia y el atraso argentinos, sino que lo perpetúa.

4- Más trabajo y mejores salarios. ¿Cómo?

Lo que queda inconcluso también es la explicación de cómo habrá “trabajo” y “mejores salarios”, qué medidas instrumentará. La lógica planteada indica lo siguiente: para pagar la deuda (primer punto incuestionado) la economía tiene que crecer, pero para que la economía crezca hay que renegociar la deuda. Esto nos devuelve dos casilleros al punto 2, en el que se sobreentiende que cualquier plazo "ganado" en una negociación va de la mano de mayores ataques a las condiciones de vida, y una mayor carga de la deuda, que puede volverse aún más insostenible.

De ese crecimiento económico se deduciría que habría más trabajo, pero se sabe que crecimiento no necesariamente es más trabajo, mejor trabajo y mejores salarios. Y por otro lado, el crecimiento no puede brotar de una economía sumergida en un plan de ajuste del FMI orientado a obtener dólares para el pago de la deuda.

No hay públicamente ninguna promesa concreta de recuperar los 20 puntos de salario real desde que asumió Macri, ni de retrotraer los escandalosos tarifazos que afectan los bolsillos populares.

El laberinto del FMI y las contradicciones generadas por sus recetas es inevitable. Las prioridades son prioridades: o es el FMI y los ganadores de siempre, o son las condiciones de vida de las mayorías.

Sólo el Frente de Izquierda Unidad plantea en estas elecciones una salida para que los y las trabajadores no sigan pagando los platos rotos de una crisis que no generaron e invertir las prioridades: primero la salud, la educación y el trabajo.

Una aclaración importante

Si bien es cierto que en estos cuatro años hubo un salto histórico en la deuda pública y externa, debe aclararse que los U$S 196 mil millones de incremento de la deuda durante el macrismo que expone el spot de Alberto Fernández no son correctos.

Para poner los números sobre la mesa, en la estimación más elevada el incremento de la deuda pública con Macri fue de U$S 127 mil millones, pasando de unos U$S 223 mil millones a fines de 2015 a cerca de U$S 350 mil millones en junio de 2019 [1]. Con el nuevo cómputo que realiza Hacienda, agregando a la deuda de 2015 la parte de los fondos buitre que después fue validada con el pago de 2016 (con los votos en el Congreso de muchos de quienes hoy integran la coalición del Frente de Todos), el salto de la deuda fue de casi U$S 100 mil millones. Sea como sea que se compute, en ambos casos el salto es feroz.

No es el número que presenta Fernández en el spot (U$S 196 mil millones), pero tampoco es desdeñable, considerando que eso ocurrió en menos de cuatro años de gobierno y que en su mayoría es deuda externa y con el FMI, lo cual implica más condicionantes. El aumento de la deuda con el Macrismo en casi U$S 100 mil millones es el equivalente a un 25 % del PBI (Producto Bruto Interno), es decir, el valor que produce la economía argentina en un trimestre completo. (LID)

[1] Incluye los valores negociables vinculados al PBI

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