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Ajuste, recesión y despidos: ocho meses de “gestión Lagarde”

En junio de 2018 se firmaba el primer acuerdo entre el Gobierno nacional y el Fondo Monetario Internacional. Desde ese entonces, casi todos los números marchan cuesta abajo.

13 de febrero

En septiembre de 2018, Mauricio Macri señaló: “Debo confesar que con Christine hemos empezado una gran relación, que espero que funcione muy bien y que termine con toda la Argentina enamorada de Christine”.

Christine es, como todo el mundo puede deducir, Lagarde. Para el presidente de la nación, los habitantes del territorio nacional debían enamorarse a quien viene a garantizar la imposición de un ajuste feroz. Lejos del cliché de las comedias románticas, el amor no parece estar floreciendo.

Los números del desamor
En junio de 2018, el gobierno nacional logró que el board del FMI aprobara el primer acuerdo Stand By celebrado entre la gestión macrista y ese organismo internacional. En números significó un préstamo por U$S 50.000 millones, una cifra escandalosamente alta.

La contraparte de ese acuerdo la constituyó la implementación de un ajuste brutal destinado a garantizar los pagos de la deuda pública y a los grandes especuladores. Cual remake de Domingo Cavallo y Fernando de la Rúa, los funcionarios macristas lanzaron la consigna de “déficit cero”.

Esa política de ajuste se ratificaría y reforzaría, al calor del nuevo acuerdo con el FMI, luego de que el primero se evaporara tan rápido como los dólares del Central.

Las dos corridas cambiarias -que sacudieron al país en abril y agosto-significaron un golpe económico brutal sobre la población trabajadora. La constante suba de precios se acompañó -y se acompaña- de una recesión empujada por la política económica oficial.

Vale aclarar que las políticas que condujeron a esta situación lejos están de ser solo autoría de Cambiemos. El peronismo, tanto en el Congreso como en la cúpula de las organizaciones sindicales, ha jugado un rol de colaboración invalorable.

Cien días para decepcionarse
Recientemente se informó que entre noviembre de 2017 y el mismo mes del año pasado se habían perdido 172.234 puestos de trabajo registrados. El dato es más que elocuente. La recesión empujada por el gobierno recae con fuerza sobre la clase trabajadora y los sectores populares.

Los despidos no han sido la única variable de ajuste sobre la vida obrera. Un informe publicado por el Indec en enero indicaba qué en octubre de 2018 los salarios se hallaban rezagados en 20 puntos en relación a inflación. Mientras los precios acumulaban una suba del 46 % en un año, los ingresos de la clase trabajadora apenas habían promediado un 26.2 %.

Posteriormente algunos gremios -con mayor poder de fuego y por ende capacidad de negociación- alcanzarían porcentajes más altos. Sin embargo, el conjunto de la clase trabajadora saldría perdiendo.

Desde aquel entonces la escalada inflacionaria no ha cesado y nada indica que eso ocurra en los inmediato. Mientras el 2018 dejó una inflación anual del 47,5%, analistas privados y organizaciones sindicales mensuran enero un crecimiento de 2,7 %. El panorama para febrero aparece aún más turbio, marcado por los tarifazos en el transporte, el gas y la electricidad. La gestión Lagarde podrá ser bautizada, sin mayores preámbulos, como la gestión de los salarios de miseria.

Lógicamente esos golpes se trasladan al consumo. La Encuesta de Supermercados y autoservicios mayoristas -realizada por el Indec- dio cuenta del declive ocurrido entre noviembre de 2017 y el mismo mes de 2018. En ese lapso, calculando la modificación de precios por la inflación, el consumo cayó un 12,5%.

Dentro de ese cuadro las consecuencias no son iguales para todos los sectores sociales. Como no podía ser de otra manera, la inflación golpeó en mayor escala a los sectores más pobres de la población. Así, mientras que la suba general de precios alcanzó el 47,5 %, la canasta básica alimentaria (CBA) escaló un 53,5% y la canasta básica total (CBT) lo hizo un 52,9%.

Desde junio de 2018, la gestión de Macri cogobierna con el Fondo Monetario Internacional. La “presidencia Lagarde” empujó al país a los niveles de pobreza más altos desde el 2010. Cerca de 14 millones de personas se cuentan entre quienes tienen graves problemas económicos y padecen múltiples necesidades.

Muy lejos del deseo presidencial, para millones de personas en todo el país, la figura de Lagarde no enamora para nada. (LID)

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